5 de Diciembre

Lunes II Adviento

Equipo de Liturgia
Mercabá, 5 diciembre 2022

a) Is 35, 1-10

           Seguimos escuchando hoy al profeta de la esperanza mesiánica, que mediante el recurso a las imágenes poéticas, trata de describir lo que Dios va a hacer en el futuro, cuando envíe su Mesías al mundo.

           Las imágenes son tomadas por Isaías de la vida campestre (el yermo se convierte en vergel, brotan aguas en el desierto, hay caminos seguros sin miedo a los animales salvajes...) y de la vida humana (manos débiles que reciben vigor, rodillas vacilantes que se afianzan, cobardes que recobran el valor, el pueblo que encuentra el camino de retorno desde el destierro, la gente entona alegres alabanzas festivas...).

           Se trata de un nuevo éxodo de liberación, que tendrá lugar con la llegada del Mesías, y muy superior al experimentado al salir de Egipto. Y en él todo son planes de salvación, como recuerda el salmo responsorial de hoy: "Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos".

           Ya no caben penas ni aflicción. Dios curará a los ciegos y a los sordos, a los mudos y a los cojos. Y a todos les enseñará el camino de la verdadera felicidad. Hasta la misma caravana del pueblo liberado, será guiada por el mismo Dios en persona.

           De nuevo nos quedamos perplejos ante un cuadro tan idílico. Es como un poema gozoso del retorno al paraíso, con una mezcla de fiesta cósmica y humana. Dios ha perdonado a su pueblo, le libra de todas sus tribulaciones y le vuelve a prometer todos los bienes que nuestros primeros padres malograron al principio de la historia.

José Aldazábal

*  *  *

           Inmediatamente después de las maldiciones contra Edom que ocupan todo el cap. 34 de Isaías, viene todo este capítulo de bendiciones a favor de Jerusalén, un canto que los especialistas ponen en relación con el Deutero Isaías. Recordemos que el libro de Isaías tiene al menos 3 manos; es decir, no se trata de un solo autor, sino de tres, aunque algunos detectan cuatro.

           Las bendiciones y tiempo de bonanza que anuncia el profeta se insertan en un tiempo de desesperanza y angustia. Las amarguras de la opresión y el mal causado por los babilonios serán cambiadas por tiempos mejores. Es muy importante anotar que en todos estos cantos y poemas que nos presenta la liturgia para este tiempo de Adviento, el gozo, la alegría, la época nueva, involucra a toda la creación.

           Es decir, no se trata de tiempos nuevos y mejores sólo para los humanos, sino que esa transformación o esa bendición, también incluye a la naturaleza. Es la mentalidad isaiana que intenta rescatar aquella armonía descrita en el Génesis al inicio de la creación.

           De nuevo el tema de la salvación que vendrá es descrito con signos tangibles y actuales. Nótese cómo la salvación esperada se hará realidad aún en cambios físicos: los ciegos verán, las orejas de los sordos se abrirán. Con esto se nos indica que el evento de la salvación no es algo que tengamos que diferir al día de nuestra muerte, cuando nos encontraremos con el Juez universal, libro de cuentas en mano para hacer balance de nuestras obras y dictarnos la sentencia: salvado o condenado.

           Esta concepción tan corriente a partir de una cierta época entre los cristianos, no tiene ningún fundamento bíblico. Las imágenes de lo que la revelación nos va mostrando como salvación se van viendo cada vez más claras a lo largo del AT, y más concretamente en Isaías.

Servicio Bíblico Latinoamericano

a) Lc 5, 17-26

           La lectura de hoy de Lucas nos presenta una escena digna de Isaías: a Jesús enseñando en medio de fariseos y severos doctores de la ley venidos de todas partes del país. Dice el evangelista que una fuerza divina impulsaba a Jesús a realizar curaciones.

           Nos narra a continuación Lucas la conocida curación del paralítico traído en su camilla, que no puede ser llevado ante Jesús por la multitud que llena la casa y que entonces es descolgado a través del techo en donde se practica un agujero. La enfermedad, la muerte, cualquier clase de mal que sobrevenga al ser humano son considerados en la Biblia como consecuencia del pecado.

           Por eso Jesús, para escándalo de los especialistas en la ley, presentes en el lugar, perdona al paralítico sus pecados, antes de curarlo. Porque son peores las parálisis del corazón y del espíritu que las de los miembros corporales. Peor no ser capaz de amar y de servir que no poder caminar, y porque a veces no nos podemos mover por falta de generosidad, por orgullo y egoísmo.

           Es cierto que sólo Dios puede perdonar los pecados, pero Jesús afirma que el misterioso Hijo del Hombre que él representa, que es él mismo, tiene también ese poder, y para confirmarlo y comprobarlo ordena al paralítico levantarse, echarse al hombro la camilla de sus dolores y pecados y volver por su propio pie a su casa. ¡Oh maravilla! El paralítico se va glorificando a Dios, los presentes también glorifican a Dios llenos de asombro. ¿Tal vez también los fariseos y los doctores de la ley?

           Así se cumplen en Jesús las profecías de Isaías: los cojos brincan, los ciegos ven, los sordos oyen. La tierra se renueva en su presencia, el desierto se convierte en vergel, regresan los deportados por las potencias opresoras. Todo esto sucede, y sucederá plenamente, cuando vivimos su evangelio, seguimos su enseñanza, cumplimos sus mandatos que son mandatos de amar y de servir, de perdonar y compartir.

           ¿Y cómo no prepararnos cuidadosamente para celebrar su nacimiento ya próximo en esta Navidad? ¿Cómo no reconocer nuestros pecados y pedir perdón por ellos, sabiendo que perdonados seremos capaces de obrar maravillas, de caminar gozosos al encuentro de los hermanos para construir junto con ellos una sociedad más justa, pacífica y fraterna?

Josep Camps

*  *  *

           El paralítico del evangelio de hoy estaba totalmente postrado. Su limitación no le permitía desempeñarse como cualquier otro ser humano. Esta limitación que de por sí era oprobiosa, aumentaba más con la marginalidad a que era sometido por la mentalidad vigente en aquella cultura. Como enfermo estaba totalmente desplazado de la comunidad humana.

           En aquel tiempo se consideraba que la enfermedad, en general, provenía del pecado. Si un ser humano enfermaba, se pensaba que, necesariamente, era un pecador. Cuanto más grave su enfermedad, tanto mayor era el pecado que se suponía habría cometido. Si no hubiera sido él, la familia o algún antepasado.

           Los sacerdotes, escribas y los fanáticos religiosos guardaban celosamente los prejuicios de la cultura como normas absolutas e inalterables. Sometían a la población a un régimen de ideas que los ataba a la estructura ideológica del sacralismo y el perfeccionismo legal. En ese esquema, el enfermo no tenía alternativa. Era expulsado de la comunidad y ya no era reconocido prácticamente como ser humano.

           Jesús rompe ese esquema y propone una visión amplia, generosa, tierna. El ser humano, cualquiera que sea, tiene un valor tan grande que las normas y los prejuicios tienen que modificarse para que la persona sea el centro de la vida. La fe de un pueblo, tiene que partir de que el Dios de la vida está en medio de ellos para hacerlos crecer en dignidad, justicia y solidaridad. La fe en Dios, por tanto, no se puede utilizar para marginar y recriminar a nadie.

           Este orden de convicciones, este credo vital y liberador, es el que Jesús aplica en la discusión con los fanáticos religiosos. El ser humano, no importa qué dignidad y cargo ocupe, no está en el mundo para reprimir a sus hermanos y someterlos a la servidumbre de las costumbres: "¿Quién puede perdonar los pecados sino Dios?".

           La función del ser humano, del Hijo del Hombre, es liberar a la humanidad atormentada y darle posibilidades de comenzar aquí y ahora el camino de redención: "Te lo ordeno, levántate, toma tu camilla y vuelve a tu casa". El paralítico se puso en pie y recuperó su dignidad humana, y fue capaz de seguir por sus propios medios el camino que él propio eligió, no sometido ya a que los demás decidan por él.

Servicio Bíblico Latinoamericano