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Caballería Actual
Querétaro,
2 noviembre 2026 ¿Don Quijote, derrotado? Sin duda, el autor de esta hermosa pintura supo impregnar el lienzo de los más íntimos sentimientos de un noble caballero que, tras ser derribado de su montura por malandrines hechiceros, muestra que ninguna vicisitud de la vida acabará nunca con sus sueños de lucha por la libertad. Miguel de Cervantes nació en Alcalá en 1547, y son ya 480 años los que nos separan del tiempo en que vivió. ¡Cuánto han cambiado las ideas, las costumbres, los sistemas y los ambientes, desde aquellos tiempos en que la Edad Media abrió las puertas al Renacimiento humanista! Para muchos, un escritor de aquella época poco o nada puede decirnos a nosotros, hombres del siglo XXI, exploradores del espacio, dominadores de la técnica, expertos en rayos láser y esclavos asiduos de la IA. Para muchos, la figura de Cervantes, hombre de sueños y combates, herido y encarcelado, vendido y envidiado, y hasta falsificado, no es más que un escritorio y una pluma en mano, sin percibir que de dicha pluma arrancan las primicias de su fe, de su escritorio una confianza ilimitada en el hombre, de su ingenio una intuición que todo lo cambia en el eterno presente del hombre. Es entonces cuando aparece el "ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", seguido por su inseparable compañero Sancho Panza. Juntos recorren el mundo y los tiempos, reuniendo en ese binomio al caballero (elevado en sus ideales) y al escudero (anclado en su realidad). Perfectamente pudo hacer Cervantes de su libro una burla a las grandes historias de la andante caballería medieval. Sin embargo, se decidió por hacer una oda a la literatura, y la literatura le ha obsequiando al calificar su obra como "la mejor novela de caballería del todos los tiempos". Don Quijote de la Mancha no es una obra de difícil lectura, ni exclusiva para hombres sabios. Se trata de una obra que relata perfectamente el idioma universal, que hace gozar al niño (despertando su fantasía), amar al adolescente (en su amor platónico por Dulcinea), vibrar al joven (en su valentía contra los falsos caballeros), soñar al utópico (en su castillo de los sueños) y pisar suelo al más realista (frente a los inquietantes encantadores). La trama de la obra está perfectamente orquestada, bajo el hilo constante del suspense (la eterna Dulcinea, de quien "debe afirmarse que es bella cual ninguna y reina de la hermosura", muy a despecho de quienes insisten en verla para decidir después). También hay espacio para el desencanto del amor, la concreción de sus sueños, las disparatadas idealizaciones... y eso tan sólo en una 1ª lectura, pues en una 2ª lectura se encontrarán motivos de risa y hasta de sabios pensamientos. En una 3ª lectura, Cervantes abre momentos de soledad, reflexión y silencio. Lo hace a la hora de repasar los inolvidables episodios heróicos vividos. Lo hace al hacer deslizar por las mejillas el amargo dolor de los sueños frustrados y los golpes recibidos. Lo hace a través de los groseros molinos, los malhadados encantadores y los viles caballeros vestidos de espejos y verdes gabanes. La naturaleza a espacio abierto, los sabios consejos ("con la Iglesia hemos topado, Sancho", al buscar a Dulcinea y toparse una y otra vez con la parroquia del pueblo), o los misterios escondidos en los subcuentos interiores, no son tan sólo una obra de arte, sino una oda a la verdadera realidad humana. Las palabras tienen la virtud de construir nombres nuevos. En este caso, Cervantes logró sacar de su pluma una nueva caballería humana, tan actual en estos tiempos como en los futuros. .
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