25 de Mayo

María, madre de Iglesia

San Teodoto de Ancira
Homilías, XIX, 331-333

Introducción

         Cuando el Rey de la gloria nació según la carne, los habitantes del cielo y los de la tierra se estrecharon en un maravilloso abrazo. Los ángeles, dirigiendo desde lo alto su mirada sobre la tierra, vieron la constelación que avanzaba de Jacob. Y los magos, mirando hacia arriba, distinguieron la estrella que brillaba sobre Belén.

         Los magos encontraron en la gruta igual número de dones espirituales que los dones visibles que donaron, como representando la unidad del Dios trino. Cantemos también nosotros con ellos, de un modo digno, nuestras propias alabanzas: "Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra, paz a los hombres que Dios ama".

         Cantad al Señor, pues, un cántico nuevo, porque "ha hecho maravillas". ¿Y qué maravillas? Éstas mismas: que Aquel que es el reflejo de la gloria del Padre, e impronta de su ser, ha querido asumir la naturaleza humana de la purísima Virgen María. Aquel que subsiste en la misma naturaleza divina del Padre se ha dignado hacerse semejante a nosotros en nuestra pobreza. Y Aquel que fue engendrado antes de la aurora, al final de los tiempos quiso tener una madre.

         La sabiduría eterna del Padre se edificó un templo, no construido por hombres (sino en el seno de la santísima Virgen) y acampó entre nosotros, porque, como está escrito: "Dios no habita en templos construidos por hombres".

         Él vino para ser como uno de nosotros, él que no abandona el seno del Padre y es glorificado por encima de los tronos de los querubines. Sólo él, con el Espíritu Santo, conoce al Padre. Y él es únicamente conocido por el Padre y el Espíritu Santo. Sentado sobre un trono igual, tiene idéntico poder real, goza de la misma inmensa gloria en su única naturaleza, y en toda la creación se encuentra muy por encima de todo lo creado.

         Siendo Rey de reyes y Señor de señores, ha venido a sus siervos. "No hay proporción entre la culpa y el don", recuerda San Pablo, sino que éste desborda sobremanera a la malicia, trayendo la felicidad a la humanidad desgraciada y repartiendo a los culpables, con largueza, dones inestimables.

         Él es el Fuerte que, sometido a nuestra debilidad, la hace surgir más fuerte que la muerte. Él es quien, tomando sobre sí la naturaleza humana caída y vencida por la culpa y la corrupción, le otorga nuevas energías con que superar toda clase de males. Él fue el que llevó sobre sí la imagen de Adán culpable, y así nos libró del pecado.

         En suma, con su divino anonadamiento él rescató a los pecadores de todos sus delitos. Y así como reinó el pecado causando la muerte, así también reina la gracia causando la salvación y la vida eterna.

 Act: 25/05/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A