19 de Diciembre

Día 19 de Adviento

Equipo de Liturgia
Mercabá, 19 diciembre 2024

a) Jc 13, 2-7.24-25

         El anuncio del nacimiento de Sansón tiene muchos puntos en común con otras anunciaciones del AT y NT, como las de Isaac (Gn 18, 9-15), Samuel (1Sm 1, 9-18), Juan Bautista (Lc 1, 5-20) y Jesucristo (Lc 1, 26-38).

         Y como en el resto de anunciaciones, 3 aspectos sobresalen aquí: que el nacimiento del muchacho se debe a una decisión divina (ya que su madre era estéril), que el muchacho que nacerá será consagrado a Dios (= nazir), y que tendrá una misión importante dentro del pueblo escogido: "él empezará a liberar a Israel de la mano de los filisteos" (Jc 13, 5).

         Sansón inicia por su cuenta, pues, la resistencia a la dominación filistea. Su fuerza es proverbial y los cc. 13-16 de Jueces recogen de ello algunas anécdotas, coloreadas por la exageración popular: con sus manos "descuartizó al león, como quien descuartiza un cabrito" (Jc 14, 6), y en otra ocasión hizo frente a los filisteos "con una quijada de asno" por arma, "y derrotó con ella a mil hombres" (Jc 15, 15).

         Sansón, atacando con una quijada, puede ser un símbolo de la inferioridad en que por mucho tiempo se encontró Israel frente a los filisteos, debilidad debida al hecho de que éstos conocían ya la técnica del hierro que equivale a decir que poseían un armamento más avanzado. La lucha anti-filistea duró de hecho hasta David.

         Con Sansón toma Dios una nueva iniciativa de salvación en favor de su pueblo. El padre de Sansón, Manoj, lo reconoce cuando presenta un sacrificio a Dios, "que obra maravillas" (Jc 13, 19). Con esta expresión, cargada de sentido, Manoj exterioriza una actitud fundamental del AT y del NT: el reconocimiento del amor admirable de Dios, tal como se concreta en la historia del pueblo escogido.

         Los grandes momentos que configuran la fe de Israel son posibles gracias a la decisión eficaz del Señor. La promesa hecha a Abraham de darle una descendencia topó primero con la esterilidad de Sara, pero "¿hay algo imposible para Dios?" (Gn 18, 14).

         Así mismo, la salida de Egipto y la posesión de la tierra prometida son vistas bajo esa luz: "Dios nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con terribles portentos, con signos y prodigios, y nos trajo a este lugar, dándonos una tierra que mana leche y miel" (Dt 26, 8-9).

         El reconocimiento de los prodigios del Señor motiva la alabanza en muchos salmos (Sal 98, 1-9,2; 17,7). El agradecimiento de Manoj porque Dios hace revivir su hogar y da esperanza de liberación a su pueblo puede ser hoy compartido por nosotros. Agradezcamos las grandes gestas de Dios y la acción incomparablemente prodigiosa realizada por Cristo Jesús.

Damián Roure

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         La situación de las tribus israelitas en la tierra de promisión (muerto ya Josué) no fue siempre tranquila. Los filisteos molestaban mucho a las tribus del sur. Dios quiso suscitar a un hombre para que defendiese a su pueblo frente a los filisteos.

         El ángel de Dios se aparece a la mujer de Manoj, que era estéril, anunciándole un hijo. Este sería un don especial de Dios y habría de serle consagrado por el nazareato. Como nazareno tenía que llevar una vida que implicaba privaciones.

         En este pasaje se nos muestra el proceder de Dios en la historia de la salvación. Escoge a una mujer estéril para ser madre del que había de ser defensor de su pueblo. De este modo quiere mostrar Dios su bondad y omnipotencia, que utiliza las criaturas humanamente inservibles para llevar a cabo su plan salvador.

         El interés principal de este anuncio del nacimiento de Sansón es ayudar a comprender que estos anuncios pertenecen a un género literario muy concreto y que se le utiliza para el anuncio del nacimiento de Isaac (Gn 18, 9-15) y para los de Juan Bautista y de Jesús (Lc 1, 5-25; Mt 1, 18-25).

         En estos casos, siempre se presenta un ángel al padre para describirle la misión del hijo anunciado; el padre responde describiendo un obstáculo a superar (su vejez y la esterilidad de su mujer), el ángel replica apelando para ello a una señal que Dios hará para acreditar su acción en la concepción. Finalmente, estos anuncios de nacimiento terminan con frecuencia en un comentario sobre el nombre dado al niño.

          Para un hebreo, la forma clásica de subrayar que la fuerza de un hombre es un don de Dios, consiste en decir que había sido prometida a este hombre desde antes de su nacimiento en circunstancias en que se revela precisamente toda la debilidad del hombre.

         Este es el caso de Sansón, de Juan Bautista, de Samuel y de muchos otros. Para Sansón, la debilidad está representada por la esterilidad de su madre, la avanzada edad de su padre y su propia repulsa de los medios normales de subsistencia (Jc 13, 7). La fuerza que le domina aparece así como un don de Dios. Sansón morirá, precisamente, el día en que utilice esta fuerza en provecho propio, y no como un don de Dios, sino como un título de su gloria personal.

José Aldazábal

b) Lc 1, 5-25

         Este evangelio de hoy es el primer acto de la historia del nacimiento de Jesús. El evangelio es un recuerdo del AT donde ya se contaba con el hecho maravilloso de la procreación de hijos, pese a la esterilidad de los padres. El caso más típico allí fue el de Sara y Abraham, que serán los precedentes lejanos de Zacarías e Isabel.

         El sacerdote Zacarías que pide una señal (Lc 1, 18), como había hecho, entre otros, Gedeón (Jc 6, 17), se revela como hombre del tiempo antiguo; queda sobrepasado por una novedad que no puede entender y que le deja con la boca abierta, en el sentido más fuerte de la palabra.

         El mutismo impuesto a Zacarías es significativo, pues quien pertenece al tiempo antiguo no puede decir nada acerca de la novedad que se presenta ante él. Rechazando la Palabra, ya no puede hablar; y al contrario, recuperará el uso de su lengua cuando haya aceptado la desconcertante novedad que trastorna su vida porque trastorna al mundo; hablará cuando haya aceptado la Palabra.

         El milagro era doble: la superación de la esterilidad y la superación de la vejez. A cualquier hijo nacido así le aguardaba un destino magnífico. La concepción de Juan el Bautista es el final de la película del AT: el último hombre grande antes del Dios-hecho-hombre. El Precursor se anuncia, ya desde el vientre materno, superando la vejez y la esterilidad.

         El mensaje de la presencia de Dios entre los hombres trae la juventud y deshace la sequedad. No es compatible con quienes ya no están dispuestos a sorprenderse de nada, o a volver a creer en algo. Creer que nuestra vida ya no puede dar más de sí, que lo que es, es lo que es, impide cree. Dios nace en el mundo porque cree en sus posibilidades nuevas. Eso empezó demostrándoselo a dos personas mayores, que ya no albergaban expectativas de familia.

         Tener capacidad de sorpresa es absolutamente imprescindible para la fe. El conformismo con lo dado cierra la posibilidad de sueños y visiones. Hoy Zacarías es un visionario un tanto escéptico, pero no importa demasiado su duda. Aceptó la posibilidad. Nosotros también podemos abrirnos a lo imposible.

Pedro Sarmiento

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         El evangelio de la infancia ocupa 2 largos capítulos. Lucas organiza el relato en secciones paralelas: 2 anunciaciones, 2 nacimientos y 2 himnos de acción de gracias (Magníficat y Benedictus), una madre estéril y una madre virgen. Primero las 2 anunciaciones; luego los 2 nacimientos, y en medio (como uniendo ambos acontecimientos) el encuentro de las 2 madres y también el encuentro prenatal y regocijado de los 2 niños (Juan y Jesús). Juan lo precede en el tiempo, Jesús en la dignidad.

         El texto que nos ocupa narra la anunciación del nacimiento de Juan. Zacarías e Isabel son ancianos, y ella estéril. Representan así al pueblo de Dios, al "resto justo y fiel" que esperaba la liberación. Ellos son el pueblo pobre, que sin poder recurrir a nadie más, depende de Dios y de sus designios divinos.

         Así comienza la Buena Nueva: en un rincón del mundo, con una pareja de ancianos que no han tenido hijos y que sólo confían y esperan en Dios. Comienzos humildes para una gran obra.

         Como Sansón, también Juan Bautista fue consagrado al Señor desde antes de su nacimiento. Sansón, en cuanto liberador, era un tipo del Mesías, y Juan una figura de contraste. Sansón era como agua que se desborda, y Juan es austero. Sansón no desdeñaba la compañía de las mujeres, y Juan censura a Herodes su adulterio. Sansón vivía en la ciudad, y Juan se retira al desierto. Sansón no predicaba sino que actuaba, y Juan ejerce su misión con la palabra.

         Dos figuras muy disímiles, pero unidas por una misma misión: preparar al pueblo para el advenimiento del Mesías: Sansón librando de enemigos poderosos, y Juan anunciando al Mesías presente. Ambos entregan su vida por el reino de Dios. Sansón por su etapa terrena, y Juan en su etapa decisiva. En ambos casos actúa el Espíritu, dando fuerza a Sansón frente a los adversarios, y a Juan en la denuncia de las injusticias.

Servicio Bíblico Latinoamericano

c) Meditación

         Al igual que ayer, hoy me limitaré prácticamente a ofreceros el comentario que hacía Benedicto XVI a este texto de Lucas. Dada la extensión del evangelio, resultaría demasiado amplia una reflexión que pretendiera explicar versículo por versículo. Por eso prefiero incorporar algunos pasajes de lo que decía Benedicto XVI a propósito de este relato en su Infancia de Jesús:

"La historia de Juan está enraizada de modo particularmente profundo en el AT. Zacarías es un sacerdote de la clase de Abías. También su esposa Isabel tiene igualmente una proveniencia sacerdotal: es una descendiente de Aarón (Lc 1, 5). Según el derecho del NT, el ministerio de los sacerdotes está vinculado a la pertenencia a la tribu de los hijos de Aarón y de Leví. Por tanto, Juan el Bautista era un sacerdote. En él, el sacerdocio de la Antigua Alianza va hacia Jesús; se convierte en una referencia a Jesús, en anuncio de su misión. Me parece importante que en Juan todo el sacerdocio de la Antigua Alianza se convierta en una profecía de Jesús, y así (con su gran cúspide teológica y espiritual, el Salmo 118) remita a él y entre a formar parte de lo que es propio de él. En la misma dirección de la unidad interior de los dos testamentos se orienta la caracterización de Zacarías e Isabel en el versículo siguiente del evangelio de Lucas. Se dice que los dos eran justos ante Dios y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor (Lc 1, 6)".

         Zacarías entra en el templo, en el ámbito sagrado, mientras el pueblo permanece fuera y reza. Es la hora del sacrificio vespertino, en el que él pone el incienso en los carbones encendidos. La fragancia del incienso que sube hacia lo alto es un símbolo de la oración, como dice el Salmo 141: Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

         En esta hora en la que se unen la liturgia celeste y la de la tierra, se aparece al sacerdote Zacarías un ángel del Señor, cuyo nombre de momento no se menciona. Estaba de pie a la derecha del altar del incienso (Lc 1, 11).

         En primer lugar, encontramos las historias similares de la promesa de un niño engendrado por padres estériles, que justo por eso aparece como alguien que ha sido donado por Dios mismo. Pensemos sobre todo en el anuncio del nacimiento de Isaac, el heredero de aquella promesa que Dios había hecho a Abraham como don:

"Cuando vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara, habrá tenido un hijo... Abraham y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus períodos. Sara se rió por lo bajo... Pero el Señor dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara?, ¿hay algo difícil para Dios?" (Gn 18, 10-14).

         Muy similar es también la historia del nacimiento de Samuel. Ana, su madre, era estéril, y después de su oración apasionada, el sacerdote Elí le prometió que Dios respondería a su petición. Quedó encinta y consagró su hijo Samuel al Señor (1Sm 1).

         Juan está, por tanto, en la gran estela de los que han nacido de padres estériles gracias a una intervención prodigiosa de ese Dios, para quien nada es imposible. Puesto que proviene de Dios de un modo particular, pertenece totalmente a Dios y, por otro lado, precisamente por eso está enteramente a disposición de los hombres para conducirlos a Dios.

         Al decir que Juan no beberá vino ni licor (Lc 1, 15), se le introduce también en la tradición sacerdotal: Cuando hayáis de entrar en la Tienda del Encuentro, no bebáis vino ni bebida que pueda embriagar, ni tú ni tus hijos, no sea que muráis (Lv 10, 9).

         Juan, que se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno (Lc 1, 15), vive siempre, por decirlo así, en la Tienda del Encuentro, es sacerdote no sólo en determinados momentos, sino con su existencia entera, anunciando así el nuevo sacerdocio que aparecerá con Jesús.

         La misión de Juan es interpretada sobre la base de la figura de Elías. Él no es Elías, pero viene con el espíritu y la pujanza del gran profeta. En este sentido, cumple en su misión también la expectativa de que Elías volvería y purificaría y aliviaría al pueblo de Dios; lo prepararía para la venida del Señor.

         Con esto se incluye por un lado a Juan en la categoría de los profetas, aunque, por otro, se le ensalza al mismo tiempo por encima de ella porque el Elías que está por volver es el precursor de la llegada de Dios mismo. Así, en estos textos se pone tácitamente la figura de Jesús, su llegada, en el mismo plano que la llegada de Dios mismo. En Jesús viene el mismo Señor, marcándole a la historia su dirección definitiva.

         El sacerdote Zacarías había rogado al Señor que le diera un hijo, pues la esterilidad era vista por un israelita como una maldición. El ángel le dice que su ruego ha sido escuchado y que su mujer, Isabel, le dará realmente un hijo, que debe llamarse Juan. Pero el sacerdote manifiesta sus dudas al respecto: ¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo y mi mujer de edad avanzada.

         No ve, por tanto, cómo pueda realizarse esa fecundación que le permita tener al hijo prometido; algo que parece indicar desconfianza en el poder de Dios, capaz de dar a la naturaleza una capacidad que no tiene por sí misma, bien porque nunca la ha tenido, bien porque la ha perdido.

         Pues bien, esa oculta incredulidad es lo que le echa en cara el mensajero de Dios: Yo he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: guardarás silencio sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento.

         Y así sucedió. Zacarías quedó mudo hasta que se cumplió la promesa y su mujer dio a luz a un hijo varón. Por no haber recibido la buena noticia de su paternidad sin dudas ni vacilaciones, quedará en silencio, sin poder hablar, hasta el día en que se cumpla.

         Se trata de una especie de carga penitencial que le recordará durante esos meses su incredulidad al mensaje divino. Pero, cumplido el tiempo, recuperará de nuevo el habla, esta vez para dar gracias a Dios por haberle hecho tan gran misericordia.

         Si, como a Zacarías, nos cuesta trabajo aceptar lo sobrenatural (o lo milagroso) es porque no valoramos suficientemente al agente o artífice de tales hechos. Si éste es Dios y Dios es todopoderoso, y si Dios ha creado el mundo, ¿por qué no admitir con facilidad que pueda provocar hechos como la fecundidad de las estériles o la maternidad de las vírgenes?

         ¿Y por qué no aceptar que pueda conceder a la naturaleza en un momento dado la capacidad de producir aquello para lo que de ordinario está incapacitada?, ¿por qué no admitir el milagro si tiene a Dios por agente? Es la fe en un Dios al que se le reconoce toda su potencia divina, de un Dios al que se reconoce como Dios.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ·CID, doctor en Teología

 Act: 19/12/24     @tiempo de adviento         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A