|
Dominar la Creación
Querétaro,
26 enero 2026 El hombre no es una criatura más, sino que goza de señorío sobre el resto de criaturas. Este dominio implica responsabilidad, a la hora de cuidar lo que se tiene bajo dominio y no subyugar ni dejar inculta la creación, sino hacerla florecer. Prohibidos están, por tanto, los brazos cruzados, o permanecer entre árboles para sólo comer su fruta, si la hay. Como humanos y civilizados que somos, debemos reproducir en abundancia los bienes recibidos, e inventar otros nuevos para servicio y goce del resto. Uno de los primeros rasgos de la humanidad civilizada es la agricultura. La ideal, según Cole Fenge, de la Food and Agriculture Organization, sería así:
En concreto, la productividad ideal suele requerir más, como el uso intensivo de semillas híbridas, fertilizantes químicos, pesticidas biológicos y maquinaria industrial, muchas veces de un solo cultivo en la temporada. En este sentido, no suele bastar lo natural, e incluso puede utilizarse la genética procreativa con la idea de mejorar la productividad (eso que, para algunos puristas, pueda sonar a monstruos similares a Frankenstein). En todo esto, es necesario dejar clara una cosa: que aun la agricultura ideal altera el medio ambiente original, como lo hace cualquier concentración humana en ciudades o actividad humana en pequeñas aldeas. Pretender dejar el medio ambiente tal cual, como si los humanos jamás hubiésemos existido, supondría no haber sido sus señores ni cuidadores. Los pueblos recolectores y cazadores prosperaron por el uso del fuego. De igual forma, las especies prosperan al aumentar su población. En ambos casos, sólo el hombre puede asumir la responsabilidad de dicho crecimiento, si lo hace con inteligencia. En regiones generosas, como en gran medida Michoacán, es difícil pensar que la agricultura inteligente amenace el medio ambiente original, o ponga en peligro las especies nativas. De hecho, el uso de elementos químicos puede hacer mucho bien, como ocurre con la medicina bien recetada entre los humanos. En el árido norte de México, recurrir a los auxilios químicos, o a la tecnología más avanzada, puede ayudar a convertir en agrícolas amplias áreas que antes eran áridas, y hacerlo no tiene por qué amenazar el campo. Es más, estos componentes están convirtiendo en vergel muchas zonas desérticas, y las están hermoseando. Con la modernización del campo, el inmenso norte de la república es ahora productivo, y contribuye en gran medida a resolver el déficit alimentario de los mexicanos. En breve, salvo que los humanos sean irresponsables, o no ejerzan su misión de custodia de la creación, o enfoquen su dominio a la devastación, no hay que temer que los adelantos ideales e inteligentes perjudiquen el medio ambiente. Modificar la creación no implica empeorarla, humanizar la naturaleza no acarrea destruirla, construir ciudades no perjudica a los animales. Recordemos la parábola de los talentos. Dios no nos dio las capacidades intelectuales para que las guardemos, sino para ponerlas a trabajar. En esto consiste mejorar cada día más la naturaleza y el hábitat en que vivimos. .
|