La IA, ni buena ni mala


Los adelantos tecnológicos, una constante en la civilización humana

Querétaro, 28 septiembre 2026
Arturo Zárate, periodista de Observador

         Hace poco vi de nuevo la película E.T, sobre un buen alienígena que accidentalmente no regresó a su nave cuando debía. Por su parte, el poeta y escritor Lewis escribió así: "Si la Tierra ha sido especialmente buscada por Dios, eso no implica que sea lo más importante del universo, sino sólo que se ha desviado y ahora trata de enderezarla". Por último, la Guerra de los Mundos de Wells relata una invasión maligna de alienígenas, en tiempo real sobre la Tierra.

         La naturaleza humana tiende a asustarse, y hasta demonizar, los adelantos tecnológicos, como si los marcianos que gozan de mayores avances tecnológicos que nosotros tengan que ser, per se, malos.

         En su obra Fedro, Platón expuso a Sócrates que la escritura empobrece el diálogo directo, por aparentar sabiduría y estar carente de vida. Hoy en día, tal objeción platónica podría traducirse así: Si el progreso aparenta progreso, y en realidad corrompe (sabios, mandamases...), entonces habría que protegerse de ambos.

         Cuando se inventó la imprenta, los gobiernos se apresuraron a monopolizarla (hoy en día, a controlarla), pues "gente mala difundiría el error y el caos". Cuando llegó la televisión, los poderosos se apresuraron a acapararla (hoy en día, a regularla), "no sea que manipulen los votos". Cuando ha llegado la IA, los mismos de siempre vuelven a las andadas, porque sólo a ellos compete el decir lo que está bien y mal, ya que sólo ellos han de ser la fuente del bien y del mal.

         Nos lobotomicen o no estos mandamases, o cualesquier otros, el buen o mal uso de los medios rebasa las competencias del gobernante de turno. Y si no, ahí tenéis una paradoja: la de países donde un minúsculo adminículo puede ser señal de conspiración a la rebelión, y la de países donde cada ciudadano goza de dos o tres de estos aparatos.

         La IA ya está aquí, y digámoslo claro: no es ni buena ni mala, sino que somos nosotros los buenos o malos. Una misma energía atómica, por ejemplo, puede curar enfermos en el quirófano, y también puede servir para producir bombas y matar masivamente. La diferencia, pues, está en su buen o mal uso.

         La IA puede ayudarnos a mejorar y agilizar nuestro trabajo, a adentrarnos en las tareas más complejas, así como volvernos más tontos y esperar que todo nos lo resuelvan las máquinas.

         De muchacho recibía las noticias en el periódico por cable, y a mí me correspondía transcribirlas en papel estraza. En el área de diseño las transcribían en tipos móviles de plomo, y con los avances posteriores se pasaban a placas offset. Atrás quedaba ya la necesidad de difundir las noticias con señales de humo, o de patalear las máquinas de escribir.

         En cualquier caso, la buena o mala prensa no dependía de la tecnología, sino de los periodistas, y eso es lo que ocurrirá con la IA. Los adelantos están llegando y seguirán llegando. Si son malos, será más bien porque sus usuarios (es decir, nosotros) hacemos mal uso de ellos. Si sus usuarios somos buenos, y los usamos bien, el verdadero adelanto habrá llegado y se habrá quedado con nosotros.

.

 Act: 28/09/26         @noticias del mundo              E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A