Bioética e IA


La IA, superior a la IH en un 79-44, en % de descubrimientos médicos

Querétaro, 29 junio 2026
Marieli de los Ríos, periodista de Observador

         Hace 38 años Van Ransselaer Potter, médico oncólogo holandés que acuñó el término bioética (tras la propuesta inicial de Jahr), nos invitó a pensar el mundo como un esfera en la que coexisten y se implican mutuamente muchas realidades. Fue lo que denominó Bioética Global, o ciencia que estudia las relaciones, fenómenos, factores y condiciones que afectan la vida y salud de individuos y comunidades, tanto en lo local como en lo global.

         Para Potter, en efecto, no había una sola realidad que estuviera aislada ni libre de las injerencias de otras, de tal manera que lo que acontece en un lugar interfiere, para bien o para mal, en otro. Así, los fenómenos (tanto provocados como naturales) no son unicausales, y eso lleva a pensar que su solución tampoco lo es.

         Las tecnologías emergentes, incluida la Inteligencia Artificial (IA), no es el resultado de acciones unilaterales, ni penetra en la vida de las personas y sociedades de igual manera. De hecho, los complejos problemas de la IA no provienen tanto de su consumo, sino de los desmesurados intereses de unos y del abandono (o resignación) de otros.

         Daré algunos ejemplos de cómo la IA, vista desde la óptica de la Bioética Global, multiplica los problemas sociales muy por encima de la inteligencia humana (IH).

         En 1º lugar, quiero mencionar el tema medioambiental, pues tanto EE.UU como Europa aplican la IA a recursos naturales para producir baterías de litio y otros minerales raros, obteniendo con ello mantos acuíferos y enormes áreas verdes en tiempos acelerados. La extracción de estos recursos naturales ha desplazado poblaciones enteras. Por ello, la IA tiene un impacto medioambiental importante, pues lo extraído para su aplicación tardará años en renovarse o nunca lo hará.

         Un 2º problema derivado de la IA lo tenemos en las migraciones humanas. Por un lado, las tasas de desempleo se aceleran en países donde la IA está descontrolada, pues las industrias prefieren operar con procesos automatizados, o asistentes virtuales, que con personas físicas (que se ven abocadas a la migración). Por otro lado, la IA es capaz de calcular los nuevos corredores migratorios de nuestro mundo, y eso fomenta también la migración impulsiva, de personas que no se preguntan por qué se van a otro lugar.

         Un 3º tema auspiciado por la IA es la creciente demanda de medicinas on line, cuyos costos de venta son inasumibles por las farmacéuticas y dejan fuera del sistema sanitario a las poblaciones sin recursos informáticos o de mercancía on line.

         La IA puede ser altamente beneficiosa para el descubrimiento de nuevas curas y tratamientos, pero esto no servirá de nada si no se ensanchan las barreras de acceso universal a la salud. Reorientar los fines, y buscar un esquema de beneficios justos (para científicos, investigadoras, farmacéuticas o productoras de materiales biocompatibles), así como para los pacientes que pueden beneficiarse... más que ser una opción es una obligación, que apela a la digna humanidad de todos por igual.

         Mientras exista el hambre y desnutrición, y las enfermedades que ya habían sido dado por erradicadas, y los conflictos bélicos, la IA va a seguir teniendo un papel hegemónico, porque es la que mejor sabe interconectar las realidades a nivel planetario. Sería bueno por ello, mientras estamos a tiempo, que la IA empiece a empatizar con eso que los humanos llamamos ética, o bioética, o defensa de valores como la vida, la dignidad, la justicia, el bien común, la paz, el destino universal de los bienes y la participación ciudadana.

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