21 de Febrero
Sábado de Ceniza
San Ireneo de Lyon
Sobre las Herejías, IV, XIII, 4-14
Oficio, II
Nuestro Señor Jesucristo, palabra de Dios, comenzó por atraer hacia Dios a los siervos, y luego liberó a los que se le habían sometido, como él mismo dijo a sus discípulos: "Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor. A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer". En efecto, la amistad de Dios otorga la inmortalidad a quienes la aceptan.
Al principio, y no porque necesitase del hombre, Dios plasmó a Adán para tener en quien depositar sus beneficios. No obstante, antes de Adán, y antes también de cualquier creación, la Palabra glorificaba ya a su Padre (permaneciendo junto a él) y era glorificada por el Padre, como la misma Palabra dijo: "Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese".
Cristo no nos mandó que lo siguiésemos porque necesitara de nuestro servicio, sino para salvarnos. En efecto, seguir al Salvador equivale a participar de la salvación, así como seguir la luz es lo mismo que quedar iluminado. Sí, quienes se hallan en la luz no son los que iluminan a la luz, sino que es ésta la que los ilumina a ellos. Ellos no dan nada a la luz, mientras que reciben de ella su beneficio (pues se ven iluminados por ella).
Así sucede con el servicio a Dios, que a Dios no le da nada (ya qué Dios no tiene necesidad de los servicios humanos) y sí otorga la vida, la incorrupción y la gloria eterna a los que lo siguen y sirven. En definitiva, servir a Dios beneficia a los que lo sirven, sin percibir él ningún beneficio de su parte (pues Dios es rico, perfecto y sin indigencia alguna). Dios quiere de los hombres le sirvan para beneficiar a los que perseveran en su servicio. En la misma medida en que Dios no carece de nada, el hombre sin Dios se halla indigente de todo.
En esto consiste la gloria del hombre: en perseverar y permanecer en el servicio de Dios. Por esta razón decía el Señor a sus discípulos: "No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido", dando a entender que no lo glorificaban al seguirlo, sino que era él quien los glorificaba a ellos. Por esto también dijo: "Este es mi deseo: que estén donde yo estoy, y contemplen mi gloria".
Act:
21/02/26
@tiempo
de cuaresma
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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