26 de Agosto

Lunes XXI Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 26 agosto 2024

a) 2 Tes 1, 1-5.11-12

         Las cartas I y II de San Pablo a los tesalonicenses son las primeras epístolas escritas por él (ca. 51) y los primeros textos del NT. En esta fecha, 20 años después de la muerte de Jesús, las tradiciones evangélicas eran ya divulgadas oralmente, pero no habían sido aún redactadas por escrito. Las cartas a los habitantes de Tesalónica fueron, pues, el 1º documento escrito de la fe cristiana.

         Pues bien, veamos cuál fue esa 1ª palabra escrita del NT, y las siguientes: "Nosotros, Pablo, Silvano y Timoteo nos dirigimos a vosotros. Gracia y paz de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo". Como se ve, Pablo no está solo, sino que vive en un equipo apostólico. Da a los cristianos, Señor, y en particular a los sacerdotes, este espíritu de cooperación.

         Pablo y sus compañeros desean a sus fieles "la gracia y la paz", de parte de Dios Padre y de Jesús. He ahí, pues, una comunidad que vive a un muy alto nivel de relaciones, que vive "en Dios" y "en Jesús" como su hábitat vital: "A vosotros, Iglesia de Tesalónica que está en Dios y en Jesucristo el Señor".

         No obstante, estas personas no eran personas extraterrestres, sino ciudadanos de la gran metrópoli que era Tesalónica, capital de Macedonia y enclavada en plena vía Egnatia, que unía el Mar Egeo al Mar Adriático. Se trataba de un lugar de tránsito, donde se mezclaban numerosas razas y florecientes centros comerciales. Habían pasado sólo unos meses desde que habían visto llegar a Pablo por 1ª vez (Hch 17, 2), y sin duda que no eran más que un puñado de personas, perdidos en la inmensidad del Imperio Romano.

         Te ruego, Señor, por los cristianos de hoy, a menudo tan minoritarios en un mundo hostil e indiferente. Porque eso es lo que hacía Pablo: "Tenemos que dar gracias a Dios por vosotros, hermanos. Porque vuestra fe progresa y se acrecienta la mutua caridad de todos y cada uno de vosotros".

         A pesar de ser minoría despreciada, dichos tesalonicenses vivían la alegría y la acción de gracias, como tonalidad dominante y como gentes eucarísticas (de eukaristein, lit. dar gracias). ¿Tienen esta tonalidad nuestras asambleas cristianas? Porque Pablo se alegra y da gracias por esa fe y esa caridad, como lo esencial de la vida cristiana.

         Además, esta fe no es una fe estática ni estereotipada, sino una fe que "va progresando". Y esta caridad no está adormilada ni en reposo, sino que "se va desarrollando". Aquellos primeros cristianos no eran perfectos, pero se fueron perfeccionando, en una comunidad dinámica más a nivel interior que exterior.

         En cuanto a la esperanza de aquella Iglesia, nos dice Pablo que "nos gloriamos por la constancia que mantenéis en medio de las persecuciones y tribulaciones". Pues si se mantienen firmes en la tribulación, señal es de que mantienen por dentro una esperanza firme: "Esto es señal del justo juicio de Dios, en el que seréis declarados dignos del reino de Dios. Que Dios os conceda cumplir todo el bien que deseáis hacer". El hecho de ser perseguidos, lejos de abatir a aquellos hombres, era algo que los animaba y excitaba, en la espera de ese Reino escatológico que va viniendo. Saben a dónde van.

Noel Quesson

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         Esta 2ª carta de Pablo a los fieles de Tesalónica comienza con un saludo semejante al de la 1ª carta, si bien un poco más solemne. Sin embargo, las persecuciones y contrariedades que padecen los tesalonicenses, en lugar de disminuir, parecen haberse agravado.

         Por otra parte, Pablo conoce su creciente constancia en la fe, que se muestra en "el crecimiento del amor mutuo" entre ellos. Y por eso, para infundirles ánimo, les dice que siente el deber de dar "gracias a Dios por ello", y mostrar el orgullo de su perseverancia ante el resto de iglesias.

         La persecución y la perseverancia son para Pablo una prueba del justo juicio de Dios, que quiere hacerlos dignos de su Reino, pues de él provienen en último término la una y la otra: "Será justo a los ojos de Dios pagar con aflicción a los que os afligen, y con alivio a vosotros los afligidos, cuando el Señor Jesús se revele" (v.6).

         Es decir, que habrá premio para los perseguidos y castigo para los perseguidores. Pero ¿quiere así declarar Pablo la realidad de la suerte eterna de unos y de otros? ¿Y representa el pensamiento de Pablo el definitivo juicio y pensamiento de Dios?

         De lo que se deduce del texto es que lo que importa para el apóstol es la fe y la vida cristiana de los tesalonicenses, que no han de debilitarse ante las dificultades circundantes. Aunque también es cierto que para Pablo está claro que, al final, los perseguidores no serán tratados del mismo modo que los fieles a Dios y a su evangelio.

         Pablo no afronta aquí, de momento, la cuestión del Juicio Final. Pero sí que traza la línea recta de la vida de los creyentes, que lleva derecha a la glorificación. Una línea recta en que la solidez del comportamiento ha de ser la matriz interior, de la que ni los perseguidores, ni ninguna otra cosa, habrían de desviar a los creyentes.

         Lo que Pablo desea es que haya personas conscientes y responsables de su vocación cristiana, con deseo de hacer el bien y con una fe operante. Y todo ello desde la libertad. De ahí no cese de rogar por ellos, pues en esa tarea él nada puede, y sus recursos no son los de Dios.

Miguel Gallart

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         Durante 3 días vamos a leer la 2ª carta que dirigió Pablo a los cristianos de Tesalónica, escrita muy poco después de la 1ª. Esta 2ª es más breve, y un poco menos cordial que la1ª, tal vez porque quiere corregir algunas desviaciones que se dan en aquella comunidad.

         Al saludo ("de Pablo, Silvano y Timoteo", como en la 1ª carta) sigue una alabanza y acción de gracias, que es lo que leemos hoy: "Esto hace que nos mostremos orgullosos de vosotros ante las iglesias de Dios". Pablo está contento de aquella joven comunidad de Grecia:

-porque "vuestra fe crece vigorosamente";
-pues a pesar de las persecuciones, "vuestra fe permanece constante";
-porque "vuestro amor sigue aumentando".

         Pablo, en la 1ª carta, les había pedido que siguieran progresando en su vida cristiana. Y se ve que lo cumplieron, porque en esta 2ª carta Pablo les muestra su satisfacción y les anima a que sigan haciéndolo, para que sean "dignos de la vocación" que han recibido, y se "cumplan los buenos deseos y la tarea de la fe". Es decir, porque hay mucho que hacer todavía.

         La Iglesia tiene que ir progresando y creciendo en la calidad de su vida de fe, porque está inserta en medio de una sociedad (como la de Tesalónica) distinta a la del evangelio, y porque si no se afianza en los criterios de Jesús, difícilmente podrá evitar que el ambiente los acabe contaminando.

         ¿Podría Pablo dirigirnos unas palabras de alabanza tan hermosas como a los de Tesalónica? ¿Podría decir que está orgulloso de nosotros? Más aun, ¿podríamos decir que "Jesús es nuestra gloria y nosotros la gloria de Jesús"? Ya es importante que una comunidad cristiana sea el orgullo de sus pastores y responsables. Pero mucho más, que lo sea de Cristo Jesús.

         Entonces sí que la Iglesia podrá ser misionera en medio del mundo, y hacer eficazmente su tarea de evangelización. Es lo que pide el salmo responsorial de hoy: "Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones, porque los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo". Es el testimonio que cada cristiano debe dar en este mundo: ser signo viviente de la salvación que Dios nos ofrece en Jesucristo.

José Aldazábal

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         Tesalónica, puerto de mar, era la capital de la Macedonia romana, al norte de Grecia. Allí había permanecido Pablo unos meses y había fundado una comunidad cristiana, ayudado por Silas. Pero los que se habían convertido no habían sido los judíos, sino unos paganos griegos, para envidia de los dirigentes judíos (que promovieron un alboroto popular contra Pablo, que le obligó a huir; Hch 17, 1-9).

         Obligado a huir de Tesalónica, a causa de la persecución, Pablo dejó allí una pequeña comunidad cristiana muy frágil, pues ¡contaba sólo unos meses! Y habiendo enviado a Timoteo para tener noticias suyas, Pablo se entera de que los cristianos perseveran con firmeza. Les envía entonces varias cartas para felicitarlos y contestar a algunas preguntas, en lo que son los documentos escritos más antiguos del NT. En 3 meses de predicación, Pablo no había tenido tiempo de llegar muy lejos en la formación doctrinal de los tesalonicenses, y por eso en sus cartas va directamente a lo esencial.

         En las 2 cartas que Pablo escribió a los tesalonicenses, les alaba por la buena orientación de su vida, y les exhorta a seguir por ese camino y a corregir algunas desviaciones, como la excesiva preocupación por la inminente venida final del Señor (que a algunos parece que les incitaba a no trabajar).

         El texto de hoy, tomado de la Carta II a los Tesalonicenses, es una bendición, y plasma la alegría que rebosaba el corazón de Pablo, Silvano y Timoteo.

         ¿Y cuál es el motivo de tanto gozo? El comprobar que un grupito de creyentes en Cristo, que ha tomado muy en serio su vinculación con Jesucristo, está viviendo su vida de fe. Ese fue el comienzo de la Iglesia, y lo que logró alcanzar Pablo. Porque en Tesalónica dichos hermanos supieron "mantenerse unidos en las pruebas y dificultades", y mantener su alto grado de fidelidad, para envidia de los judíos.

         Es ésta una página que con frecuencia vemos repetida en la historia de la Iglesia, cuando las persecuciones generan en ellas tal espíritu de comunión, y elevación de miras, que ya no se guían por sus intereses sino por la gloria de Dios.

         El Reino de los Cielos se acercó a nosotros y se hizo realidad dentro de nosotros, como se vio en Tesalónica. Y la presencia de Dios en nosotros impulsa nuestra vida no sólo a proclamar su nombre, sino a dar testimonio de él con un vida intachable (como hicieron los tesalonicenses). En medio de persecuciones y tribulaciones no hemos de dar marcha atrás, en la esperanza de que al final seremos dignos del Reino eterno. Y con ese estilo de vida, caminando en la fe y en el amor, ganaremos a muchos para Cristo.

         Siendo fieles al amor de Dios, toda nuestra vida se convertirá en una verdadera glorificación de su santo nombre. Vivamos y caminemos constantemente en el amor a Dios. Si permanecemos fieles hasta el final, entonces el Señor nos glorificará, pues "su gracia no habrá sido estéril en nosotros".

Dominicos de Madrid

b) Mt 23, 13-22

         El pasaje evangélico de hoy presenta las 7 maldiciones de Jesús contra los escribas y los fariseos. Mateo usa la expresión ¡ay!, que puede significar dolor o indignación. Es probable que Mateo, en este caso, le dé aquí un acento de condenación mesiánica ya que en esta parte del evangelio, Jesús ya no exhorta sino que se enfrenta con sus adversarios y los condena.

         En este texto nos encontramos con el tema de la hipocresía de los fariseos que dicen y no hacen, enseñan pero no practican, como veíamos en el texto anterior. La hipocresía es más compleja: los mismos hipócritas son las primeras víctimas de su vanidad religiosa, caen en la misma trampa de su vanagloria. Jesús reprocha a los fariseos que con su proselitismo feroz no convierten a los hombres al verdadero Dios, sino a sus propias ideas, haciendo de ellos fanáticos del legalismo o impidiéndoles entrar en el Reino por la misma intransigencia legalista.

         Jesús llama a los fariseos "locos y ciegos" porque hacen jurar a los demás por cosas que no tienen sentido porque para él todos los juramentos deben ser guardados, cualquiera que sea la forma en la que hayan sido hechos. Jesús a lo que apunta es a no hacer distinciones sutiles entre juramentos válidos y no válidos, como hace la casuística rabínica. Por su legalismo minucioso, los escribas dispensan al hombre de las exigencias esenciales de la ley.

         Jesús no censura aquí la sutileza por sí misma, sino el arte de procurar con ella subterfugios a la obligación de la ley. Dice que los fariseos con sus interpretaciones desautorizan los mandamientos de Dios y que un cultivo de la ciencia moral orientado a evadirse "legalmente de la ley" no puede menos de degenerar en escuela de hipocresía.

Fernando Camacho

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         El reino de Dios ha sido anunciado por Juan Bautista y por Jesús (Mt 3,2; 4,17). Los letrados usan de la autoridad de su enseñanza para impedir que el pueblo acepte ese mensaje, que ellos son los primeros en rechazar. Son la clase de gente a que alude Jesús (Mt 11, 16-19), los sabios y entendidos a quienes se oculta el designio de Dios (Mt l1, 25). De ahí su responsabilidad: ellos, que, por su saber, debían haber preparado el camino al Reino, son los que impiden que éste alcance sus objetivos.

         La actividad misionera del judaísmo había llegado a su máximo en tiempos de Jesús. Este acusa a letrados y fariseos de no llevar a los prosélitos al conocimiento del verdadero Dios, sino de convertirlos en fanáticos del legalismo que ellos proponen. Prosélito era un pagano convertido a la religión judía, que recibía el baño ritual y la circuncisión y se comprometía a la observancia de la ley. Ser ciegos y guías de ciegos (Mt 15, 14) lo muestran por la enseñanza moral que proponen.

         Jesús ya había excluido todo juramento en la nueva Iglesia (Mt 5, 33-37). Ahora se refiere a la praxis dentro del judaísmo y señala que el mismo nombre de Dios queda cuestionado por la casuística. Ignoran que el juramento tiene una esencial relación con Dios, representado por el templo, el altar, el santuario o el cielo. Ellos hacen profano lo que es sagrado: hacen del templo un mero edificio; del altar y del cielo, una realidad en sí mismos.

         Los juramentos que ellos consideran válidos son supersticiosos, como si algo inanimado pudiese imponerse al hombre. El verdadero juramento tiene siempre una relación con Dios mismo, sean cuales sean los términos en que se exprese.

Juan Mateos

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         Ya había dicho Jesús que "desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos padece fuerza, y los que usan la fuerza se apoderan de él" (Mt 11, 12). Según algunos, los que no hacen violencia a Dios con su confianza inquebrantable, no entrarán en el reino de los cielos. Otros exégetas (Buzy y Pirot) toman estas palabras en sentido profético, refiriéndolas a las persecuciones que el reino de Dios ha de sufrir en la tierra.

         Pero lo que está claro es que aquel apoderamiento del reino de Dios, al que Jesús aludía (Mt 11, 12), vuelve a aparecer en el pasaje de hoy: "Ay de vosotros, hombres de la ley, porque os habéis apoderado de la llave del conocimiento; vosotros que no entráis y que a los que van a entrar se lo impedís". Y alude a que se apoderan de ese Reino "haciendo prosélitos".

         Hacer un prosélito (v.15) consiste en convertir a un gentil a la religión judía. Había 2 clases de prosélitos, según recibiesen o no la circuncisión: los prosélitos de la puerta y los prosélitos de la justicia. Jesús enseña aquí que no siempre la mucha actividad es verdadero apostolado, si no está movida por la fe viva que obra por la caridad (Mt 15,8; Jn 4,23).

         La llave del conocimiento de Dios es la Escritura, nos recuerda San Juan Crisóstomo. Los escribas y fariseos que la interpretaban falsamente, o la reservaban para sí mismos, son condenados como seductores de las almas. El pueblo tiene derecho a que se le predique la palabra de Dios. En cuanto al conocimiento de la Biblia por parte del pueblo, también recuerda Pío XII en su Divino Afflante que:

"Favorezcan los obispos, y presten su auxilio, a todas aquellas pías asociaciones, que tengan por fin editar, y difundir entre los fieles ejemplares impresos de las sagradas Escrituras, principalmente de los evangelios, y procuren con todo empeño que en las familias cristianas se tenga ordenada y santamente cotidiana lectura de ellas".

Gaspar Mora

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         Los ataques de Jesús contra los fariseos empezamos a leerlos el sábado pasado ("no hacen lo que dicen") y van a continuar durante 3 días, con una serie de lamentaciones que les descalifican ("ay de vosotros"). Las acusaciones de Jesús son muy directas:

-no entran en el Reino, ni dejan entrar a los demás: porque no quieren reconocer al que es la puerta (Jesús), y atosigan al pueblo con interpretaciones rigoristas;
-con el pretexto de oraciones, devoran los bienes de las viudas;
-hacen proselitismo, pero cuando encuentran a una persona dispuesta, no la convierten a Dios, sino a sus propias opiniones;
-caen en una casuística inútil, por ejemplo, sobre los juramentos, perdiendo el tiempo y angustiando a los fieles con cosas que no tienen importancia.

         Resumiendo, son "guías ciegos y necios", y mal van a poder conducir al pueblo. Con las personas normales, por débiles y pecadoras que sean, Jesús no se suele mostrar tan duro. Pero sí, con los que son (deberían ser) guías del pueblo, o constituidos en autoridad: "Vuestra sentencia será más severa".

         Los que tienen alguna responsabilidad en la vida de la familia o en el campo de la educación, tienen mayor obligación de dar ejemplo a los demás, de no llevar una doble vida (entre lo que enseñamos y lo que luego hacemos), de no ser exigentes con los demás y tolerantes con nosotros mismos (la ley del embudo), de no ser como los hipócritas, que presentan por fuera una fachada, pero por dentro son otra cosa.

         Las acusaciones de Jesús nos las hemos de aplicar a nosotros, porque dentro de cada uno puede esconderse un pequeño o gran fariseo. ¿Qué actitudes farisaicas descubro en mí? Repasemos la lista y respondamos sinceramente si se nos podría tildar de "guías ciegos y necios", si buscamos prosélitos para vanidad nuestra más que para bien de los demás o para gloria de Dios, si perdemos el tiempo en inútiles discusiones de palabras, si hemos matado el espíritu con una casuística exagerada.

José Aldazábal

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         Hoy el Señor nos quiere iluminar sobre un concepto que en sí mismo es elemental, pero que pocos llegan a profundizar: guiar hacia un desastre no es guiar a la vida, sino a la muerte. Quien enseña a morir o a matar a los demás no es un maestro de vida, sino un asesino.

         El Señor hoy está (diríamos) de malhumor, está justamente enfadado con los guías que extravían al prójimo y le quitan el gusto del vivir y, finalmente, la vida: "Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros" (v.15).

         Hay gente que intenta de verdad entrar en el Reino de los Cielos, y quitarle esta ilusión es una culpa verdaderamente grave. Se han apoderado de las llaves de entrada, pero para ellos representan un juguete, algo llamativo para tener colgado en el cinturón y nada más. Los fariseos persiguen a los individuos, y les dan la caza para llevarlos a su propia convicción religiosa; no a la de Dios, sino a la propia; con el fin de convertirlos no en hijos de Dios, sino del infierno. Su orgullo no eleva al cielo, no conduce a la vida, sino a la perdición. ¡Que error tan grave!

         "Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello" (v.24), les dice Jesús. Todo está trocado, revuelto; el Señor repetidamente ha intentado destapar las orejas y desvelar los ojos a los fariseos, pero dice el profeta Zacarías: "Ellos no pusieron atención, volvieron obstinadamente las espaldas y se taparon las orejas para no oír" (Za 7, 11). Entonces, en el momento del juicio, el juez emitirá una sentencia severa: "Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad" (v.23).

         No es suficiente saber más: hace falta saber la verdad y enseñarla con humilde fidelidad. Acordémonos del dicho de un auténtico maestro de sabiduría, Santo Tomás de Aquino: "Mientras ensalzan su propia bravura, los soberbios envilecen la excelencia de la verdad".

Raimondo Sorgia

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         Esta semana la Palabra nos presenta los llamados ayes de Jesús contra escribas y fariseos. Son 8 lamentaciones, que Mateo coloca después de haber proclamado Jesús las 8 bienaventuranzas.

         Es curioso ver el tono tan distinto que tienen hoy las 2 lecturas: en la 1ª, Pablo da gracias por la fe de los paganos tesalonicenses, y en el evangelio se hacen reproches durísimos a los fariseos judíos. En la Iglesia, y en cada uno de nosotros, también hay momentos, situaciones y actitudes que provocan las 2 cosas: dar gracias y reconocer nuestro pecado.

         ¡Qué bueno sería recordar esto más a menudo! Nuestro Dios, el Dios de la vida, el Dios de Jesucristo, goza (es glorificado) cuando tú vives de verdad. Sin miedos, sin mediocridades, sin retaguardias. Porque un cristiano vivo da vida allí donde se encuentra.

         Y si no, pensad en personas con las que uno se encuentra realmente a gusto; posiblemente son aquellas que ponen vida allí donde están, que te animan a ir siempre más allá, que soportan las dificultades que los días van trayendo sin reproches ni lamentaciones estériles. Sólo así se puede anunciar con verdad que tenemos una Buena Noticia que dar al mundo, porque el Hijo de Dios no ha venido a juzgarnos sino a dar vida, y vida en abundancia (Jn 10, 10).

         Es la postura contraria a la que Jesús reprocha en el evangelio: ¡Ay de los que viven como guías ciegos y torpes, atados a mil historias que no promueven la vida, que nos menguan y atrofian poco a poco, y que, además, impiden a otros la entrada en el Reino de los Cielos!

Rosa Ruiz

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         El evangelio de hoy nos presenta una dura reprimenda para aquellos que llevan una fe fingida (fariseos y escribas), para todos aquellos que tratan de aparentar ante los demás saber la ley y la anuncian, pero para vivirla le hacen sus propias acomodaciones.

         Desafortunadamente no faltan en nuestras comunidades este tipo de cristianos, los cuales siendo catequistas, evangelizadores, ministros en alguno de los servicios de la comunidad, desvirtúan el mensaje de la Escritura (o de la enseñanza de la Iglesia) para su propia conveniencia.

         Si actualizamos el mensaje de Jesús hoy a los fariseos, podríamos decir: "Vosotros (profesores de religión, catequistas...) enseñáis que hay que santificar las fiestas (el domingo), pero con mucha facilidad encontráis una buen excusa para no ir a misa, u os limitáis a escucharla sin compromiso alguno.

         Es pues hoy la invitación para que, ante la palabra de Dios nos preguntémonos si nosotros, en algunos momentos, no buscamos acomodar el evangelio a nuestra propia conveniencia, a fin de llevar una vida mas cómoda, pero finalmente, al margen de lo que Jesús nos pide a todos aquellos que nos decimos sus discípulos.

Ernesto Caro

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         Los versículos que encontramos hoy en el evangelio tienen una impresionante carga de indignación y de reprensión. En pocos lugares del NT encontramos a Cristo tan indignado y tan acerado en sus palabras como en este cap. 23 de Mateo.

         Hay razón, desde luego, para ese enojo, y, puesto que toda palabra de Cristo es enseñanza sus discípulos, aprendamos, hermanos, de este enojo del Señor, así como en otras ocasiones hemos querido aprender de su sonrisa, su abrazo o su ternura.

         La razón fundamental de tanto castigo es la hipocresía. Y la razón para castigar la hipocresía es que nos hace inhábiles para la conversión. Además, la mentira que nos ciega a nuestros males igualmente nos ciega a los bienes ajenos. El resultado es que quien no reconoce su daño se afianza en él y daña a los demás.

         Entendemos así que Jesucristo quiere erradicar del mundo la hipocresía por amor a quienes la practican y por compasión con quienes la padecen.

Nelson Medina

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         El texto evangélico presenta hoy, y los 2 días inmediatamente siguientes, los ayes contra los letrados y fariseos en que Jesús pone en evidencia su hipocresía. Se trata de 8 lamentaciones que, al final de su vida, Jesús dirige a quienes no han sido capaces de abrirse a la felicidad de las 8 bienaventuranzas, propuestas al comienzo del Sermón de la Montaña.

         Todo el discurso esta dirigido a mostrar la incoherencia de los jefes religiosos del pueblo. Podríamos considerarla como un largo desarrollo de lo dicho en el v. 1 del mismo capítulo ("ellos dicen y no hacen"), y asume la forma de las condenas proféticas por la ruptura de la alianza. Más que de una condena o de una maldición se trata de una constatación que hace surgir un lamento por la muerte de esas personas en el horizonte de un cercano juicio divino.

         En la lectura de hoy de Mateos se encuentran 3 ó 4 de esos ayes (v.14), a los que se añadieron los de Lucas (Lc 29, 47). En todo caso, todos ellos se inician con un ay seguido de un apóstrofe ("letrados y fariseos hipócritas") que sólo está ausente en el último que, en contrapartida, ofrece la motivación subsiguiente más extensa (vv.16-22).

         En el v. 13 la acusación consiste en cerrar "a los hombres el reino de Dios". La falta de adecuación entre su enseñanza y su práctica oscurece la acción de Dios en la historia humana y, por consiguiente, la verdadera religiosidad. De esta forma, su extravío les impide la entrada al Reino e impide también, la posibilidad de entrar a sus seguidores.

         El 2º ay tiene por fundamento que "devoran las casas de las viudas con pretextos de largos rezos". Con él se pone de manifiesto que una falsa piedad esconde la injusticia. Desprecian en los indefensos al mismo Dios al que pretenden dirigirse con su oración.

         La continuación es una crítica al afán proselitista del judaísmo farisaico. Dicho proselitismo no tiene como objetivo convertir a los prosélitos al verdadero Dios sino a su propia concepción. De esa forma en lugar de la salvación le ofrecen en partida doble su misma suerte en el Juicio Final.

         De una forma más detallada se presenta la incomprensión de la dirigencia ejercida por los jefes religiosos. Por 3 veces (vv.16.17.18) se los califica de ciegos. Esta ceguera se manifiesta en una complicada casuística sobre el juramento. De esta forma se devalúa la palabra dada, que debería tener valor cualquiera sea modo en que se exprese (Mt 5, 33-37).

         Este motivo se desarrolla largamente contraponiendo el santuario y el "oro del santuario", el altar y la "ofrenda que está sobre el altar". Con estas distinciones el fariseísmo da más importancia a lo de menos valor.

         En todos los casos se trata de una práctica que no responde al auténtico querer de Dios. La imagen de ésta es falseada e impide a los hombres el camino hacia el Dios verdadero. En lugar de mediación para la presencia divina se convierten en obstáculo de la presencia de Dios entre los hombres.

Confederación Internacional Claretiana

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         El cap. 23 de Mateo recoge las denuncias y la crítica profética que hace Jesús a los dirigentes del pueblo. Refleja la situación que vive la comunidad cristiana que redactó este evangelio en contraste con la sinagoga judía, y la dificultades de convivencia con la religión judía en tiempos de la redacción de este evangelio de Mateo. Después de la destrucción de Jerusalén, el judaísmo se radicaliza, y sufren los cristianos. Por eso Mateo trata de recordar la vida de Jesús, y sus conflictos con la sinagoga para animar a los cristianos en esa situación.

         Es básicamente un conflicto teológico con la religión oficial. La imagen, y la experiencia de Jesús sobre Dios, contrasta con la imagen de los dirigentes del pueblo. Esta imagen, es una corrupción del Dios de sus padres, del Dios del Éxodo, de las tribus, de Dios de los profetas.

         Esa imagen de Dios es, para Jesús, la raíz del desorden social, cultural y espiritual al que está sometido el pueblo. Origina un proselitismo para la muerte, no para la vida. Hace que sea más importante el negocio del templo, y la ofrenda, que el sentido de la ofrenda y el valor simbólico del altar (signo de la presencia de Dios). Para aquellos escribas y fariseos no importa destruir la simbología de los signos sagrados, con tal de recuperar el dinero de la ofrenda.

         El mayor pecado aquí es la ceguera, o como dice Jesús, ser "ciegos guiando a ciegos". Jesús deslegitima esa religión. Para él, en la religión, en el culto todo debe estar al servicio de la vida. El Dios de Jesús ensancha las fronteras del pueblo de Dios.

         Jesús trata de ayudar al pueblo a recuperar su espiritualidad en el Dios de la vida, rompiendo la inmovilización espiritual a que le tiene sujeto la sinagoga judía. Contra la religión fanática, destructora de identidad del pueblo y a favor de un Dios ecuménico. Mensaje muy actual en esta época de fanatismos religiosos y de lecturas fundamentalistas de la Biblia y de otros textos sagrados.

Servicio Bíblico Latinoamericano

c) Meditación

         El cap. 23 de Mateo recoge la diatriba de Jesús contra los letrados y fariseos, tanto de su tiempo como los de todo tiempo. De hecho, por eso se ha incorporado al relato evangélico, porque quiere llegar hasta nosotros y tocar nuestro corazón.

         En concreto, las palabras de hoy de Jesús contra esos tales son: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.

         La puerta de este Reino es el mismo Jesús, pronunciador de estas palabras. Y por ello, no abrirse al mensaje de Jesús es cerrarse al Reino de los Cielos. Y los que se cierran a esta realidad, e impiden la entrada a otros, son precisamente los que más tendrían que abrirse más a ella, por estar más familiarizados con esas Escrituras que orientan hacia el Reino.

         Los que así actúan son esos letrados a quienes Jesús califica de hipócritas, porque manifiestan ser lo que en realidad no son, porque ocultan su podredumbre, porque viven de apariencias, porque cuando hacen oración no buscan sino el aplauso, porque cuelan el mosquito y se tragan el camello... En definitiva, porque no son caritativos, observantes ni piadosos, sino que en su vida hay mucha ocultación y opacidad.

         De ellos dice Jesús que devoran los bienes de las viudas con pretexto de largas oraciones, y que viajan por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo consiguen, lo hacen digno del fuego el doble que ellos. Es decir, que sus oraciones no son otra cosa que un pretexto para enriquecerse, a costa de viudas desconsoladas pero ricas.

         Tras esta aparente piedad se oculta, por tanto, un afán de enriquecimiento personal, y por eso lo que les mueve a rezar es la codicia de dinero. Son capaces también de hacer largos viajes, impulsados por el empeño de ganar nuevos prosélitos para su causa, como botines de guerra o trofeos de caza de los que podrán alardear (aun a costa de hacer de ellos carne del fuego eterno).

         Al calificativo de hipócritas añade Jesús el de guías ciegos, como concepto complementario (pues la ceguera espiritual puede convivir con la hipocresía). En el fondo, la hipocresía de la que habla Jesús es fruto de la ceguera, pues si estos tales son capaces de hacer convivir oración y afán de dinero (entes totalmente inconciliables), es porque no ven la incoherencia en la que viven.

         El modo de razonar de estos guías ciegos pone de manifiesto su parcialidad e incoherencia, pues ¿por qué jurar por el templo no obliga, y jurar por el oro del templo sí obliga? Si el oro es parte del templo (argumenta Jesús), y éste sacraliza lo que hay en él, haciendo de sus vasos de oro vasos sagrados, ¿por qué no va a comprometer jurar por el templo?

         El que jura por el templo jura también por todo lo que forma parte del templo, y lo mismo cabe decir del altar que consagra la ofrenda (pues la ofrenda es sagrada por ser ofrenda, y ser presentada en el altar sagrado).

         En suma, quien jura por el altar, el templo o el cielo, jura por el que opera sobre el altar, por el que habita en el templo y por el que está sentado en el trono del cielo. Es decir, jura por Dios. Luego en su juramento se compromete con el mismo Dios.

         Todas estas son las artimañas que Jesús denuncia a los fariseos, y que nosotros hemos de tener muy en cuenta por lo que a nosotros nos toca (el no ser inmunes a la hipocresía).

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ·CID, doctor en Teología

 Act: 26/08/24     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A