4 de Abril
Sábado Santo
San Cirilo de
Alejandría
Comentario de Juan, XII
Oficio, II
"Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía". De esta manera, Cristo fue contado entre los muertos, tras morir por nosotros según la carne.
Huelga decir que Cristo tiene la vida en sí mismo y en el Padre, pues ésta es la realidad. Mas para cumplir todo lo que Dios quiere, y compartir todas las exigencias inherentes a la condición humana, sometió el templo de su cuerpo no sólo a la muerte voluntariamente aceptada, sino también a aquella serie de situaciones que son secuelas de la muerte: la sepultura y la colocación en una tumba.
El evangelista precisa que "en el huerto había un sepulcro nuevo". Esto, a nivel de símbolo, significa que, con la muerte de Cristo, se nos prepara y concede el retorno al paraíso. Allí entró Cristo, como precursor nuestro.
La precisión de que "el sepulcro era nuevo" indica el nuevo e inaudito retorno de Jesús de la muerte a la vida, y la restauración por él operada como alternativa a la corrupción. Efectivamente, en lo sucesivo nuestra muerte se ha transformado, en virtud de la muerte de Cristo, en una especie de sueño o de descanso.
Vivimos, hermanos, como aquellos que (según la Escritura) "viven para el Señor". Por esta razón, el apóstol San Pablo, para designar a los que han muerto en Cristo, usa casi siempre la expresión "los que se durmieron".
Es verdad que en el pasado prevaleció la fuerza de la muerte contra nuestra naturaleza. Sí, "la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con un delito como el de Adán". Como él, nosotros llevamos la imagen del hombre terreno, soportando la muerte que nos amenaza por la maldición de Dios.
Cuando apareció entre nosotros el segundo Adán, divino y celestial, él combatió por la vida de todos, y con su muerte corporal redimió la vida, y resucitando destruyó el reino de la muerte. En ese momento fuimos transformados a su imagen y nos enfrentamos a una muerte, en cierto sentido, nueva.
En definitiva, esta muerte no nos disuelve en una corrupción sempiterna, sino que nos infunde un sueño lleno de consoladora esperanza, a semejanza del que para nosotros inauguró Cristo.
Act:
04/04/26
@semana
santa
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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