11 de Julio

Jueves XIV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 11 julio 2024

a) Os 11, 1-4.8-9

         Presenta hoy profeta Oseas una de las más bellas y profundas síntesis del amor de Dios, justo cuando más negativamente está creciendo la ingratitud de Israel: "Cuando Israel era niño lo amé, y desde Egipto llamé a mi hijo. Pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí, ofreciendo sacrificios a los baales" (vv.1-2). El amor es presentado como la causa del nacimiento de Israel, y como la clave de la elección. Todo el amor tierno y educador de Dios se resume en la imagen del padre que levanta a su hijo hasta sus mejillas, y le ayuda a comer.

         Todas estas imágenes intentan plasmar el compromiso vital de Dios en favor del hombre. Pero Israel ha despreciado el don del amor, y ha preferido pecar. Y eso para el profeta obliga a Dios, el más amoroso de los padres, a castigar. Sin embargo, el castigo no es la última palabra del Señor, pues en el corazón de Dios hay una especie de contención: "No desencadenaré todo el furor de mi ira, ni destruiré del todo a Efraim, pues yo soy Dios y no hombre" (v.9).

         No, el estilo de Dios no es el estilo vengativo del hombre. Y la apelación sorprendente a su santidad, y a su radical distinción de todo lo creado, es su más fuerte garantía de un amor sin retroceso. Toda la predicación de Oseas prepara esta afirmación, que poco después hallará eco en otros profetas: "¿Puede la mujer olvidarse del fruto de su vientre, no compadecerse del fruto de sus entrañas? Pues aunque ella se olvidara yo no te olvidaría" (Is 49, 15).

         La proclamación de Oseas sobre el amor de Dios, que sale al encuentro del hombre en la doble relación de matrimonio y filiación, y de un Dios que ama porque simplemente es "Dios y no hombre", constituye uno de los capítulos más ricos de la teología del AT. Es una anticipación de aquella doctrina joánica que considera el amor como la esencia y realidad de Dios. Sólo quien tiene experiencia de amor puede tener experiencia de este Dios que es el 1º en amar.

         Amar creadoramente significa estar a favor de lo que se ha creado (los hombres...). Dios es amor, y se compromete personalmente en favor de los hombres, y su amor siempre va por delante de todo, y precediendo a todo. Y en la medida en que el amor nunca está plenamente realizado, siempre se abre un futuro nuevo. El amor es el camino hacia Dios, y el camino hacia la propia realización.

Frederic Raurell

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         Habla hoy el profeta Oseas en nombre de Dios, diciendo que "cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo". A pesar de que llevamos 3 días oyendo cuán deplorable e infiel ha sido el pueblo de Israel, Dios se resiste a tener que castigar, aunque finalmente tenga que hacerlo. Eso sí, lo hará con amor, con esa hesed o afecto visceral del AT, porque "yo enseñé a mi hijo a caminar, tomándole por los brazos. Y ellos no comprendieron que yo les ayudaba".

         Ni siquiera el evangelio acierta a poner acentos tan concretos a la hora de revelar la paternidad de Dios, que aquí Oseas describe con esta imagen tan inolvidable. Y si no, evoquemos a esos jóvenes padres tratando de suscitar los primeros pasos de su pequeñín, o sosteniéndole justo lo suficiente para salvar una caída, o animándole para que se lance solo a dar unos pasos. Así es Dios con nosotros.

         La siguiente imagen del profeta es también sorprendente, hablando en nombre de Dios: "Yo le atraía benévolamente, con lazos de ternura". Efectivamente, se trata de la imagen del niño delicadamente sujeto a unas bandas de tela suave y resistente, para que empiece a hacer sus propias experiencias, sin riesgo de hacerse demasiado daño. Pues "como los que levantan a un niño contra su mejilla, así era yo para él. Me inclinaba hacia él y le daba de comer".

         Impresionante. Cuando contemplo estas escenas familiares, realmente ¿estoy viendo a Dios? O cuando acaricio a un pequeño, ¿le estoy revelando el amor mismo de Dios? Así pues, aprendamos que la 1ª catequesis es ésta: los gestos de amor, para hacer entrever al Amor. Roguemos por tantos hombres y mujeres a quienes, para que estos gestos divinos, tan naturales, les hagan descubrir algo de ti, Señor.

         Pero "han rehusado volver a mí", continúa diciendo el profeta, que continúa diciendo en nombre de Dios: "¿Les voy a castigar?". Realmente, ¡conmovedor! Sobre todo porque se trata del dolor de ese padre que tanto ha hecho por sus hijos, y que los ve alejarse de él. Roguemos por los hombres de corazón destrozado, para que aprendan a ver también el "corazón destrozado" de Dios, a causa de mis infidelidades.

         Mas el Señor continúa diciendo: "Mi corazón está trastornado, y se estremecen mis entrañas. Pero no obraré según el ardor de mi cólera, ni volveré a destruir a Israel. Porque yo soy Dios y no hombre, y no vengo para exterminar". A varios siglos de distancia, es éste el mismo mensaje ardiente de Jesús: "Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo" (Jn 3, 17). Como se ve, la trascendencia de Dios, y su santidad, no se expresa en la justicia sino en la misericordia. Mientras que el hombre tiene tendencia a dejarse llevar por la venganza Dios, afirma: "Yo soy Dios, y no un hombre". Menos mal.

Noel Quesson

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         Es tal la sencillez de lectura de hoy, y tal su dramatismo interno, y tan acusados y manifiestos los sentimientos paternales de Dios, que el silencio debería ser nuestra mejor reflexión. Y perdónesenos si, al pretender encuadrarla en su contexto histórico, aminoramos en lo más mínimo el delicado sentido de su interioridad.

         Se trata de una lectura única en todo el AT, y una de las más altas cumbres de la revelación sobre la naturaleza de Dios. Una cumbre teológica, mística y espiritual a la que, aunque parezca paradójico, Oseas no llegó a través de revelaciones especiales, ni de visiones, ni de éxtasis, ni de arrebatos. Sino que llegó a ella a través de la sencilla experiencia de su vida matrimonial (al tratar de ganarse a su esposa infiel, en vez de repudiarla). Como esposo y padre cariñoso, a Oseas le bastó tener un hijo entre sus brazos, de su mujer infiel, para comprender el amor de Dios.

         En su transición del amor humano al divino, y en su comprensión de lo divino por lo humano, Oseas recuerda el nacimiento de Israel con la ternura y el romance de aquellos momentos. Entonces había muchos pueblos, pueblos fuertes y poderosos, pueblos de historia y raigambre. Pero Dios fue a fijarse en quien no era pueblo todavía, sino un grupo de tribus esclavas y migrantes por las tierras de Egipto, sin historia, sin tierra y sin civilización. Era la creación de algo de la nada. Una nada a la que Dios amó y dio existencia, para convertirla en su hija predilecta.

         Cada vez que Dios llamaba a esta hija, e intentaba realizar en ella sus planes, Israel se alejaba, y posponía a su Padre por los ídolos y baales, rompiendo la Alianza y prostituyéndose en el fango de los pecados. Pero su padre Dios no se rindió, ese padre (y no los baales) que "le enseño a andar", quien siguió sus pasos con firmeza y que la "alzó en sus brazos", mostrándole todo su amor hacia ella.

         Sin embargo, "Israel no comprendía que Yo le curaba", recuerda el profeta. Y quizás sea necesario ser padre para comprender el dolor ante la incomprensión de un hijo, a quien se ha querido con toda clase de ternuras.

         Podía, sin duda, forzar Dios esa conversión de Israel. Pero prefirió respetar aquello que él había dado al hombre, como esencia de su propio ser: la libertad. ¡Ay de aquel que osare violar aquello que el mismo Dios respeta! Por eso se acercó a él, se inclinó hacia él para alimentarlo, intentó atraerlo hacia sí (sublime ejemplo de condescendencia divina) y todo ello con cuerdas humanas.

         Es la más preciosa descripción del misterio de la libertad y la gracia. Nada consiguió que Dios castigara a sus hijos (y eso que hubiera sido lo más justo), pues el castigo nunca fue la última palabra de Dios, sino el amor. En efecto, a Dios se le "revuelven las entrañas" al tener que castigar, porque "es Dios y no hombre". Por eso, "ni cederá a la cólera, ni volverá a destruir a Efraim". Dios prefiere corregir, y no aniquilar. Quien tenga oídos para oír, como decía Jesucristo, que oiga.

         Como prueba de que el castigo está por terminar (el destierro a Asiria y Babilonia), el rugido del león (cuando Dios ruja) producirá el pánico en quien el enemigo, e Israel volverá con la docilidad de un pájaro a la voz de su amo. Así es como Dios sana a sus criaturas, para poder salvarlas.

Angel González

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         La página de hoy de Oseas es un hermoso canto al amor que Dios tiene a su pueblo, y si antes había comparado este amor al conyugal, ahora describe con rasgos bien tiernos el amor de un padre por el hijo que lleva en brazos, al que acaricia y besa, al que le enseña a andar, al que atrae "con lazos de amor". Pero ese hijo ahora le es infiel, y "cuando le llamaba, él se alejaba".

         ¿Cuál será la reacción de Dios? Uno piensa inmediatamente en el castigo que dará a Israel (aquí bajo nombre de Efraim, una de las tribus descendientes de José). Pero no. Dios no se decide a castigar, sino que va a perdonar una vez más.

         El profeta Oseas, reflejando su propia incapacidad de condenar a su mujer infiel (porque en el fondo la sigue queriendo), describe con trazos muy humanos ese amor de Dios: "Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas, y no cederé al ardor de mi cólera". Y la razón es todavía más impresionante: "Porque yo soy Dios, y no hombre; santo y no enemigo". Lo propio de Dios no es castigar, sino amar y perdonar. Y él no está al acecho, sino que es es un amigo en medio de su pueblo.

         Cuando tengamos que reconocer nuestro pecado, haremos bien en recordar estas palabras acerca de ese Dios que no puede dejar de amarnos, a pesar de lo que hayamos hecho. Dios sigue enamorado de la humanidad, como Oseas de su mujer Gómer.

         ¿Queremos mejor buena noticia que ésta? ¿No se adelanta ya aquí el retrato que Jesús hará de Dios, como ese padre que sale a espera al hijo alejado, o como ese pastor que se alegra por recuperar la oveja descarriada? Porque él está dispuesto siempre a perdonar.

         Acudamos a Dios con esta confianza, diciéndole con el salmo responsorial de hoy: "Que brille tu rostro, Señor, y nos salve. Despierta tu poder y ven a salvarnos. Ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó". Además, aprendamos otra lección: a ser misericordiosos, capaces de amar a cada una de los seres humanos, aunque descubramos defectos en ellos. Es lo que hace continuamente Dios.

José Aldazábal

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         El cap. 2 del lunes resuena hoy en este cap. 11 de Oseas, y nos viene a recordar que Dios acoge con amor a la esposa que no estaba completamente arrepentida. En el caso de hoy, no es ya Dios el esposo (e Israel la esposa), sino el padre (e Israel es el hijo) que ama, llama, enseña a andar, cura, atrae y se inclina para dar de comer.

         El profeta hace un recorrido por las infidelidades del pueblo de Israel, y por la actitud de Dios al respecto, en una serie de imágenes en las que la figura de Dios aparece como el padre que cuida al hijo de sus entrañas, en las primeras etapas de su vida. Y sobre todo, la de un Padre que lo hace todo por amor: "Cuando Israel era niño, yo lo amé". El amor ha movido toda la historia de Israel, y le da sentido.

         La infidelidad de Israel empezó cuando éste empezó a crecer. El Señor lo llamó desde el Sinaí, pero él se construyó un becerro de oro y se puso a venerarlo. Pero el Señor nos los rechazó, sino que lo enseñó a andar y lo acogió en sus brazos cuando se cansaba. Al seguir creciendo, esta pequeña criatura no comprendió que el Señor lo amaba y cuidaba, y en vez de reconocer los lazos del amor paterno optó por alejarse, poniendo su confianza en los enemigos y no dudando en pedir auxilio a Baal.

         Cuando esa relación parecía definitivamente terminada, Dios luchó consigo mismo, e hizo que triunfara su misericordia frente a la cólera: "Me da un vuelco el corazón, y se me conmueven las entrañas. Pero no ejecutaré mi condena, porque soy Dios y no hombre, santo y no enemigo devastador". Es decir, sus decisiones no estuvieron condicionadas por las conductas de los hombres. Ante las iniquidades de Israel, Dios le ofreció un proyecto de conversión y salvación. Y no lo hizo por ser insensible a sus ingratitudes, sino porque su 1ª y última palabra era el amor.

Servicio Bíblico Latinoamericano

b) Mt 10, 7-15

         Mateo enumera hoy algunas normas que constituyen el estilo misionero.

         La 1ª de ellas es la pobreza. El discípulo de Cristo se pone todo él a su disposición, gratuitamente y porque está convencido de haber recibido también él de forma gratuita y abundante. Es la forma más profunda de la pobreza de espíritu: todo lo que hay en nosotros es don de Dios, y por ha de darse generosa y gratuitamente, dando lo que es de Dios a los demás. Pero hay otra cosa: la pobreza no sólo se contenta con poco, o lo estrictamente necesario (v.9), sino que ha de tener el coraje (que es fe) de confiar (estrictamente) en la providencia de Dios.

         El tiempo es tan corto, y el anuncio de tal importancia, que el discípulo no puede permanecer en un solo sitio o con un único tipo de personas, de forma egoísta u obstinada. Por lo demás, hay que saber que la labor del misionero no es forzar a toda costa el corazón del hombre, porque ni siquiera Cristo lo hizo. La tarea del misionero es formular la propuesta clara y convincente, y luego dejarla a la libertad del hombre. La labor del misionero se limita al anuncio (no a la persuasión), y es eficaz en la medida en que es clara y estimulante (no machacona).

         Las normas de absoluta privación que Jesús impone a los discípulos ("no llevéis ni oro, ni plata, ni sandalias, ni bastón") parecen en principio inviables, y parecen estar tomadas de las normas establecidas para asistir al culto del templo ("que nadie entre en el templo con bastón, zapatos, ni con la bolsa del dinero").

         Lo que viene a decir que los discípulos, en la realización de su tarea evangelizadora, se hallan ante Dios (como en el templo) y deben conducirse como estando en la presencia de Dios, sabiendo que el éxito de la misión depende de Dios. Diríamos que se manda a los discípulos ir desarmados, para poner de relieve que se trata de la obra de Dios, del anuncio de su palabra y no de la nuestra. Pues de lo contrario, ¿cómo podría un hombre caminar sin sandalias o sin bastón?

Bruno Maggioni

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         Los 12 apóstoles continúan la palabra y obra de Jesús en relación al Reino. Y por eso lo que deben hacer y decir no es diferente a lo que Jesús hace y dice. La cercanía inminente del Reino fue predicada por el Bautista (Mt 3, 2) y es el comienzo de la predicación de Jesús (Mt 4, 17). Por eso, es también el contenido de la predicación de los discípulos. Y lo mismo ocurre con el resto de tareas (según Lucas, "predicar y sanar", y según Mateo "curar, resucitar, purificar y exorcizar").

         Pero ese poder no debe utilizarse en beneficio propio, pues la gratuidad es la característica que lo marca. Ese poder es don de Dios, y como tal nadie debe creerse sus dueño, ni lucrarse a su costa. Para ser precisos: una cosa es que la comunidad agradezca al misionero su obra (y lo alimente y hospede), y otra que el misionero viva a costa de ello.

         Esto último fue algo que sucedió en las primitivas comunidades, y ya el mismo Pablo prefirió trabajar con sus manos para sostenerse, que ser mantenido por la comunidad. Esto le mereció la crítica de algunos (que decían de él que "no es discípulo de Jesús, ya que el Señor dijo que el que trabaja merece su sustento"; 1Cor 9,14). Pero Pablo contestará que lo hace como libre renuncia, para manifestar que la evangelización es una gracia y don de Dios, mucho más que una imposición (1Cor 9; 2Cor 11,13).

         El mismo evangelio de Mateo reconoce también que hay falsos profetas (Mt 7,15; 24,11.24). Así como los escritos tardíos nos hablan de la existencia de falsos predicadores (Hch 20,29-30; 1Jn 4,1; Ap 16,13; 19,20; 20,10; 2Pe 2,1), así como los escritos de los primeros padres de la Iglesia (Pastor de Hermas, XI, 16; Didajé, XI, 3.4.8.11; Ignacio a los Efesios, IX, 1). De hecho, los apóstoles tuvieron que regular la actividad misionera del s. I, para garantizar la fidelidad al mensaje del mensajero:

"En cuanto a los apóstoles y profetas obren así, según la enseñanza del evangelio. Todo apóstol que vaya a ustedes sea recibido como el Señor. No permanecerá más que un día, pero si tuviera necesidad, puede quedarse otro día. Si permanece tres, es un falso profeta. El apóstol, a su partida, no recibirá nada más que pan hasta que se hospede (de nuevo). Si pide dinero, es un falso profeta" (Didajé, XI, 3-6).

         En la misma línea debe ubicarse la referencia a que no se ha de llevar oro (Mateo), plata (Mateo y Lucas), monedas (Mateo y Marcos) y alforja (Mateo). En todo caso, el evangelio destaca el desinterés del misionero y la confianza en el cuidado de Dios, aunque sea digno de su alimento (Mateo) y de su jornal (Lucas). Precisamente porque no llevan nada de valor, no necesitan tampoco llevar bastón, pues no deben defenderse de nadie. 

         La paz del que acoge al misionero, como fruto del Reino, es un signo de la presencia de Dios y de la realización de su voluntad (lit. su Reino). Se trata de una shalom (lit. paz) que es "armonía entre", un "estar bien" o don del bienestar que reciben los que hospedan a los misioneros. Pero siguiendo en todo la suerte del Maestro, todos ellos (tanto el misionero como el acogedor del misionero) han de saber que esa paz es interior, pues por fuera (o por parte de otros) pueden esperar lo que antes o después vendrá: el rechazo. Con esto, Mateo prepara el terreno para el párrafo que sigue: el anuncio de las persecuciones.

Emiliana Lohr

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         Jesús añade hoy un aviso a sus discípulos: la idea de lucro ha de estar ausente de esta actividad. Se hace, por tanto, con limpieza de corazón (Mt 5, 8), sin segundas intenciones.

         La opción por la pobreza que ha hecho el discípulo (Mt 5, 3) ha de ser bien visible. No deben llevar dinero alguno, tampoco provisiones (alforja), ni 2 túnicas o sandalias (como la gente acomodada). La prohibición de llevar bastón simboliza la renuncia a toda violencia, incluso en defensa propia (Mt 5, 39).

         El desprendimiento absoluto del discípulo se funda en su confianza de que no faltará el sustento. Jesús los exhorta a la confianza que había de tener el discípulo en el Padre del cielo (Mt 6, 25-34). La misión es un trabajo por el que se busca que reine la justicia del Padre (Mt 6, 33); éste se ocupará de lo demás.

         Se merece recibir al enviado quien está abierto al mensaje del Reino. Es decir, los que no se conforman con la situación existente. Los 12 enviados son mensajeros de paz (Mt 5, 9), y trabajar por ella es su labor. Esto se refleja en su saludo. Hay, sin embargo, quienes rechazarán su mensaje. En tal caso los enviados deben desentenderse de ellos con un gesto simbólico, usado al abandonar tierra pagana. Jesús anuncia un juicio que será más severo para los que no acogen el anuncio del reino, que para las ciudades paganas proverbialmente malditas.

Juan Mateos

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         Comienza aquí el llamado Discurso de la Misión. Recordemos que el evangelio de Mateo se ha estructurado alrededor de 5 grandes discursos, aludiendo con ello a la nueva Torah (los 5 libros del Pentateuco): el 1º o Discurso de la Montaña, el 2º o Discurso Misionero, el 3º o Discurso de las Parábolas, el 4º o Discurso a la Comunidad y el 5º o Discurso Escatológico.

         En efecto, tras la configuración del Grupo de los Doce, Jesús envía a sus 12 apóstoles para que hagan anuncio de la llegada del Reino, por medio de toda clase de signos. Y aquí comienza Jesús una serie de instrucciones que dichos enviados debían tener en mente, antes que él desaparezca y ellos se disgreguen por el mundo entero.

         Entre las instrucciones misioneras que Jesús da a los 12, está la de haber abandonado todo afán de lucro. La opción por la pobreza es la 1ª condición del discípulo. No deben llevar dinero, ni provisiones, ni 2 túnicas, ni 2 sandalias (como la gente rica), ni nada que pueda entorpecer su trabajo. También han de renunciar a la violencia (no llevar bastón). El desprendimiento absoluto del discípulo se basa en la seguridad que tiene de que no le faltará el sustento. Es un nuevo estilo de vida.

         Las instrucciones sobre la entrada a la ciudad, y las diferentes maneras de dejarse acoger, incorporan ciertas prácticas de la sabiduría popular hebrea, cuya hospitalidad era costumbre sagrada no sólo en el mundo mediterráneo, sino también en el AT (Gn 18,1-8; 19,1-11; Jue 19,10-25). No obstante, las instrucciones de Jesús adquieren un sentido escatológico, y no tanto hospitalario.

         Había también una costumbre, entre los judíos de la diáspora, que decía que al visitar su patria (Tierra Santa) debían "sacudirse el polvo de los zapatos que traían" desde los países paganos, o incluso de aquellos territorios ocupados en antaño por los cananeos. Por tanto, las palabras de Jesús necesitan ser entendidas en un marco escatológico, en el que Jesús envía a los discípulos como profetas del juicio definitivo, anticipándolo (si hace falta) con sus pronunciamientos y acciones simbólicas. De otra manera se podría correr el peligro de juzgar de manera rigurosa, y desprovista de amor, los esfuerzos de los discípulos de Jesús.

Fernando Camacho

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         Jesús da hoy a sus apóstoles (y a todos nosotros, miembros de la Iglesia) una serie de consignas para que cumplan su misión, siguiendo todos un mismo estilo. Ante todo, lo que tienen que hacer es "anunciar que está cerca el reino de Dios", el proyecto salvador de Dios que se ha cumplido en Jesús. Ésta era la última idea del evangelio de ayer, y la 1ª de hoy. Pero, además, a las palabras deben seguir los hechos: "curar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos, echar demonios".

         Los enviados de Jesús deben actuar con desinterés económico, no buscando su propio provecho, sino "dando gratis lo que han recibido gratis". Este estilo es en lo que consiste la llamada pobreza evangélica: en no apoyarse en los medios materiales (oro, plata, vestidos, alforjas) sino en la ayuda de Dios. Y les avisa ya de antemano Jesús que, mientras en algunos sitios los recibirán bien, en otros sitios los recibirán mal.

         Nos conviene revisar nuestro modo de actuar, comparándolo con estas consignas misioneras de Jesús. No se trata de tomarlas al pie de la letra (no llevar ni calderilla), sino de asumir su espíritu:

-el desinterés económico;
-la generosidad de la propia entrega, ya que Dios nos lo ha dado todo gratis, y nosotros debemos seguir ese modo de ser.

         Recordemos cómo Pablo no quiso vivir a costa de la comunidad, sino trabajando con sus propias manos, aun reconociendo que "bien merece el obrero su sustento".

         Confiemos más en la fuerza de Dios que en nuestras cualidades o medios técnicos, pues nos irá mejor si llevamos poco equipaje y no hacemos demasiados cálculos económicos o humanos. Y no nos contentemos con palabras, sino mostremos con nuestros hechos que la salvación de Dios alcanza a toda la persona humana (a su espíritu y a su cuerpo), a la vez que anunciamos a Dios y luchamos contra el mal y sus dolencias.

         Tampoco dramaticemos demasiado los fracasos que podamos tener, ni nos desanimemos hasta el punto de desistir de nuestro encargo. Si en un lugar no nos escuchan, vayamos a otro y ya está. Sin olvidar que lo que anunciamos no son soluciones técnicas ni sociales, sino el sentido que tiene nuestra vida a los ojos de Dios: el Reino que inauguró Cristo Jesús.

José Aldazábal

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         Hoy día queremos que hasta lo imprevisto esté de antemano previsto, y por eso triunfan los servicios a domicilio. Y si hoy se habla tanto de paz, es quizás porque no queremos que, de antemano, se nos escape. El hoy del evangelio toca de lleno estos 3 hoys. Pero vayamos por partes.

         Queremos prever hasta lo imprevisible: pronto haremos un seguro por si el seguro nos falla, o cuando uno compra un jersey, el tendero nos ofrece ¡el modelo descolorido! El evangelio de hoy, con la invitación a ir desprovistos de equipaje ("no os procuréis oro ni plata"), nos invita a la confianza y a la disponibilidad. Pero alerta, porque esto no es dejadez, ni tampoco improvisación.

         Vivir esta realidad sólo es posible cuando nuestra vida está enraizada en lo fundamental: en la persona de Cristo. Como decía Juan Pablo II, "es necesario respetar un principio esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia. No se ha de olvidar que, sin Cristo, no podemos hacer nada".

         También es cierto que hoy proliferan los servicios a domicilio, y a forma de katering te hacen la tortilla en tu propia casa. Pues bien, hoy Jesús nos dice "id", abiertos a las necesidades de la poblacións.

         Hoy en día se consideran sagradas las vacaciones, y sus paisajes tranquilos son sinónimos de paz. Pero los cristianos debemos ser portadores de paz, luego hemos de ser capaces de transformar los paisajes de este mundo, convirtiéndoles de hostiles en pacificantes.

         ¡Dejémonos tocar, pues, por la fuerza del hoy de Cristo! Pues como decía Juan Pablo II, "quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí. Debe anunciarlo".

David Compte

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         Cristo envía hoy a sus discípulos. Es decir, los pone en la vía, pone en el camino a los suyos. Este es el mensaje del evangelio de hoy. Detengámonos en ese simple hecho: Cristo nos envía, nos pone en camino.

         Cristo pone en camino. La sola palabra indica dinamismo. El evangelio no es algo que yo pueda guardar; lo conservo dándolo; es mi tesoro si lo arriesgo; me alimenta cuando nutre a otros.

         Cristo pone en camino. En otro lugar dijo "Yo soy el camino", luego ponernos en camino es ponernos en Cristo, es estar en el puente que une el del amor divino y el del corazón humano, cuando la gracia lo enciende.

         Cristo pone en camino. Y también aguardará a los suyos al final del camino. El Apocalipsis lo llama "el Alfa y el Omega", porque de él brota y en él se resume toda la obra misionera de la Iglesia. Su sonrisa nos envía; su abrazo nos espera.

Nelson Medina

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         De nuevo Jesús advierte hoy del peligro de rechazar el anuncio de Reino, uno de los grandes problemas por los que atraviesa nuestra sociedad. Ciertamente este rechazo no es expreso, pero sí que sucede, desde la pereza por ir a misa hasta el escaqueo a la hora de abordar las tareas parroquiales, desde el cerrarse a la instrucción de la Iglesia (obispos, sacerdotes y del mismo papa) hasta el rechazo al propio reino de Dios.

         Por otro lado, si bien es cierto que no hay una negativa concreta de hospedar a un ministro de la palabra (sea sacerdote o laico), en muchos de los cristianos se nota una falta de interés y cooperaración en la proclamación del evangelio, no poniendo a disposición del Reino las propias personas e incluso los propios bienes, a fin que el mensaje del evangelio se difunda.

         Debemos estar atentos, pues la advertencia de Jesús es clara: "Os aseguro que, en el día del juicio, Sodoma y de Gomorra serán tratadas con menor rigor que aquella ciudad". Busquemos siempre la manera de aceptar la invitación de Jesús a una conversión más profunda, y de cooperar para que el mundo de hoy pueda conocer y vivir al mensaje del Reino.

Ernesto Caro

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         El mismo Jesús que ayer había elegido a los 12, hoy los envía en misión profética, al servicio de la conversión al reino de Dios. Un envío que realmente resulta enigmático, por tratarse de un camino vocacional plagado de exigencias y encargos.

         El 1º signo que debe acompañar a los discípulos es la solidaridad misionera, porque la tarea evangelizadora es un compromiso comunitario, y un trabajo en equipo que se proyecta hacia los demás. Desde aquí se han de entender las notas del anuncio misionero.

         El 2º signo que debe acompañar a los misioneros es la curación de los enfermos. Jesús les comunica el poder de curar y exorcizar, pero ese poder debe estar al servicio de la misericordia de Dios, capacitando así a las personas a una sana entrega de sus vidas al plan de Dios, a nivel corporal y espiritual.

         El 3º signo que debe acompañar a los apóstoles es la pobreza. Los enviados de Jesús han de llevar las manos vacías para su actuación, y si las llevan llenas de pan y dinero, ya no están del todo disponibles, sino maniatados. Han de ir como voluntarios (porque quieren) y ligeros de equipaje (con su forma de ser), y de esa forma serán testigos que nunca puedan ser sobornados. Porque "lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis".

         El 4º signo misionero es la solidaridad. En 1º lugar los unos (misioneros) de los otros (misioneros), compartiendo alojamiento y manutención. Y en 2º lugar con los demás (no misioneros, sino misionados), compartiendo sus formas de vivir y sentir, como signo de la presencia del Reino en sus vidas y ocupaciones.

         El 5º signo misionero es la autoridad. Una autoridad de dimana de no tener nada que ofrecer, más que lo que son ellos mismos. Y que al presentarse con debilidad, hacen viviente del juicio de Dios sobre la tierra. Por eso, allí donde no los reciban, pueden "sacudir el polvo de las sandalias", como queriendo decir: os estamos ofreciendo el camino de la salvación y no lo queréis aceptar, pues preparaos que lo que va a venir es el juicio de Dios.

         Así actúa el grupo de los Doce, enviado por Jesús como mensajero del reino de Dios. Su gesto ha de entenderse a la luz de los que Jesús quiere anunciar y preparar por ellos que es la nueva comunidad mesiánica, aquella familia de hombres y mujeres que cumplan la voluntad de Dios, superando y rompiendo todos los muros de la vieja casa de la ley judía.

Gaspar Mora

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         El discurso de hoy de Jesús (Mt 10), llamado Discurso Misionero, se coloca en la perspectiva del día del juicio, lo mismo que las acciones de Jesús que siguen inmediatamente (Mt 11-12). Dicho juicio incluye el ofrecimiento de la paz escatológica (por parte de Jesús y sus enviados), así como las consecuencias al rechazo de ese ofrecimiento (por parte de Dios).

         La tarea de los apóstoles es la misma de Jesús: la proclamación de que "el reinado de Dios está ya aquí" (v.7). Una proclamación que debe ser acompañada por los mismos (idénticos) signos a los realizados por Jesús. En concreto, se señalan 3 signos en la 1ª parte del discurso: sobre la enfermedad, sobre la muerte y sobre la impureza (v.8).

         Tras esas indicaciones, siguen 2 exhortaciones. La 1ª tiene como objeto la determinación del estilo de la misión (vv.8-10), y en la 2ª se instruye sobre el comportamiento que se debe asumir frente a las reacciones de los oyentes (vv.11-15).

         El estilo de la misión está determinado por un desprendimiento absoluto, derivado de la confianza en Dios por parte de los enviados. En una sociedad que conoce el negocio bancario y sumas millonarias (Parábola de los Talentos), los enviados deben inaugurar un nuevo comportamiento, que esté centrado en la gratuidad. El Reino ha de ser ofrecido como una gracia, y por eso debe ser manifestado adecuadamente, con un ofrecimiento gratuito.

         Frente a una sociedad de continuo intercambio comercial, Jesús prescribe viajar sin túnicas o sandalias de repuesto (forma de viajar de la gente acomodada) ni bastón defensivo (ante los bandoleros del camino). Los apoyos del enviado no han de estar, pues, en la vida acomodada ni segura, sino en la providencia y protección divina, en quien los misioneros deben depositar una confianza absoluta.

         El anuncio debe transmitirse a aquellos que "se lo merecen" y se han hecho merecedores de la paz de Dios. Por consiguiente, no debe transmitirse a aquellos que en la sociedad muestran una abierta oposición a los valores de Dios.

         La transmisión ha de depender, pues, de la acogida (libertad humana) que los hombres hacen al mensaje de Jesús. Y la aceptación o rechazo, por parte de los oyentes, es la que debe determinar las actitudes a tomar, a la hora de entablar relaciones o seleccionar prioridades.

         El rechazo al misionero es motivo para romper la comunicación y el diálogo con quienes así se comportan, a las claras y por medio de gestos decisivos de ruptura. A los adversarios de los valores del Reino hay que anunciarles un juicio más severo por parte de Dios, incluso mayor que el realizado sobre Sodoma y Gomorra (las ciudades del pecado de Abraham y de Lot).

         El mensaje del Reino incluye, por tanto, contradicciones y rechazos. Hay que estar preparado para ellos. Las componendas no están permitidas a los mensajeros del Reino de Dios.

Confederación Internacional Claretiana

*  *  *

         Los 12 apóstoles deben ir anunciando el reino de Dios mientras ponen en marcha su estilo de vida itinerante, sin grandes instalaciones y con vía totalmente libre para la proclamación de la Buena Nueva. Pues si apelan a las comodidades y seguridades perderán el impulso y se apagarán. Por otro lado, todo lo necesario para vivir lo irán recibiendo de su misma obra misionera, "pues el obrero tiene derecho al sustento".

         Los 12 apóstoles deben ser hombres de paz, pues su función no es crear contiendas inútiles sino enfrentarse directamente al mal (el demonio) y a sus consecuencias (las enfermedades). Por ello, no han de tomar represalias ni disgustos ante las incomprensiones, sino cambiar de camino y dejar la situación en manos de Dios y del juicio de Dios.

         Pero la misión de los Doce está enmarcada por la constante amenaza de los hijos de la oscuridad ("os envío como corderos en medio de lobos"). Por ello, no han de ser ingenuos y creer que van a poder cambiar las costumbres por sí mismos (cosa que hará Dios, y el tiempo). Sino actuar con astucia, cuidándose de ellos mismos y velando por sus intereses (sin menoscabo de la humildad, para no empañar el descubrimiento de la verdad).

Servicio Bíblico Latinoamericano

c) Meditación

         Seguimos haciendo lectura continua del evangelio de Mateo, y por eso el pasaje de hoy enlaza con el de ayer. En este caso, los elegidos de Jesús pasan a ser los continuadores de Jesús, sobre todo a la hora de proclamar que el reino de los cielos está cerca.

         No obstante, esta cercanía del Reino no es tanto una cuestión de proximidad espacio-temporal (algo todavía por venir), cuanto una presencia (algo que se está dejando sentir) cercana, pues con ellos y su proclamación se producen los efectos de esta presencia benéfica (curaciones de enfermos, resurrecciones de muertos, expulsiones de demonios).

         Los continuadores de Jesús pueden realizar tales acciones porque han sido llamados por Jesús para ello, y porque han recibido de él tal potestad. Y no es simplemente que puedan, sino que, en cuanto portadores de esa fuerza, es algo que deben llevar a cabo. Y puesto que han recibido gratis tal potestad (la de curar, la de vivificar, la de reconciliar), han de darlo gratis, aun sin olvidar que todo obrero merece su sustento.

         Sin este sustento no podrían realizar las acciones propias de su oficio. Y porque han de ser dotados con ese sustento, ya no necesitan ningún sustento más. Es lo que recuerda Jesús: No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla. Ni tampoco alforja para el camino, ni otra túnica, ni sandalias, ni bastón, porque bien merece el obrero su sustento.

         Si el obrero merece su sustento, no parece necesario que tenga que procurárselo a sí mismo. Y puesto que se ha hecho digno de él, ya se lo proporcionarán otros. Por eso, sobran las provisiones y las preocupaciones que miran a las provisiones (alforjas para el camino, túnicas o sandalias de repuesto, oro, plata o dinero para comprar y vender).

         Jesús quiere obreros libres de ataduras y preocupaciones, centrados exclusivamente en su cometido (que es anunciar y hacer presente el Reino de los Cielos por todas partes).

         Por eso hay que ir de pueblo en pueblo, y puesto que el obrero merece alojamiento y comida, podrán buscar una casa adecuada, en la que habite gente de confianza y en la que puedan alojarse hasta que pongan rumbo a otro lugar. Porque los lugares por donde pasen serán sólo eso, lugares de siembra o de plantación, y no lugares de asentamiento.

         Jesús les aconseja que, al llegar a una casa, saluden a sus moradores con el saludo de la paz, como deseo y como oferta. Sus moradores podrán disfrutar de semejante don (la paz) si se lo merecen, y si no volverá a sus oferentes. Eso sí, cuando los caseros se vean privados de ese don, caerá sobre ellos una desgracia, para han perdido la oportunidad de gozar de él.

         Jesús cuenta, por tanto, con la posibilidad del rechazo. En ocasiones porque alguna casa no se merezca recibir a los misioneros, ni recibir la paz que éstos le vienen a traer. Y en ocasiones, porque no son bien recibidos o ni siquiera recibidos. Si es así, se limitarán a dejar constancia de su desacuerdo, y se marcharán de la casa o del pueblo (puesto que han sido rechazados) y sacudirán el polvo que se les ha pegado a los pies en señal de desaprobación.

         Pero no harán frente los discípulos al rechazo con palabras de condena o cualquier medio de coacción, ni tampoco haciendo uso de su poder para atraer la desgracia del cielo sobre ellos. Sino que han de limitarse a realizar este gesto de desaprobación, y ya se encargará Dios de juzgar las actitudes de cada corazón.

         Es lo que Jesús se encarga de anticipar, con todas sus consecuencias: Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquel pueblo. Y todos conocían seguramente lo que les había sucedido a estas ciudades abrasadas por el fuego, pues a su alcance estaban los documentos históricos que informaban del hecho.

         Es verdad que tales recomendaciones van dirigidas a apóstoles itinerantes, no establecidos en un lugar determinado. Pero en sustancia siguen vigentes y han de ser tenidas en cuenta por todo apóstol de Jesucristo, o aquel que esté centrado en la propagación del reino de Dios en alguna cuestión concreta encomendada.

         Es la concentración de energías, por tanto, lo que debe descentrar en el apóstol todo lo demás (preocupaciones, provisiones y posesiones), incluida la abundancia de medios en la prosecución de los fines. En el asunto de la evangelización, la sobreabundancia de medios puede ser más obstáculo que instrumento a la hora de evangelizar, porque agranda el medio de llevarla a cabo (que Jesús quiere que sea escueto).

         El apóstol de la pobreza, o el que proclama bienaventurados a los pobres (porque de ellos es el Reino de los Cielos), no puede abundar en medios, pues estos actuarán como un contrapeso al mensaje que se pretende hacer llegar, que no es otro que la preeminencia del Reino de los Cielos como único bien supremo.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ·CID, doctor en Teología

 Act: 11/07/24     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A