|
Falsos Noviazgos
Querétaro,
20 julio 2026 Los grandes poderes de este mundo se empeñan una y otra vez en introducir el vicio en la sociedad. ¿Por qué? Porque los viciosos son fáciles de gobernar, y por eso tratan de convencernos de que la marihuana es menos mala que el alcohol. Sí, lo que están haciendo los gobiernos es tratar de convertirnos a todos en viciosos empedernidos. Una persona viciosa piensa sólo en la marihuana, en la pornografía o en el próximo rollete. Esa persona es muy fácil de gobernar. En cambio, nada es más peligroso que un joven sobrio, casto, inteligente y fuerte, porque ese tal sí que es difícil de gobernar. Nada hay más fácil de gobernar que una chica liberada. En cambio, la muchacha casta es difícil de gobernar porque sabe lo que vale su cuerpo y su alma, y no se regala ni vende, y es capaz de examinar, valorar y escoger. La muchacha liberada, por su parte, es capaz de venderse a bajo precio. Las ingenierías sociales de hoy en día están intentando por todos los medios que las muchachas se prostituyan pronto, porque una vez que esa chica se vuelva adicta a los placeres de su cuerpo va a cerrar la puerta a la fecundidad, y va a ser otra consumidora más. Para que todo esto suceda, por otro lado, no basta con la ingeniería estatal, sino que también se requiere nuestra complicidad, y aquí entra en juego la loca de la casa: la libertad. De ahí que los gobernantes reiteren una y otra vez que "eres libre para hacer con tu cuerpo lo que quieras". El mal no es defectuoso, ni equívoco ni desinformado, sino una realidad perversa que dispone a las personas para la destrucción. Además, el mal sabe que somos vulnerables, y antes o después capta nuestras debilidades y se hace con nuestra libertad. Cierto día, un individuo le confió a su colega de trabajo estar llegando a las caricias íntimas con su novia. El colega, que era un hombre íntegro, le dijo: —Si tienes novia, piensa que no puedes tocar el cuerpo sin tocar su alma. Desconcertado, el colega le contestó: —Yo lo que quiero es sexo, y me da igual su alma. Desgraciadamente, el hombre es capaz de fingir amor para obtener placer, y la mujer es capaz de seducir para ganar afecto. Lamentablemente, el hombre busca placer y la mujer busca afecto. En ambos casos, ninguno de los dos establece vínculos personales, sino que los utiliza. Cuanto más se instrumentaliza un noviazgo (se sexualiza, se absorve...), más riesgo hay que derive en una unión de egoísmos. En esos casos, el placer y los celos sustituyen al amor, y antes o después lo van impregnando de fracaso y tristeza. La felicidad no está en hacer lo que uno quiere, sino en querer lo que uno hace. La posesión de otra persona no es, como a veces se pretende, una prueba de amor, sino su partida de defunción. .
|