Inteligencia Manual


El ser humano, dotado de inteligencia abstracta y práctica, ambas necesarias

Querétaro, 9 febrero 2026
Gabriel Zaid, periodista de Observador

         La inteligencia de las manos favorece el desarrollo social y personal. En dicho tacto y destreza, los ojos, los oídos, el cerebro y los dedos se coordinan, producen resultados y hasta provocan la autoconciencia. Las manos inteligentes hacen que el ser humano se vuelva más inteligente todavía.

         El homo sapiens llegó a ser lo que era a partir del homo habilis. De hecho, un título universitario se puede obtener sin poseer habilidades manuales, pero no así los conocimientos y cualidades necesarias, que la experiencia manual va surtiendo a lo largo de la vida.

         La vida social se desarrolla y enriquece a través de los saberes manuales de la experiencia, y no sólo por los libros leídos en el sistema educativo. Sí, los afiladores, albañiles, bordadoras, carpinteros, cerrajeros, cortineros, cocineras, costureras, electricistas, encuadernadores, enfermeras, estilistas, floristas, fumigadores, grabadores de placas y trofeos, herreros, hojalateros, impresores, jardineros, mecánicos, mecanógrafas, modistas, optometristas, paragüeros, pintores, relojeros, reparadores de aparatos domésticos, rotulistas, sastres, soldadores, tapiceros, tejedoras, vulcanizadores, zapateros... requieren manos inteligentes y generan inteligencia manual.

         A principios del s. XX, el carpintero Palavicini enseñó su oficio al positivista Sierra (el "maestro de América"), y éste se presentó en México con su informe "escuelas técnicas de Francia, Bélgica, Suiza, Italia y Japón". Fue el germen de las escuelas técnicas en México.

         En la Nueva España, varios siglos antes, el aprendizaje de artesanía impulsado por Vasco de Quiroga fue todo un éxito. En el México independiente, el presidente Comonfort fundó la Escuela Nacional de Artes y Oficios. En el México revolucionario, Vasconcelos integró el desarrollo de las manos a la educación formal (no en escuelas aparte). Desgraciadamente, el prejuicio anti-manual de la Ilustración francesa acabó imponiéndose también aquí, mandando al olvido la inteligencia y experiencia manual del catolicismo español.

         La fantasía ilustrada sueña con que todo joven ilustrado tenga un título universitario, aunque no sirva para nada. Ya veremos el por qué de ello, pero esto no es para nada una meta deseable, y distorsiona la formación integral del hombre, que pasa por aprender (no graduarse) y aprender por sí mismos (no recibir lecciones dirigidas).

         Cuando se repite el estribillo de que "la pobreza se resuelve con educación", lo que se está queriendo decir es que "también los pobres reciban las enseñanzas estatales", y bajo esa premisa se les obliga a la escolarización.

         En esta oferta y demanda de ilusiones, entre estado y ciudadanos, yo propongo una oferta más ilusoria todavía: titular en el propio acta de nacimiento. Tendría un costo muy bajo, y el título escogido por los padres se registraría en la partida de nacimiento. Así, habría niños llamados Licenciado José Hernández Pérez, o Doctora María Sánchez Martínez.

         Una solución menos radical sería que, en el examen de admisión a los estudios universitarios, se incluyera como requisito el dominio de un oficio. Según la leyenda, en la Academia de Platón había un letrero que decía terminantemente: "No entra aquí el que no sepa geometría". En la educación superior, lo que se podría poner es un cartel que dijera: "No entra aquí el que no sepa carpintería".

         En Alemania y otros países europeos, con apoyo empresarial, hay sistemas educativos duales (de trabajo y estudio) que acreditan toda educación superior. En México, hoy en día, hacen falta miles de escuelas de artes y oficios. Y microcréditos para ejercerlos, y hasta una legislación estratificada que no imponga la misma carga de trámites a los mosquitos que a los elefantes.

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