La droga, anti-deportiva


Las medallas, premio al esfuerzo deportivo, y nunca a la trampa del dopaje

Querétaro, 15 junio 2026
Joaquín Peñalosa, periodista de Observador

         El 27 de junio celebramos el día internacional contra las drogas, entre otras cosas para recordar a los jóvenes que deben mantener una buena salud física y espiritual. Sí, las personas somos carne con alma, materia que piensa, y la cultura física no existe si falta la cultura psíquica, y viceversa.

         En concreto, la frase "mens sana in corpore sano" fue acuñada por los romanos (Juvenal, Sátiras, X) para recordar a los deportistas que ejercieran su profesión de forma legítima, y la competición se ejerciera en igualdad de oportunidades.

         El comité de expertos del Consejo de Europa, reunido en Estrasburgo en enero de 1963, definió el doping como la "utilización de sustancias y otros medios destinados a aumentar artificialmente el rendimiento de los deportistas, en previsión o en ocasión de una competencia, provocando un perjuicio para la moral deportiva y para la integridad física y psíquica del atleta".

         Según este concepto, tan claro y rotundo, el problema de las drogas en el deporte es doble: el que atañe a la salud y el que se refiere a la moral. Y en ambos casos es desaconsejable e ilícito.

         Desde la antigüedad, los deportistas han sentido la tentación de recurrir a estímulos externos con la esperanza de triunfar en los estadios. Parece ser que los romanos drogaban a los caballos con agua y miel, y que los griegos excitaban los músculos con ungüentos irritables. No obstante, nunca como en este siglo, el más olímpico de la historia, ha registrado tantos incidentes en torno a jugadores y equipos profesionales acusados de estimularse con drogas. El doping se ha puesto tristemente de moda.

         Ningún campeón auténtico puede fabricarse con pastillas. La destreza, o la fortaleza del deportista, no ha de proceder de los minutos que dura el efecto de la droga, sino de haber almacenado durante años la agilidad y la fuerza con una vida sana, una alimentación higiénica y un entrenamiento justo.

         Entre la posibilidad de perder sin drogarse, y la posibilidad de ganar con droga, no hay duda en la elección. Lo natural siempre gana, y lo artificial nunca. Lo deportivo es lo higiénico, y la droga lo antideportivo. El hecho de rechazar la droga es ya un triunfo.

         Cuando se drogan los campeones que la juventud entroniza como ídolos a seguir, su mal ejemplo puede arrastrar a muchos otros deportistas, y sus efectos nocivos pueden desembocar en una pendiente de inmoralidad deportiva y desintegración social.

         Triunfar sobre la tentación de las drogas, he aquí el primer oro olímpico. A este deporte corporal y espiritual están invitados todos los jóvenes que anhelan un cuerpo sano y una mente sana.

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 Act: 15/06/26         @noticias del mundo              E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A