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La IA, ni buena ni mala
Querétaro,
28 septiembre 2026 Hace poco vi de nuevo la película E.T, sobre un buen alienígena que accidentalmente no regresó a su nave cuando debía. Por su parte, el poeta y escritor Lewis escribió así: "Si la Tierra ha sido especialmente buscada por Dios, eso no implica que sea lo más importante del universo, sino sólo que se ha desviado y ahora trata de enderezarla". Por último, la Guerra de los Mundos de Wells relata una invasión maligna de alienígenas, en tiempo real sobre la Tierra. La naturaleza humana tiende a asustarse, y hasta demonizar, los adelantos tecnológicos, como si los marcianos que gozan de mayores avances tecnológicos que nosotros tengan que ser, per se, malos. En su obra Fedro, Platón expuso a Sócrates que la escritura empobrece el diálogo directo, por aparentar sabiduría y estar carente de vida. Hoy en día, tal objeción platónica podría traducirse así: Si el progreso aparenta progreso, y en realidad corrompe (sabios, mandamases...), entonces habría que protegerse de ambos. Cuando se inventó la imprenta, los gobiernos se apresuraron a monopolizarla (hoy en día, a controlarla), pues "gente mala difundiría el error y el caos". Cuando llegó la televisión, los poderosos se apresuraron a acapararla (hoy en día, a regularla), "no sea que manipulen los votos". Cuando ha llegado la IA, los mismos de siempre vuelven a las andadas, porque sólo a ellos compete el decir lo que está bien y mal, ya que sólo ellos han de ser la fuente del bien y del mal. Nos lobotomicen o no estos mandamases, o cualesquier otros, el buen o mal uso de los medios rebasa las competencias del gobernante de turno. Y si no, ahí tenéis una paradoja: la de países donde un minúsculo adminículo puede ser señal de conspiración a la rebelión, y la de países donde cada ciudadano goza de dos o tres de estos aparatos. La IA ya está aquí, y digámoslo claro: no es ni buena ni mala, sino que somos nosotros los buenos o malos. Una misma energía atómica, por ejemplo, puede curar enfermos en el quirófano, y también puede servir para producir bombas y matar masivamente. La diferencia, pues, está en su buen o mal uso. La IA puede ayudarnos a mejorar y agilizar nuestro trabajo, a adentrarnos en las tareas más complejas, así como volvernos más tontos y esperar que todo nos lo resuelvan las máquinas. De muchacho recibía las noticias en el periódico por cable, y a mí me correspondía transcribirlas en papel estraza. En el área de diseño las transcribían en tipos móviles de plomo, y con los avances posteriores se pasaban a placas offset. Atrás quedaba ya la necesidad de difundir las noticias con señales de humo, o de patalear las máquinas de escribir. En cualquier caso, la buena o mala prensa no dependía de la tecnología, sino de los periodistas, y eso es lo que ocurrirá con la IA. Los adelantos están llegando y seguirán llegando. Si son malos, será más bien porque sus usuarios (es decir, nosotros) hacemos mal uso de ellos. Si sus usuarios somos buenos, y los usamos bien, el verdadero adelanto habrá llegado y se habrá quedado con nosotros. .
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