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Ante la Sequía
Querétaro,
27 julio 2026 La mayor parte del planeta está cubierta de agua (70%). Sin embargo, en el 30% restante (o superficie terrestre) falta agua a nivel generalizado. El Sahara, por ejemplo, no era un desierto, sino que se fue volviendo desierto a lo largo de milenios, debido a cambios climáticos. Por su parte, el colapso de la cultura maya se debió a una sequía prolongada. Muchas partes de la superficie terrestre pueden acabar igual que el Sahara, y en menos tiempo, si a los cambios naturales se suma la actividad humana. Especialmente la deforestación, que ahuyenta las lluvias y atrae los gases residuales de la combustión (que calientan cada vez más la atmósfera). La sequía es la suspensión del régimen de lluvias, de forma regular. Puede ser breve o prolongada, esporádica o recurrente, y hasta definitiva. En el peor escenario, por ejemplo, los grandes desiertos del norte de México pueden extenderse a todo el país. Según la OMM, las sequías se han vuelto un 30% más intensas y frecuentes desde el año 2000, y actualmente hay 700 millones de personas en riesgo de desplazamiento. Paralelamente, el calentamiento global se acelera a 1ºC por cada 10 años. El proceso de sequía es frenable en tres frentes: la reforestación, la generación de electricidad sin combustión y un mejor aprovechamiento del agua. Reforestar favorece la lluvia y trae otros muchos beneficios, como descarbonizar el aire y oxigenarlo. Es más, tener bosques productivos se presta a la silvicultura (mucha mano de obra), y si ésta se deja a cargo de las comunidades locales mejora la vida campesina y forestal. Las calles arboladas no sólo son bonitas, sino que ofrecen un toldo vegetal que da sombra, así como aminora los daños del esmog, los vientos, las tolvaneras, el calor, el ruido, los chubascos y el granizo. Los árboles retienen lluvia en sus hojas y raíces, atraen pájaros y hasta turistas. Varios gases de la atmósfera favorecen las sequías, tales como el CO2, CH4 (metano), O3 (ozono), N2O (óxido nitroso) y los CFC (clorofluorocarburos). Estos últimos fueron prohibidos por el Protocolo de Montreal-1987, y el resto resulta de la combustión de leña, carbón, gas y petróleo, sobre todo en los motores de gasolina. Dos soluciones ilusorias, muy en boga hoy en día, no dejan de insistir en los coches eléctricos (movidos por electricidad generada en termoeléctricas) o sustituir la gasolina por hidrógeno (que dejaría como residuo el vapor de agua). No obstante, esto no supone una solución sino añadir más problemas al problema. Hay soluciones ya desarrolladas y probadas que deben promoverse, tales como los molinos de viento (que generan electricidad en terrenos ventosos y en el mar) o la energía solar (cuyos costos tenderían a bajar, de hacerse un uso generalizado). Según el grupo Sener, por ejemplo, de 2019 a 2023 se duplicó la capacidad de generación eléctrica eólica y solar en México. Aun así, sumando la hidroeléctrica y nuclear (que no crecieron), las tecnologías limpias apenas llegan hoy al 40% de su capacidad total, pues el restante 60% se pierde en fugas de la red de distribución (salvo en Holanda y países afines, donde las fugas son del 6%, o en Alemania y países afines, donde el 96% del agua de drenaje se recicla). Otras medidas que podrían implementarse para combatir la sequía serían: -incentivar
los
equipos caseros para captar agua de lluvia, Nezahualcóyotl construyó un dique para defender el agua dulce de la salada en el lago de Texcoco. En el s. XIX se creyó que desaguarlo remediaría las inundaciones de la ciudad. El remedio falló, y además desató las tolvaneras. En el s. XX, Carrillo y Cruickshank iniciaron la recuperación ecológica del lago, y justo cuando está teniendo éxito se empieza a planificar la construcción de un aeropuerto en la zona. El problema de las soluciones contra las sequías no es la falta de recursos (naturales y humanos), sino la mano que interfiere en ellos: la mano política. ¿Por qué? Porque la inauguración y los aplausos irían para otros. .
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