12 de Julio

Viernes XIV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 12 julio 2024

a) Os 14, 2-10

         La predicación del profeta Oseas termina hoy con una especie de liturgia penitencial. En los vv. 2-4 tenemos la invitación a la conversión y la bella plegaria del Israel convertido. En los vv. 5-10 se ofrece la respuesta de Dios. Es el doble retorno que acaba en aquella intimidad de amor, que a lo largo de toda la obra ha sido figurada por el simbolismo del amor conyugal, simbolismo que describe no simplemente la alianza, la unión entre dos seres, sino también su auténtica dialéctica.

         La conversión y arrepentimiento es un presupuesto para que el hombre pueda ser salvado, presupuesto que muy bien recoge el dicho agustiniano: "Quien te creó sin contar contigo, no te salvará sin ti". Los judíos han hecho una dramática experiencia de la lejanía de Dios, y lo que ahora espera Dios no es que Israel le ofrezca sus dones, sino que se dé él mismo: "Ya se te ha explicado lo que es bueno y lo que de ti pide Dios: que defiendas el derecho y ames la libertad, y que seas humilde en la presencia de tu Dios" (Mi 6, 8).

         La fe en el Dios Salvador significa orientar toda la vida hacia él. Israel ha de estar dispuesto a asignar un nuevo fin a su vida volviendo de nuevo a Dios y abandonando lo que antes centraba su existencia: "Perdona del todo nuestra culpa; acepta el don que te ofrecemos, el fruto de nuestros labios. Nuestra salvación no está en Asiria ni en montar a caballo, no volveremos a llamar dios nuestro a las obras de nuestras manos" (vv.3-4). Las armas, las alianzas y los ídolos, los 3 elementos en los cuales se había apoyado, no serán ya su fuerza.

         La respuesta del Señor representa el triunfo del amor, del cual Oseas era el gran teólogo y poeta. Este amor gratuito de Dios será como el beso del rocío que devuelve el frescor y la vida. La más bella glosa a la teología del amor, de la conversión y del perdón, según Oseas, podría ser la parábola del padre misericordioso, que no habla solamente de la mutación de sentimientos, sino que expone además la respuesta a la conversión. Quien no encuentra el camino de Dios, o quien no se deja hallar como oveja perdida, pierde el sentido de la vida.

Frederic Raurell

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         El libro de Oseas conmovió profundamente a los hombres del AT, por lo que no es de extrañar que el NT se inspire en él, y lo cite con alguna frecuencia. Pues la comunidad cristiana vio en sus páginas la imagen del amor que Cristo tiene a su Iglesia, y místicos como Teresa de Avila y Juan de la Cruz la extendieron a todas las almas fieles, esposas amadas de Cristo.

         En este contexto es donde tenemos que situar las palabras que hoy meditamos. El corazón de Oseas se ha ido vaciando (a lo largo de 13 capítulos) de toda la ira y amargura que se almacenaba en su alma, y que mezclaba el símbolo y la realidad de su dolor. Pero el Dios de Oseas, tan herido y maltratado por su pueblo, no se consume en lamentos estériles y rencorosos, sino que, al final de tanto desprecio, aparece brillando en este último capítulo, en la esperanza de que el pueblo volverá al Señor al cabo de una larga experiencia.

         Pero dicho retorno, del pueblo a Dios, no puede lograrse sin una confesión humilde de los equivocados caminos que se han seguido: "Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste con tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: perdona del todo la iniquidad".

Maertens-Frisque

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         El profeta invita a Israel a la conversión: "Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios". Destruido por su iniquidad, Israel se convierte por fin con palabras sinceras y no hipócritas. Reconoce que no lo salvarán alianzas humanas, dioses falsificados ni holocaustos vacíos, sino la primacía del amor en la fidelidad a la alianza con su Dios. Se vislumbra entonces una felicidad paradisíaca.

         Pero la misma conversión es obra del amor gratuito y generoso de Dios. Él sugiere las palabras, sana la infidelidad, es el rocío vivificador, el fruto procede de su gran compasión. En definitiva, es un Dios que hace triunfar su infinito amor.

         En efecto, Oseas ha transformado el sentimiento de culpabilidad de sus compatriotas. Para él, la falta no consiste en la violación de las tradiciones ancestrales y sacrales, de las que uno se libra por medio de ritos penitenciales, sino en la resistencia a encontrar a Dios en la vida ordinaria.

         El pecado es la negación a ver a Dios en la historia de cada día, de cada momento. Por eso, la conversión a la que invita el profeta es un acto interior, por el que el hombre hace callar su orgullo aceptando que el acontecimiento en que vive es iniciativa de Dios con respecto a él y gracia de su benevolencia. La conversión ha de ser la actitud fundamental del creyente.

         El Señor es el único Dios. Ni las obras de nuestras manos, ni nada fuera de él puede ser Dios para nosotros. Todo pecado es fundamentalmente una idolatría y, por tanto, una defección de la alianza, una infidelidad. Con el Salmo 80, lo proclamamos hoy sinceramente:

"Oigo un lenguaje desconocido, que dice que retiré los hombros de la carga, y mis manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción y te libré. Te respondí oculto entre los truenos, te puse a prueba junto a la fuente de Meribá. Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti, y ojalá me escuchases, Israel: No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero. Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto. Ojalá me escuchase mi pueblo, y caminase Israel por mi camino: Te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre".

Manuel Garrido

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         Meditamos hoy las palabras finales del libro de Oseas, que nos ofrecen las únicas palabras de consuelo y esperanza que aparecen a lo largo de sus 14 capítulos. Pero no creáis que Oseas es un profeta melancólico, sino que su mensaje profundo aparece velado a través de gestos y signos sensibles, con los que el profeta trata de explicar al pueblo sencillo el mensaje de Dios.

         En este caso, ya sabemos lo que le había pasado al profeta Oseas, como el más lastimoso de todos los dramas: la traición de su mujer, que se había convertido en hieródula o prostituta sagrada de Baal.

         El episodio doloroso del profeta, con el que comenzaba su mensaje el lunes pasado, se convierte hoy en el símbolo del amor que Dios tiene a su pueblo. Israel, con quien Dios se ha desposado, se ha conducido como una mujer infiel (como una prostituta), y ha provocado el furor y los celos de su esposo divino. Pero éste sigue queriéndola y, si la castiga, es para atraerla hacia sí y devolverle la alegría del 1º amor.

         En los días anteriores, Oseas había arremetido con furia (mal contenida) contra todo cuanto en la historia de Israel había sido desprecio para el Señor, y sus críticas a las clases dirigentes, a los sacerdotes y a los explotadores, habían sido duras. Hablaba desde su propia rabia (convertida ahora en símbolo), y la palabra de Dios iba adquiriendo todo el fuego pasional de un Dios engañado por su pueblo.

         Y en el pasaje de hoy, y a través de una audacia que sorprende, y una pasión que impresiona, el alma tierna y violenta de Oseas expresa, por 1ª vez en la Escritura, las relaciones entre Dios e Israel mediante la imagen y terminología del amor matrimonial. Todo su mensaje tiene como tema fundamental el amor de Dios, despreciado por su pueblo.

Noel Quesson

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         El profeta Oseas habla a las tribus del norte de antes del destierro (ca. 721 a.C), y les urge a que se conviertan. La 1ª parte del pasaje es una oración humilde del pueblo, prometiendo su vuelta a Dios. Es interesante que el mismo Dios ponga en labios de su pueblo las palabras que está deseando oírle: "Perdona nuestra iniquidad, recibe el sacrificio de nuestros labios".

         El pecado principal había sido contra el 1º mandamiento ("no tendrás otro dios más que a mí"). Por eso, el arrepentimiento se refiere a la idolatría: "No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo (o sea, no buscaremos alianzas militares con pueblos extranjeros) y no volveremos a llamar dios a la obra de nuestras manos (no fabricaremos ni adoraremos ídolos)".

         La 2ª parte es la respuesta amable de Dios acogiendo de nuevo a su pueblo, como se acoge al hijo pródigo que vuelve o a la esposa caprichosa después de su escapada: "Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, seré rocío para Israel". Oseas añade por su cuenta que será sabio el que siga este camino de conversión y prudente el que haga caso de la invitación de Dios.

         ¿Es actual la tentación de la idolatría? ¿Podríamos estar faltando al 1º y más importante mandamiento? Sí, también para nosotros se ha repetido hoy el salmo responsorial: "Yo soy el Señor, Dios tuyo, y no tendrás ningún otro dios extraño, ni adorarás a un dios extranjero. Ojalá me escuchases, pueblo mío, y caminases por mi camino".

         En nuestro caso, dichos dioses no serán ídolos de madera o de piedra, pero sí cualquier otra cosa "fabricada por nuestras manos" (el dinero, el éxito, el placer, la comodidad, las estructuras viciadas...). Pues seguimos teniendo la tentación de pactar con Asiria ("montar a caballo"), poniendo nuestra confianza en los medios humanos, no escarmentando por los fracasos, no liberándonos de aquello que ya nos ha defraudado más de 20 veces. Cada uno sabrá, en un examen de conciencia, cuáles son los ídolos en los que está poniendo demasiado interés, olvidándose de Dios.

José Aldazábal

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         El libro de Oseas termina hoy con una llamada a la conversión, en un oráculo final lleno de esperanza en el amor gratuito de Dios (tema que ha recorrido todo el libro). No obstante, la crítica literaria pone en entredicho el versículo final, ante la desconcertante actuación de Dios (v.10): "Quién sea sabio que lo entienda, quien sea inteligente que lo comprenda. Los caminos del Señor son llanos, por ellos caminan los justos, y en ellos tropiezan los pecadores".

         En resumen, Oseas lanza una última llamada a la conversión sincera, que debe hacerse presente en (v.4):

-un culto sincero, que se manifieste en las actitudes de la vida,
-la seguridad, puesta en Dios (misericordioso y salvador) y no en el poder político (Asiria), ni militar (los caballos), ni sincretista (en los ídolos).

         Dios responde a este proyecto de Oseas anunciando la victoria del amor sobre la cólera, de un amor gratuito que no pone condiciones: "Seré rocío para Israel".

         Oseas había utilizado en todo su libro figuras y símbolos para expresarse, a la hora de encarar la cuestión agrícola de Samaria (que había recurrido a los dioses fenicios de la fertilidad). En ese sentido, asegura Oseas que Dios es el rocío, y con él habrán nuevas flores, y estarán arraigados los árboles arraigados, y se expandirán los aromas exquisitos, y habrá abundancia de trigo, y se fabricarán exquisitos vinos. Todas ellas son figuras que aparecerán también en el Cantar de los Cantares, en un clima de amor. Vuelve así la idea del cap. 2: "Yo les hablaré al corazón".

         Israel sabrá cortar definitivamente con los ídolos fenicios, y volverá a poner toda su seguridad en el Señor, y la idolatría ha sido vencida. Y todos sus frutos provendrán del Señor.

Servicio Bíblico Latinoamericano

b) Mt 10, 16-25

         Los predicadores del evangelio, deben esperar para ellos la misma suerte de su Señor. Lobos, entrega, azotes, "conducidos ante gobernadores y reyes", "entregados a la muerte", ser odiados y perseguidos... Ciertamente, los anuncios son duros. Por ello se invita a una serie de actitudes: prudencia, sencillez, testimonio, "no preocuparse", perseverancia e incluso huir. Y tienen garantizada la presencia del Espíritu del Padre, que hablará por ellos en el juicio.

         Como es de esperar en Mateo, los perseguidores están relacionados a Israel: "sinagogas y sanedrines" y los 39 azotes. Es interesante notar el cambio que opera Mateo al texto de Marcos: en éste el acento está en que se debe predicar "a todas las naciones". En cambio, Mateo señala que el testimonio (martirio) de los perseguidos es "para ellos" (los judíos) y "para las naciones" (los no judíos). Por eso la referencia a "sinagogas y sanedrines" (de los judíos de la diáspora) parece ser una continuación de lo que ocurrió a Jesús ("reyes y gobernadores").

         El esquema de la persecución es judicial: se supone a los discípulos ante tribunales, como el mismo Jesús. Es interesante que ideas muy semejantes, e incluso idénticas se repiten al final del evangelio, terminando con la misma idea: "El que persevere hasta el fin, se salvará" (Mt 24, 9-14).

         Como en Marcos, este último texto aparece en el discurso final. Pero Mateo lo ha adelantado poniéndolo también aquí; el discurso conclusivo (o Discurso Escatológico) relaciona el fin de los tiempos de Jesús, con el fin de los tiempos de Israel. Lo que ha hecho Mateo en este caso es relacionar esto con el futuro, la casi segura persecución de los cristianos (aunque en tiempos de Mateo ya era algo que se experimentaba).

         Ciertamente las persecuciones que esperan a los seguidores de Jesús ("en mi nombre") son anticipo de los tiempos finales y definitivos (escatológicos). El principio de la predicación de la Iglesia es ya parte de los tiempos finales. El martirio no es sino confirmación de esto. Los cristianos, continuadores de Jesús, deben continuar su palabra y obra. Los adversarios, continuadores de la obra del anti-Reino serán siempre opositores de la obra de Dios. Y los testigos (mártires), continuadores de la predicación, persecución y muerte de Jesús, son seguidores del camino abierto con la resurrección.

         El último versículo presenta varias dificultades, especialmente con respecto a su origen. Pero más allá de esta cuestión, lo importante es que Jesús pretende comunicar aliento a sus discípulos. ¿A qué se refiere con la llegada del Hijo del hombre? ¿A la caída de Jerusalén? ¿A la resurrección de Jesús? ¿A Pentecostés? ¿A la venida del Reino? Sea como fuere, no se debe olvidar que también a los judíos, aunque tengan una actitud belicosa con la comunidad cristiana, se debe predicar el Reino.

Juan Mateos

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         La situación de los discípulos en medio de la sociedad será como la de hombres inermes ante enemigos despiadados. Así como la perícopa anterior trataba de la actitud de los discípulos y su trabajo por la paz (Mt 5, 3.7-10), en ésta se describe la persecución de que van a ser objeto (Mt 5, 10). El programa de las bienaventuranzas se verifica en la vida del discípulo. La actitud de éstos ante la sociedad hostil es, por una parte, de prudencia y cautela, sin meterse en la boca del lobo; por otra, de ingenuidad y sencillez, sin ser intrigantes ni retorcidos (v.16).

         Jesús desarrolla el aspecto de la cautela: no fiarse de cualquiera, porque hay muchos dispuestos a traicionarlos y entregarlos a los tribunales. Es un aviso equivalente al dado en Mt 7,6. No tienen por qué manifestar a cualquiera el contenido del mensaje que llevan. La sociedad no tolera ese mensaje, que pone en cuestión sus mismos cimientos.

         De ahí la acción de los tribunales, lo mismo judíos que paganos, que será la prueba de su injusticia. En esta circunstancia difícil no deben preocuparse de lo que van a declarar ante el tribunal, pues tendrán una ayuda particular del Padre por medio del Espíritu. Se verificará lo anunciado en la bienaventuranza sobre la persecución (Mt 5, 10); el rey de los perseguidos es el Padre, y su amor no les faltará un momento.

         El mensaje causará divisiones tremendas en la misma familia. Unos delatarán a otros, y harán que sean condenados a muerte. La sociedad no soportará a los discípulos. La salvación está en mantenerse firmes hasta el final. Para el discípulo, esta clase de muerte no es un fracaso, sino un éxito que corona toda su vida. Si se encuentran perseguidos en una ciudad, deben huir a otra. No faltarán ciudades antes de "la llegada del Hijo del Hombre".

Fernando Camacho

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         "Mirad que os mando como ovejas entre lobos". Los apóstoles están bien advertidos: parecen entregados, mansos y sin defensa (ovejas), a la brutalidad y a la fuerza de sus adversarios (lobos).

         El reino de Dios se revela en la debilidad de Jesús y de sus mensajeros. San Pablo dirá también que "la fortaleza de Dios encuentra su cumplimiento en la debilidad" (2Cor 12, 9). Toda la historia de la Iglesia confirma esta verdad. Son los pequeños y los humildes los que han hecho las mayores obras. ¿Creo verdaderamente que la fuerza de Dios es capaz de hacer grandes cosas en mi debilidad?

         Jesús toma sus comparaciones del mundo animal. Y anuncia la persecución a sus apóstoles, pero les pide que no se expongan inoportunamente. Jesús nos pide que seamos cautos, es decir inteligentes, hábiles, finos (como serpientes). Sin embargo hemos de conservar la ingenuidad, es decir la "candidez", la simplicidad, sin disimulo, sin segunda intención (como palomas). Es preciso que se perciba que los mensajeros del evangelio sólo se ocupan de Dios y no buscan su propio provecho.

         Pero Jesús no esconde la verdad a sus apóstoles, y por eso les dice: "Os llevarán a los tribunales, y os conducirán ante gobernadores y reyes por mi causa". El evangelio provoca a veces la oposición y la persecución. Pero esto no espanta a Jesús, y por eso nos pide a nosotros que nos mantengamos valientes, como él. Los apóstoles, por tanto, no han de inquietarse. Y no han de contar con su sola inteligencia para encontrar las palabras oportunas, pues hay "en ellos" Espíritu de Dios, que "habita en nuestros corazones".

         La oposición y la persecución vienen, a veces, de la propia familia: "Un hermano entregará a su hermano y un padre a su hijo". El odio puede nacer en todas partes. Jesús nos sugiere una sola solución: aguantar y permanecer fieles. Es decir, conservar la firmeza y el valor, contra toda decepción, contra toda oposición y contra todo fracaso. Lo que cuenta, es la salvación eterna, salvarse y saber que Jesús está con nosotros.

         Jesús nos promete que viene, que le veremos, que viviremos con él. En la oscuridad del fracaso estamos seguros de esto: Jesús vendrá con toda certeza y salvará a los suyos.

Noel Quesson

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         En el Discurso Misionero de hoy, Jesús anuncia a los suyos que tendrán dificultades y persecuciones. Las comparaciones están tomadas ahora de la vida de los animales: lobos y ovejas, serpientes y palomas. Y consciente de que serán perseguidos, les recomienda estas 2 cualidades: la sagacidad de las serpientes (para saber discernir la presencia de los lobos, y no provocar inútilmente a los opositores) y la sencillez de las palomas (sin doblez ni complicaciones).

         Convencido de que "los llevarán ante los tribunales, y los odiarán" hasta la muerte, Jesús invita a sus discípulos a confiar en la ayuda de Dios: el Espíritu Santo estará a su lado y les dará su luz y su fuerza.

         Cuando Mateo escribió su evangelio, la comunidad cristiana ya sabía mucho de persecuciones y excomuniones y hasta de martirios. El libro de los Hechos nos lo atestigua abundantemente. Basta recordar el martirio de Santiago y Esteban, así como la historia de los 2 grandes héroes de la primera generación, Pedro y Pablo.

         A lo largo de la historia, la comunidad de Cristo ha seguido padeciendo problemas internos y externos. Ya se lo había avisado Jesús. También en el mundo de hoy, anunciar el evangelio nos expone a malentendidos y reacciones contrarias. El martirio, o testimonio hasta la muerte, sigue siendo actual. Se repiten los casos, sobre todo en países de misión, o allí donde cristianos valientes denuncian atropellos e injusticias.

         Pero esto no nos tiene que desanimar, ni hacernos cejar en nuestro empeño evangelizador: "Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra". Lo importante es seguir anunciando a todos el amor de Dios. Si no es de un modo, será de otro.

         Si estamos convencidos nosotros mismos de que la salvación está en Cristo y en el estilo de vida que nos propone, ya encontraremos el lugar y el modo de comunicarla a los demás. Con prudencia y, al mismo tiempo, con sencillez, ayudados por el Espíritu de Dios. Tenemos trabajo hasta el fin del mundo, hasta la vuelta del Señor. Y "el que persevere hasta el final, se salvará".

José Aldazábal

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         En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: "No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales". Ser cristiano es fruto de un conocimiento conceptual y experiencial de Cristo. Se trata de conocer y creer en sus palabras y, además, ponerlas en práctica llevando el mismo estilo de vida que él llevó. O aceptamos correr su misma suerte viviendo lo que sabemos y creemos o no nos llamemos ni consideremos cristianos.

         Nuestra fe es profética por naturaleza. El profetismo es un aspecto constitutivo del cristianismo. Desde la experiencia de fe hay que anunciar el reino de Dios en este mundo y denunciar cuanto lo impide o dificulta. Si la fe cristiana deja de ser profética pasará a ser vergonzante. Si callamos ante la injusticia, la opresión o el pecado por no complicarnos la existencia, viviremos un cristianismo acomodaticio y falso.

         Si optamos por Dios en favor de los hombres entraremos en conflicto con los poderes de este mundo, que subyugan y esclavizan a sus súbditos. Y encontraremos entonces la persecución, la incomprensión y toda serie de calamidades se nos vendrán encima.

         Jesús anuncia la imposibilidad de vivir auténticamente la fe sin un compromiso personal contra toda suerte de pecado. Recomienda prudencia y promete asistencia del Espíritu que anima la vida del creyente y advierte que desde la fortaleza/valentía se superarán las dificultades.

         Las guerras en nombre de Dios han de ser vividas en voz pasiva, nunca en activa. Somos los cristianos los que seremos perseguidos, nunca perseguidores. Cuando se mata en nombre de Dios se engendra ateísmo, cuando se muere engendramos cristianismo. Mirémonos en el espejo de la historia para no cometer los mismos errores del pasado.

Benjamín Oltra

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         "Como ovejas en medio de lobos": he aquí el sello que nos permite reconocer a los discípulos, en cualquier etapa de la historia. Un humilde predicador, atacado por un poderoso que defendía el brillo mundano de sus posiciones sacudidas por la elocuencia del evangelio, se limitó a dar esta respuesta: "Una sola cosa me interesa en este caso, y es que Jesús no vea en mí al lobo sino al cordero".

         "Como las serpientes". Entre los pueblos de Oriente la serpiente era símbolo de la prudencia y de las ciencias ocultas. Nótese, como apunta San Gregorio I Magno, que "el Señor recomienda la unión de la prudencia con la sencillez, ésta para con Dios y aquélla para con los hombres", como vemos en el v. 17.

         Mateo sabe adaptar a su tiempo y sus destinatarios el mensaje de Jesús. El Señor había invitado a sus seguidores a continuar su predicación, pero esto, en tiempos de Mateo tenía otro color. Como al mismo Maestro, los judíos los rechazaban, y denunciaban. Eran hermanos que entregaban a hermanos. Predicar a Jesús suponía entrar en conflicto con los mismos que lo habían matado, y la muerte de los cristianos (o ser sometidos a juicio) no era algo lejano. Mateo sabe mostrar a sus compañeros que los seguidores de Jesús deben esperar correr su misma suerte.

         Claro que eso no supone el masoquismo de buscar y desear seguir esa suerte. Lo que se debe desear es predicar el Reino; por eso propone, si es necesario, huir; hacen falta predicadores, fieles no mártires; aunque si llegara el momento debamos dar testimonio (con la vida y con la muerte) de ese reino que predicamos.

         Ciertamente algunas cosas han cambiado: hoy no son sanedrines y sinagogas, pero siempre hay poderes con los que se enfrenta el mensaje del evangelio: el poder político, el poder del dinero, el poder de la muerte. Precisamente este poder no soporta que se predique un mundo diferente, donde reine la gratuidad, la fraternidad, la solidaridad. Si hubiera gratuidad el mercado se derrumbaría, si hubiera solidaridad la competencia quebraría, si hubiera fraternidad se derretiría el muro nuevo edificado sobre el egoísmo.

         Quizás debamos preguntarnos, frente a una sociedad armada sobre esos anti-valores: ¿Por qué no molesta ya a los poderes el mensaje cristiano? ¿Habremos perdido la capacidad de ser levadura? ¿Habremos perdido la fuerza del testimonio? ¿O habremos domesticado el mensaje del evangelio? ¿Somos ovejas en medio de lobos, o nos hemos mimetizado con la jauría?

Gaspar Mora

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         Jesús recuerda hoy que la lucha del discípulo contra el mal está en desventaja: "Os envío como ovejas en medio de lobos". El discípulo es pobre y está inerme; sólo es rico en fe en la validez de su anuncio. La misión exige un ambiente de debilidad, pero una debilidad que colme la presencia del Señor (Mt 28, 20). Parece que Dios exige un ambiente de debilidad para forzar al discípulo a la fe y para quitarle, a él y a los demás, cualquier ilusión: es Dios el que obra; no los hombres.

         Pero la debilidad no es presunción, ligereza, superficialidad e ingenuidad. Simples y prudentes, son las palabras de Cristo. La simplicidad es lealtad, trasparencia, confianza en la verdad y, por tanto, rechazo de cualquier subterfugio y de todo medio de violencia, la prudencia es la capacidad (y la humildad) de valorar las situaciones concretas. Pero se trata siempre, por supuesto, de la prudencia de Cristo, no de la prudencia del mundo, basada en cálculos cínicos, diplomacia y compromisos, siempre en busca de una salvación propia.

Bruno Maggioni

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         ¿Hay algo más opuesto que una serpiente y una paloma? Y sin embargo, se nos pide tener algo de ambas. Bonita mañana de Israel en que Jesús propuso esta tarea. ¿Cómo será posible?

         La paloma es el animal de los parques de nuestra infancia, al que hay que dar de comer en la boca o hacerle un palomar en el pueblo; y el que, con su rama de olivo en la mano, anuncia la paz. La serpiente, por el contrario, es un animal temido, sibilino, escurridizo, que aparece sin avisar... ¿Se puede ser, a la vez, sagaz y sencillo? ¿Será quizás una manera de mostrarse ante las dificultades, que huya tanto del temor como de la falsedad?

         Se me ocurre que Jesús, en aquella mañana soleada de Galilea, ante la mirada de los suyos, mezcla de interés y de asombro, pudo continuar diciendo:

-sed ágiles como los corredores, para arriesgar y avanzar sin estar dando vueltas eternamente a lo mismo; pero de los que saben esperar a los que van más lentos, como los peregrinos;

-sed objetivos con la realidad como los científicos, para descubrir la verdad de las cosas; pero parciales como los ideólogos para posicionaros al lado del más débil, de lo más justo, de lo que merece la pena;

-sed firmes como los soldados, para tener criterio y no confundir a los demás; pero flexibles como los gimnastas, para adaptarse a cada persona, a cada circunstancia y poder perdonar y dar una nueva oportunidad;

-sed exigentes para que no os den gato por liebre, pero lo suficientemente ingenuos para seguir confiando, esperando y amando a pesar de todo.

         Y cuando os pregunten "¿cómo será eso posible?", vosotros decid, con esa mezcla de sagacidad y sencillez: "El Espíritu nos guía hasta la verdad plena".

Luis Manuel Suárez

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         Comienza la 2ª parte del llamado Discurso de la Misión, centrada en las dificultades que los discípulos encontrarán para cumplir su tarea y en las persecuciones de que van a ser objeto. El programa de las bienaventuranzas lo viven los discípulos. Para subsistir en medio de una sociedad hostil deberán actuar con prudencia y cautela, con sagacidad y prudencia, cautos como la serpiente e ingenuos como la paloma, porque estarán como ovejas entre lobos.

         Jesús les recomienda no fiarse de cualquiera porque hay muchos que quisieran enviarlos a los tribunales; la sociedad no tolera un mensaje que cuestiona sus fundamentos. Por esos los primeros enemigos serán los judíos, ante cuyos tribunales serán llevados. Pero no deben preocuparse, porque allí darán testimonio ante ellos y los paganos, con la ayuda particular del Padre, por medio del Espíritu.

         Más doloroso serán las divisiones en las propias familias. El discípulo debe conservarse firme ante el peligro de muerte porque esta muerte no es un fracaso sino un éxito; pero también se les recomienda huir a otra ciudad. Una vez más se constata que la sociedad no tolera a quien quiere el cambio.

         Todas estas recomendaciones son también para quienes hoy se han comprometido con el ministerio de la evangelización y la catequesis. La sociedad de consumo no admite que se le cuestione, pero la fuerza del Espíritu sostiene y anima la empresa más necesaria para volver el mundo hacia Jesucristo.

Emiliana Lohr

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         Hoy el evangelio remarca las dificultades y las contradicciones que el cristiano habrá de sufrir por causa de Cristo y de su evangelio, y como deberá resistir y perseverar hasta el final. Jesús no ha prometido a los suyos un camino fácil, sino todo lo contrario. Por eso, ya por adelantado les dijo: "Seréis odiados por todos, a causa de mi nombre" (v.22).

         La Iglesia y el mundo son 2 realidades de difícil convivencia. El mundo, que la Iglesia ha de convertir a Jesucristo, no es una realidad neutra, como si fuera cera virgen que sólo espera el sello que le dé forma. Esto habría sido así solamente si no hubiese habido una historia de pecado entre la creación del hombre y su redención. El mundo, como estructura apartada de Dios, obedece a otro señor, que el evangelio de Juan denomina como "el señor de este mundo" (el enemigo del alma), al cual el cristiano ha hecho juramento (en el día de su bautismo) de desobediencia, de plantarle cara, para pertenecer sólo al Señor y a la madre Iglesia.

         Pero el bautizado continúa viviendo en este mundo y no en otro, y no ha de renunciar a la ciudadanía de este mundo. Por ello, los deberes de ciudadanía cívica son también deberes cristianos; pagar los impuestos es un deber de justicia para el cristiano. Jesús dijo que sus seguidores estamos en el mundo, pero no somos del mundo (Jn 17, 14-15). No pertenecemos al mundo incondicionalmente, sólo pertenecemos del todo a Jesucristo y a la Iglesia, verdadera patria espiritual, que está aquí en la tierra y que traspasa la barrera del espacio y del tiempo para desembarcarnos en la patria definitiva del cielo.

         Esta doble ciudadanía choca indefectiblemente con las fuerzas del pecado y del dominio que mueven los mecanismos mundanos. Repasando la historia de la Iglesia, Newman decía que "la persecución es la marca de la Iglesia, y quizás la más duradera de todas".

Josep Laplana

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         El evangelio de hoy parece un informe policial acerca de las persecuciones que experimentaron los primeros cristianos. Aunque, a decir verdad, una investigación policial jamás encontraría la clave por la que esos discípulos de Cristo afrontaban esa difícil situación. Porque, ¿cuál es esa clave? ¡La ayuda del Espíritu! 

         El evangelio lo dice con claridad: "No seréis vosotros los que habléis. El Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros". La misión no es un asunto nuestro. No estamos llamados a convertirnos en abogados defensores de Dios, como si fuéramos su guardia pretoriana. Las riendas de la historia, incluso en los momentos más sombríos, más opacos, las lleva el Espíritu.

         De aquí se derivan 3 actitudes para afrontar el tiempo presente: la confianza, la sagacidad y la sencillez.

         La confianza es la más importante, y constituye el sustrato de las otras dos. Significa creer que Dios quiere a la humanidad y no la abandona a su suerte, que todas las cruces esconden el germen de la resurrección, que el amor no puede ser derrotado.

         La sagacidad nos ayuda a vivir con los ojos abiertos para distinguir el bien del mal, para no dejarnos embaucar, para no confundir la palabra de Dios con las muchas palabras vanas que nos inundan cada día. Es la virtud de los inteligentes, de los que no se contentan con las apariencias sino que han aprendido a "leer por dentro" (intus-legere).

         La sencillez es patrimonio de los humildes y buenos, de los que no enmascaran la verdad, de los que tienen un corazón limpio para entender las cosas de Dios: "Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los sencillos".

Gonzalo Fernández

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         Ante la lectura del pasaje de hoy podríamos preguntarnos: ¿Por qué habrían de perseguir a los seguidores de Jesús? ¿Por qué me han de perseguir a mí? La respuesta la da el mismo Jesús, en el evangelio de Juan: "Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán".

         Esta persecución es debida a que la vida cristiana muchas veces se opone radicalmente a los intereses egoístas del mundo. Por eso cuando una persona verdaderamente se convierte en un discípulo de Jesús, dado que sus criterios y valores se regulan por el evangelio y su vida es dirigida por el Espíritu Santo, los amigos, a los cuales les gusta mantener conversaciones obscenas o irreligiosas, frecuentar lugares inconvenientes o realizar acciones contrarias a la moral y principios cristianos, comenzaran a rechazarlos, a no invitarlos y a excluirlos del grupos de amigos.

         Lo mismo si el cristiano hace manifiesto su discipulado en la oficina viviendo las normas de la justicia, muchas veces no encontrará apoyo en su compañeros, e incluso, si llega a oponerse radicalmente a la injusticia, puede hasta perder el puesto.

         Efectivamente la vida cristiana no siempre es fácil, pero es la única vida que proporciona al hombre la verdadera paz y la alegría interior que no tienen fin. Hoy más que nuca Jesús necesita de hombres y mujeres fieles al evangelio que sean capaces de testificar ante los demás su amor por él. No tengas miedo, él nos ha ofrecido que estará con nosotros y que en ese momento seremos asistidos por la fuerza y el poder del Espíritu Santo.

Ernesto Caro

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         Ovejas, lobos, serpientes, palomas... Hoy los animales son el recurso que Cristo emplea en su evangelio, a la hora de enseñarnos a caminar con prudencia y audacia, con sabiduría y humildad. Tales imágenes zoológicas tienen su punto de partida en que hay una incompatibilidad radical entre la oferta de Cristo y lo que el cristiano hallará en el mundo. Nuestra existencia es paradójica y por eso debe aprender a unir realidades paradójicas, como las que representan las serpientes astutas y las palomas sencillas.

         El criterio fundamental para el cristiano, por tanto, parece ser sólo uno: conservar la conciencia del tesoro que has recibido. No se trata de que lo escondas, porque ya ves que Cristo te envía; pero tampoco se trata de que lo desperdicies, porque es Cristo quien te lo ha dado, y el precio ha sido su amor hasta el extremo de la cruz. No esconder y no desperdiciar: dar con sabiduría, con humildad, con generosidad, con pureza de alma.

Nelson Medina

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         Jesús prosigue su enseñanza advirtiendo a sus discípulos sobre las dificultades que encontrarán en su misión. Estas dificultades no serán un obstáculo sino una significativa oportunidad para dar testimonio de él. La adversidad del mundo con sus autoridades y aparato legal no oculta la verdad de Jesús sino que la pone en evidencia: lo más importante es la vida del ser humano.

         Para comunicar ese testimonio no será necesario una vasta preparación intelectual, sino, ante todo, una profunda experiencia de Jesús. El discípulo actuará como un profeta y de su boca saldrán palabras inspiradas por el Espíritu. Su mensaje no estará a favor de sí mismo sino a favor del proyecto de Jesús: el reino de Dios. De modo que el testimonio no va a ser nunca publicidad de sí mismos ni del grupo religioso ni de los intereses particulares.

         El testimonio no dejará impávidos a quienes lo escuchen. La reacción negativa será inmediata, pues las palabras del Espíritu cuestionarán las injusticias del orden vigente. El testimonio divide a los que están a favor del Reino de los que están a favor del lucro. Por eso, no importará si son amigos o parientes quienes se sienten cuestionados por la Palabra. Esta sacará la verdad a la luz: o con Jesús o contra él, o a favor de su proyecto de vida o contra él.

         El discípulo que se mantenga fiel a Jesús optará por la vida y, así, se salvará. La fidelidad al Reino evidencia el conflicto que produce en la sociedad, familia y comunidad el llamado de Dios a la solidaridad. La opción que tomemos ahora entre el proyecto de vida de Dios y los intereses de una mentalidad explotadora, decidirá la salvación futura. Lo que hoy hacemos nos pone de parte de Jesús o contra él.

Severiano Blanco

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         El trabajo por la paz encontrará siempre la oposición de una sociedad autosatisfecha en su falsa paz y que se resiste a las transformaciones que exige aquella tarea.

         De ahí la condición de los enviados en medio de la sociedad humana del tiempo de Jesús y del evangelista y también en toda sociedad estructurada a partir del egoísmo humano. El discípulo frente a esas sociedades se sitúa como oveja frente a lobos. Su condición será siempre la de presentarse sin armas, indefenso frente a quienes han hecho del uso de la fuerza su única razón. Esta indefensión es condición inherente a la condición del discípulo de Jesús.

         En una situación así descrita, el discípulo deberá asumir la cautela necesaria para enfrentar la vida en medio de este mundo hostil y deberá revestirse de una confianza a toda prueba en la asistencia de Dios a su actuación.

         Lo 1º que se requiere es la sencillez de comportamiento unida a la prudencia. Para esta enseñanza se toman como referencia las actitudes respectivas típicas de palomas y serpientes. Estas son las condiciones con que deberán salir al paso de las dificultades originadas por la delación y la denuncia que los obligarán a comparecer ante el poder civil y el poder religioso.

         Frente al poder imperial de Roma, las comunidades de Mateo conocen la persecución de los paganos, en cuyos tribunales deben presentarse frecuentemente. También conocen los castigos sinagogales que la dirigencia farisea inflige a los que se separan de su interpretación religiosa. Sin embargo, ese conjunto de dificultades sirve para la difusión del mensaje, y es una una ocasión más para mostrar el contraste entre los valores evangélicos y los valores de este mundo.

         Esa comprensión de la persecución como oportunidad de difusión del mensaje debe estar acompañada en los discípulos de una confianza inquebrantable en Dios, que es la fuente del mensaje y que está comprometido en su difusión. Esta confianza inquebrantable les ayudará a superar toda angustia y todo cálculo humano de defensa ya que el mismo Dios comunicará su fuerza para poder demostrar la injusticia de los adversarios.

         El rechazo social a los valores proclamados por los mensajeros, causará divisiones en el círculo más íntimo de éstos. La división afectará el ámbito de la propia familia que compartirá el rechazo de la sociedad y hará causa común con ésta recurriendo a la delación y causando la muerte de los enviados.

         El odio será la reacción más común que encontrarán los discípulos de Jesús porque su mensaje no deja indiferente a nadie. Este contexto de decisión última por o en contra de Jesús es el ámbito en que se desarrolla siempre la tarea evangélica.

         Ante esta situación se hace un último llamado de atención que, es a la vez, una palabra de seguridad y consuelo: el que perseverare hasta el fin se salvará. La persecución y la muerte no pueden triunfar sobre el mensaje evangélico y sobre todos aquellos que se han comprometido con él.

         Los valores evangélicos siempre suscitan oposición en el ámbito que se proclaman. Sus mensajeros no pueden retroceder ante esas oposiciones ni entrar en compromisos para suavizar su contenido. La prudencia, pero también, el coraje y la confianza absoluta en la obra encomendada deben ser propias de los seguidores de Jesús.

Confederación Internacional Claretiana

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         Jesús advierte hoy a sus discípulos las consecuencias de la puesta en práctica del reino de Dios, y la serie de suplicios por la que deberán pasar, víctimas de la proclamación del mensaje de Jesús (amor al enemigo, cuidado a los pobres, cumplir hasta la última tilde, no fiarse de la gente...).

         Está clara, pues, la suerte que deberán correr los enviados a la misión (vv.21-23), y todo ello por causa de Jesús. Por eso, en el momento de la predicación es cuando recibimos los cristianos el don del Espíritu, a la hora de hablar y de dar testimonio.

         De esta manera, es predecible el conflicto que conlleva pretender instaurar un orden nuevo de cosas (el de Jesús) y rechazar las viejas instituciones del mundo (que no se quedarán quietas, sino que se enfrentarán a la novedosa propuesta del reino de Dios). El seguimiento de Jesús es ruptura (división) con el orden antiguo, viciado y desviado de este mundo.

         En esta nueva propuesta, abierta contra toda desesperanza, es necesario sumergirse en la mente de Jesús, que tiene presente que la persecución será debida a lo que él ya denunció: el fin del imperio de la ley y del templo religioso, símbolos de todas las estructuras civiles (que manejan ventajosamente el poder de este mundo) y religiosas (que se negarán a reconocer la era escatológica del Mesías).

         El mundo presente es un lugar propicio para releer el evangelio y volver a tomar opción por el mensaje liberador de Jesús, en defensa de la vida verdadera. Estamos llamados a ponernos en camino (en medio de las amenazas, persecuciones y el temor por perder la propia vida) y anunciar el reino de Dios (denunciando toda injusticia y construyendo una nueva sociedad, la del reino de Dios).

Servicio Bíblico Latinoamericano

c) Meditación

         Jesús sigue dando hoy instrucciones a sus apóstoles, sus enviados para la misión: Mirad que os mando como ovejas entre lobos. Por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa. Así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.

         Aunque se hallen entre lobos, por tanto, los apóstoles han de permanecer como ovejas, y no han de transformarse en lobos, ni responder a la ferocidad de quienes les rodean, ni combatir con la misma ferocidad, pues lo propio de las ovejas es la mansedumbre y la humildad.

         Pero el hecho de estar entre lobos hace muy conveniente el uso de la sagacidad (el que sean ovejas sagaces), pues una cosa no está reñida con la otra, y la sagacidad les puede servir para sortear peligros y escapar de trampas. De hecho, el mismo Jesús usó de esta sagacidad a la hora de escapar de las trampas dialécticas que le tendieron con frecuencia sus adversarios (los fariseos).

         Sagacidad es perspicacia a la hora de discernir las buenas o malas intenciones de los que se acercan a nosotros con alguna propuesta. Sagacidad es inteligencia para saber responder en situaciones de apuro, o para advertir la malicia de una proposición, o para saber estar prevenidos frente a esa gente de la que no deben fiarse.

         ¿Y por qué no deben fiarse de esa gente? Lo dice Jesús: Porque os denunciarán, os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante reyes y gobernadores. Y todo por causa de Jesús, el Hijo del hombre.

         Es decir, que los apóstoles no han de actuar por lo que va con (o contra) ellos, sino por lo que representan, porque el seguido (o perseguido) es Cristo, como lo fue en su momento y lo seguirá siendo en sus representantes.

         Yo soy Jesús, a quien tú persigues, oyó decir Saulo de Tarso. Y eso mismo se cumple siempre en toda persecución contra los cristianos. Si los cristianos son perseguidos, lo son por el hecho de ser cristianos y encarnar lo cristiano, y no por sus apellidos, o rango social o posesiones, sino por llevar una cruz en la frente y mostrarse partidarios del Crucificado.

         La historia de las persecuciones nos muestra que, lo que en realidad se persigue, es lo cristiano, ya se encuentre esto en las personas, en los signos o en las instituciones. Es el odio a lo cristiano lo que acaba desencadenando la persecución, sobre todo a los ungidos por el espíritu de Cristo.

         Si hemos que llevar consigo esta situación de rechazo, de forma sistemática, lo mejor que se puede hacer es asumirlo e intentar sacar de ello algo positivo (si es que lo tiene). Es lo que nos dice Jesús: Así tendréis ocasión para dar testimonio. Es decir, de mostrar lo que son: personas a favor de alguien (del Crucificado) por quien merece la pena arriesgar la vida. Entonces, el testimonio adquirirá mayor grado de verosimilitud, y se hará más creíble todavía.

         Respecto a las instrucciones para esos tiempos de persecución, Jesús detalla cómo ha de hacerse ese testimonio: Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis, pues en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir. No seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

         Es decir, que el momento de la prueba no es tiempo para foros, ni para discursos, ni para argumentaciones. Ni tampoco para preocuparse, pues lo que aquí importa no es el discurso (el qué digo, o cómo lo digo), sino el testimonio de estar a favor de Cristo.

         Lo que importa en estos momentos, por tanto, no es el discurso, sino el espíritu. Y esa será nuestro mayor poder de persuasión, muy por encima de las bellas composiciones retóricas. Pero para eso se requiere estar centrados en el Espíritu de Cristo, en disponibilidad martirial.

         En esta situación, en la que el odio impondrá su ley y hará saltar por los aires los lazos más sagrados, los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, y los padres a sus hijos. También se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán, y el panorama será realmente tenebroso. Es lo que hay que saber que pasará, porque lo dice Jesús y porque la historia lo irá corroborando una vez tras otra, con un realismo que supera los más oscuros presagios.

         Realmente, cuesta entender que unos padres entreguen a sus hijos (cristianos) a la muerte, o que unos hijos denuncien a sus padres (cristianos) a la pena capital. Pero así fue, no muchos años después de la muerte de Cristo, y cuando el odio profetizado por Jesús se desató, y empezó a perseguir y exterminar cualquier atisbo de existencia cristiana, a base de relato martirial tras relato martirial.

         El odio contra lo cristiano, por tanto, es más fuerte en un anti-cristiano que sus vínculos familiares más básicos. Es un odio que no repara en los daños colaterales, que olvida el parentesco o el afecto, y que se dedica a buscar, denunciar y matar cualquier cosa cristiana que se encuentra a su paso.

         Todos os odiarán por mi nombre, apostilla Jesús. Es decir, he aquí la razón de ese odio: el nombre de Jesús. Porque el que odia este nombre odia también todo lo que lleva este nombre, que no es otro que el nombre de cristiano.

         Más allá del odio y sus estragos, concluye Jesús, seguirá habiendo futuro, pues el que persevere hasta el final se salvará. Tal es la recompensa de los que perseveren (fieles) hasta el final, en medio de las dificultades y las persecuciones.

         He aquí, por tanto, la clave: la perseverancia hasta el final. Porque no transcurrirá mucho tiempo hasta que llegue ese final, y entonces el deseo del premio (la salvación) será más fuerte que el miedo al tormento. Creedme, añade Jesús: No terminaréis con las ciudades de Israel antes que vuelva el Hijo del hombre.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ·CID, doctor en Teología

 Act: 12/07/24     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A