31 de Marzo
Martes Santo
San
Cipriano de Cartago
Sobre la Paciencia, VI-VII
Oficio, II
El que afirmó haber "bajado del cielo para hacer la voluntad del Padre", entre otros maravillosos milagros y pruebas de una majestad divina, fue un fiel trasunto de la paciencia paterna por su admirable mansedumbre. Desde el primer momento de su venida, toda la conducta de Jesús estuvo sazonada de paciencia.
Ante todo, al descender de aquella celestial sublimidad a las cosas terrenas, el Hijo de Dios no desdeñó revestir la carne humana y cargar con los pecados ajenos. Despojándose eventualmente de la inmortalidad consintió hacerse mortal, para poder morir por la salvación de los no inocentes. El Señor se dejó bautizado por el siervo, y el que vino a perdonar los pecados no desdeñó lavar su cuerpo con el baño del segundo nacimiento.
Jesús ayunó por espacio de 40 días, para saciar a los demás. Padeció hambre y sed, para saciar con el pan del cielo. Combatió con el diablo tentador y, contento de haber vencido a enemigo tan poderoso, se mantuvo en el nivel de una victoria dialéctica.
Jesús no presidió a sus discípulos como a siervos con poder señorial, sino siendo benigno y manso, amándolos con amor de caridad, lavándoles los pies y enseñándonos que tal es el comportamiento del Señor con sus siervos, deduciendo con ello cuál deba ser el del consiervo con sus semejantes e iguales.
Jesús fue capaz de soportar a Judas con infinita paciencia, de sentarse a la mesa del enemigo, de conocer al enemigo doméstico sin delatarlo, de no rehusar el beso del traidor.
En la misma pasión y cruz, y antes de llegar a la sentencia de muerte y a la efusión de su sangre, ¿cuántas injurias no hubo de oír Jesús, con exquisita paciencia? ¿Qué vergonzosas insolencias no hubo de tolerar, hasta el punto de ser el blanco de los salivazos? Y eso que él había sido quien, con su saliva, había restituido poco antes la vista al ciego.
Jesús soportó ser flagelado, coronado de espinas, abofeteado, despojado de un vestido terreno y abrevado con hiel. Sí, ofrecían de beber vinagre a quien nos obsequió con la bebida de la salvación. La verdad fue vejada por falsos testigos, fue juzgado el Juez y redujeron a silencio al que es la Palabra.
Ante la cruz del Señor, los astros se llenan de confusión, se conmueven los elementos y tiembla la tierra. Ante la cruz, la noche oscurece el día, para que el sol no obligue a contemplar el crimen de los judíos. Jesús no habla, no se mueve, no exhibe su majestad. Con perseverancia y tesón lo tolera todo, y todo lo consume con plena y perfecta paciencia.
Act:
31/03/26
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E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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