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Cultura de la Muerte
Querétaro,
4 mayo 2026 En la década del 2000 saltó a los labios y a la letra impresa la enigmática frase "cultura de la muerte", acuñada por Juan Pablo II en su Centesimus Annus de 1991. Al referirse a la cultura, el papa quiso aludir a la siembra del pensamiento, y al referirse a la muerte a su negación y destrucción. Hoy en día, todo el mundo la utiliza como sinónimo de sociedad que desprecia la vida humana. Las corrientes del mundo actual, al igual que los ríos, siempre van a desembocar al mismo mar. Política, economía, ecología, ciencia, ideología, técnica... todo debería ir orientado a hacer más feliz y agradable el paso del hombre sobre la Tierra. Los programas oficiales, y todo esfuerzo particular, deberían siempre ir dirigidos a promover el valor del hombre y a satisfacer sus necesidades más básicas. No obstante, hoy en día todo alude a la comodidad y al bienestar, en todas sus tonalidades, como si el hombre estuviera a su servicio y no al revés. Por una de esas paradojas ininteligibles, este mundo anhela la vida confortable, y por otro lado promueve y justifica la muerte. Lo malo de la civilización moderna, como escribió el español Pemán, es que "ya nadie sabe si las vacas tienen los cuernos delante o detrás de las orejas". Hoy en día, miles y millones de vidas humanas, casi siempre inocentes, son cegadas a diario por el horno crematorio llamado guerra, aborto, abandono, eutanasia... bajo la excusa de dar muerte a los malformados y a los viejos inútiles, como si fuesen leña seca y podrida. ¿Cómo entender la contradicción de un mundo que exalta el confort humano, bajo la idea de conseguir un rosal sin espinas, y se encuentra desorientado cuando se percata de que las espinas aparecen siempre en su más cruel realidad? Los sueños marxista y capitalista, de hacer un paraíso en la Tierra, no son más que el sueño de una noche de verano. Si no podemos conseguir la felicidad absoluta y plenaria, para todos, tampoco deberíamos recurrir a medios salvajes para adquirirla. Es decir, que no se puede matar a unos para que otros vivan mejor. Disminuir dramáticamente el número de nacimientos (por miedo a que nos disputen el pan), abandonar al pobre (que increpa a la conciencia), deshacerse del disminuido físico o psíquico (para que no enturbie nuestra comodidad), abandonar a los ancianos (para que no nos amarguen la vida)... he aquí la cultura de la muerte con todos sus engaños, pretextos y frivolidades. ¿Por qué? Porque la muerte nunca podrá ser causa de alegría ni de esperanza. Perro mundo es este perro mundo que sublima la vida y provoca la muerte, que nos promete una tierra feliz y la siembra de cadáveres. .
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