31 de Mayo
Santísima Trinidad
San Gregorio de Nacianzo
Poemas dogmáticos, I, 1-4.21-34
Oficio, II
Cuando damos a conocer a otros la divinidad, es como si nos embarcásemos en una diminuta chalupa dispuestos a surcar el mar inmenso, o conquistar los espacios aéreos provistos de unas minúsculas alas. Por eso, Espíritu de Dios, estimula nuestra mente y nuestra lengua, trompetas sonoras de la verdad, para que todos puedan captar la plenitud de la divinidad.
Sólo hay un Dios sin principio, sin causa, no circunscrito por cosa alguna preexistente o futura. Sólo hay un Dios supratemporal e infinito, Padre excelente y bueno. Él es espíritu, que no sufre ninguno de los condicionamientos de la carne.
Distinto del Padre, pero con él Dios único, es el Verbo de Dios. Él es la viva impronta del Padre, el Hijo único de quien no conoce principio, único del único, su igual, el creador y gobernador del mundo, fuerza e inteligencia del Padre.
Veneremos a este Hijo, veneremos la sangre que fue expiación de nuestros pecados. Sin perder nada de su divinidad, él se inclinó como médico sobre nuestras pestilentes heridas. Era mortal, pero Dios. Del linaje de David, pero plasmador de Adán. Estuvo revestido de carne, sí, pero ajeno a las obras de la carne. Tuvo madre, pero virgen; quedó circunscrito, pero inmenso.
Cristo fue víctima, pero también pontífice. Fue sacerdote y también Dios. Ofrendó su sangre a Dios, pero él mismo purificó el mundo entero. La cruz lo ensalzó, sus clavos crucificaron el pecado. Fue contado entre los muertos, pero resucitó de entre los muertos y resucitó a muchos muertos antes que él. En éstos residía la pobreza del hombre, y en él la riqueza del espíritu.
No debemos escandalizarnos de las realidades humanas, como si fueran indignas de la divinidad. Al contrario, en consideración a la divinidad hemos de tener a máximo honor la condición terrena, que por nosotros asumió el incorruptible Hijo de Dios.
Alma humana, ¿a qué esperas? Canta la gloria del Espíritu, y no disocies en tu discurso lo que la naturaleza no ha dividido. Estremezcámonos ante la grandeza del Espíritu, igualmente Dios, por quien hemos conocido a Dios.
Él es Dios, y él nos hace ser Dios ya aquí abajo. Él es todopoderoso, autor de los diversos dones, inspirador de la himnodia del coro de los santos, dador de vida tanto a los seres celestes como a los terrestres, sentado en las alturas. Él es la fuerza divina que procede del Padre, y no está sujeto a poder alguno. No es el Hijo, pero no está al margen de la invisible divinidad, sino que disfruta de idéntico honor.
La Santísima Trinidad es el Dios increado, supranatural, bueno, libre. Las tres personas divinas son igualmente dignas de adoración, y el único Dios que gobierna el mundo con triple esplendor. Mediante el bautismo, y por obra de las tres divinas personas, somos regenerados en hombres nuevos, y queda destruida la muerte, y nacemos a la luz y volvemos a la vida. Si Dios ha purificado todo nuestro ser, también nosotros debemos adorarlo en la totalidad de su ser.
Act:
31/05/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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