30 de Marzo
Lunes Santo
San León Magno
Homilías, LXXI, 1-2
Oficio, II
En mi último sermón, carísimos hermanos, os invité a una real participación de la cruz de Cristo, de modo que la vida de los creyentes actualice en sí misma el sacramento pascual, y lo que veneramos en la fiesta lo celebremos en la vida.
Sobre cuán útil sea esto, vosotros mismos lo habéis podido comprobar. Vuestra misma devoción os ha enseñado lo provechosos que son, tanto para las almas como para los cuerpos, los ayunos prolongados, la intensificación de la oración y una más generosa limosna. Apenas si habrá quien no haya sacado provecho de este ejercicio, y no haya atesorado en el secreto de su corazón algo de lo que justamente pueda alegrarse.
Habiendo terminado la observancia de estos 40 días, experimentemos ahora algo del misterio de la cruz. Hagámoslo en este tiempo de la pasión del Señor, esforzándonos por conseguir una participación en la resurrección de Cristo y pasar de la muerte a la vida.
El signo de todo hombre que pasa de uno a otro estado (cualquiera que sea el tipo de mutación que en él se opere) es el de "no ser lo que era" y, nacido, a "ser lo que no era". Con todo, lo interesante es saber para quién uno vive y para quién muere, ya que existe una muerte que produce vida y una vida que es causa de muerte.
Sólo en este efímero mundo puede optarse por uno u otro tipo de muerte, de modo que la diferencia de la eterna retribución depende de la calidad de las acciones temporales. Muramos, pues, al diablo, para vivir para Dios. Demos de baja a la iniquidad, para darnos de alta a la justicia. Sucumba lo viejo y que nazca lo nuevo. Puesto que "nadie puede servir a dos señores", sea nuestro señor no el que a los erguidos arrastra a la ruina, sino el que a los abatidos levanta a la gloria.
A este respecto, dice el apóstol: "El primer hombre, hecho de tierra, era terreno, mas el segundo hombre es del cielo", y: "Igual que el terreno son los hombres terrenos, igual que el celestial son los hombres celestiales", y: "Nosotros somos imagen del hombre terreno, pero seremos también imagen del hombre celestial".
Hermanos, debemos gozarnos enormemente de esta transformación, mediante la cual pasamos de la innoble condición terrena a la dignidad de la condición celestial. Pasamos por la inefable misericordia de Aquel que, para elevarnos hasta él, descendió hasta nosotros, y asumió la sustancia y condición humana, y consintió que la divina impasibilidad padeciera en su persona, y experimentó la humana mortalidad.
Act:
30/03/26
@semana
santa
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
![]()