7 de Diciembre

Miércoles II Adviento

Equipo de Liturgia
Mercabá, 7 diciembre 2022

a) Is 40, 25-31

           Estamos todavía al comienzo del Libro de la Consolación de Isaías. La invitación a la alegría y a la esperanza, contenida en los 11 primeros versículos, encuentra resistencia. El pueblo de la alianza se siente prisionero de una potencia más fuerte y abandonado de Dios: "Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa" (Is 40,27).

           La respuesta del profeta a este estado de ánimo es doble:

           1º Dios lo puede todo. Esta verdad se expresa en un lenguaje poético, no filosófico: "Las naciones son como gotas de un cubo y valen lo que el polvillo de balanza; en su presencia, las naciones todas son como si no existieran" (vv.15.17).

           La interpretación profética de la historia ordena sistemáticamente los acontecimientos. Cuando describe la actuación de Dios, se preocupa menos de ofrecer una comprensión especulativa que de confirmar la fe en Dios. La piedad no se centra en el Absoluto, sino en la manifestación de Dios en la historia. Surge una fuerte adhesión a la libertad personal de un Dios que está por encima del tiempo, del espacio y de todas las cosas creadas.

           2º Dios está en medio de su pueblo, pese a que el pueblo humillado tiene que escuchar constantemente la terrible invectiva "¿dónde está vuestro Dios?". Al reto de desconfianza responde bellamente el consolador del pueblo desterrado: "Él da la fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido" (v.29).

           La exhortación sigue unas vías argumentativas que resonarán más tarde en el Areópago de Atenas, cuando Pablo diga que en Dios vivimos, nos movemos y existimos (Hch 17,28). Pero Israel, que nunca ha sido fideísta, sabe que Dios oculta a menudo su poder bajo la debilidad. Esta pedagogía de la fe alcanzará su máximo despliegue en el Deus absconditus o Deus crucifixus de los cristianos.

           La catequesis isaiana dirá que el verdadero conocimiento de Dios consiste en adoptar ciertas actitudes concretas, más que en afirmar unos principios teóricos. El drama del exilio suscita el sentimiento de que la fe es insuficiente para afrontar los problemas de la vida; pero, por otro lado, Dios no está para satisfacer las pequeñas curiosidades del hombre.

           La tentación contra la fe obra por una especie de fascinación de la soledad. Sin embargo, la certeza de la fe no está en función de las verificaciones que de ella podemos hacer. Sólo una adhesión global puede responder a una cuestión global. Las razones para creer no pueden ser menores que Dios mismo. El profeta acaba con un acto de fe en el amor y en la vida: "Los que esperan en Dios renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas" (v.31).

Frederic Raurell

b) Mt 11, 28-30

           El brevísimo pasaje de Mateo que hoy leemos, de apenas 3 versículos, es cumplimiento (como en los días anteriores) de las palabras de Isaías que escuchamos en la 1ª lectura. Jesús ha predicado el evangelio, ha proclamado la buena noticia de que Dios reina a favor, primeramente, de los pobres, de los pequeños y sencillos.

           Jesús ha realizado muchas curaciones y ha liberado a muchos oprimidos por el diablo, se ha enfrentado al legalismo de los escribas y fariseos que exigían el cumplimiento de numerosas prescripciones legales a las humildes gentes de Galilea. Ha llamado en su seguimiento a un grupo de discípulos y los ha entrenado en la difícil misión a que los tiene destinados.

           Y en contraste con toda su actividad, se ha encontrado Jesús con un muro de incomprensión y hostilidad por parte de muchos compatriotas, de ciudades enteras que se han cerrado a su predicación y su bondad. Lejos de desanimarse, prorrumpe en un canto de acción de gracias a Dios Padre, que ha querido revelar los misterios de su amor, no a los grandes y poderosos, sino a la gente sencilla.

           Y ahora, en el pasaje evangélico que acabamos de leer, ofrece su descanso a los fatigados y sobrecargados por la vida. En lugar de un yugo pesado como el que llevan los bueyes, o como el que los fariseos quieren imponer a los demás sin tocarlo ellos siquiera con un dedo, ofrece una carga ligera. Porque él es manso y humilde, no como los orgullosos y pedantes maestros de Jerusalén, como los prepotentes jerarcas del pueblo.

           Ahí esta el yugo suave de Jesús, la carga ligera que nos ofrece, su descanso y su amor. Es el evangelio que nos enseña a amar y a perdonar, a ser solidarios con los que sufren, a compartir lo que tenemos con los necesitados. A crear un mundo justo y humano en el que podamos relacionarnos como hermanos, como amigos.

           Para eso nace Jesús y para eso nos preparamos en este Adviento: para recibirlo en nuestras vidas y en nuestros hogares, para comprometernos con él a llevar el peso de los que están a punto de desfallecer en sus trabajos y en sus angustias.

Juan Mateos

*  *  *

           Como los israelitas, muchos de nosotros nos hemos hecho la pregunta de si Dios nos abandona. En el oráculo que hoy trae la liturgia se nos da una respuesta. Es el creador de todo cuanto existe, pero no ha dejado su obra a la deriva, conoce cada una de sus obras y a todas las llama por el nombre.

           Si el pueblo se había sentido abandonado en el exilio y estaba cansado de esperar, el Señor nunca se cansa y está atento a las súplicas de su pueblo. La persona fatigada encuentra en él la fuerza necesaria para continuar el camino porque él cura todas las enfermedades perdona todas las culpas, pero sobre todo, colma de gracia y de ternura como dice el salmista.

           Jesús de Nazaret expresa, con unas palabras que nos llenan de consuelo, toda esa comprensión de la misericordia y bondad del Dios que vino a revelarnos: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados porque yo os aliviaré". No puede ser entonces la ley algo opresivo como se había convertido la ley judía para los fariseos. Para el cristiano, la nueva ley propuesta por Jesús en el Sermón del Monte, es una carga ligera.

           Mirando el texto de Mateo en su conjunto, se ve por qué colocó estos dichos de Jesús en esta parte de la narración. En los anteriores textos Jesús había sido rechazado por las ciudades, por las escuelas rabínicas de su patria (vv.20-24), por los letrados de su pueblo, escribas y fariseos (vv.25-27).

           Jesús se vuelve hacia los pobres (Mt 11,5), hacia todos los que padecen bajo la pesada carga del legalismo judío. En las perícopas siguientes (Mt 12,1-8; 9-14) aparece Jesús en conflicto con los legalistas sobre el punto, decisivo para ellos, del sábado.

           Los sabios de Israel remitían a la gente a la sabiduría y los rabinos proponían el yugo de la Torah, del Reino de los cielos, de Dios, del Santo o de los mandamientos. Cristo, en cambio, invita a vincularse a su persona, todos los intermediarios entre Dios y el ser humano están aquí resumidos o absorbidos en la sola presencia de Jesús. A la vez, es una llamada a romper con otros maestros para unirse a él.

           Los fatigados, los que están agobiados por grandes esfuerzos, por trabajos duros y sienten que sus fuerzas se debilitan. Los abrumados, que han sido sometidos por alguien, como bestias de carga. ¿A qué fatiga alude el texto? ¿Al peso general de la vida, o a las reglamentaciones fariseas?

           El contexto y el término yugo de los vv. 29 y 30 hacen pensar en el legalismo judío en su conjunto. Jesús reprueba el carácter esencial de la religión de su tiempo, que imponía una dura disciplina moral a los seres humanos sin comunicar la alegría de la salvación.

           "Cargar con el yugo" de Jesús es unirse a él, seguirle y aprender de él que es dulce y humilde de corazón; sin duda, sólo en su escuela se puede aprender el verdadero sentido de la ley y sólo él puede hacer de la ley un peso ligero.

           La expresión "aprended de mí" no es un llamamiento a imitar a Jesús, sino a recibir su enseñanza y su interpretación de la ley. No es que Jesús exija menos que los demás rabinos; exige más, pero de otra manera. Abre primero la puerta del reino de la misericordia a los pobres y a los mansos; después los invita a una nueva justicia.

Servicio Bíblico Latinoamericano