Los Malos y los Buenos


Películas del oeste, prototipo de segregación entre buenos y malos

Querétaro, 20 abril 2026
Joaquín Peñalosa, periodista de Observador

         Una de las joyas de la literatura universal es la resplandeciente epopeya india Mahabbárata. Escrita en lengua sánscrita, es un conjunto de leyendas y un resumen de la filosofía de aquel arcano y enorme país, vertida nada menos que en 100.000 versos.

         Hoy en día nos pasamos el día jugando a catalogar a los hombres en buenos y malos, como las viejas películas del oeste. Por ello, nos vendrá como anillo al dedo esta ejemplar epopeya del Mahabbárata.

         En una de sus escenas, el dios Krishna pide al príncipe Duryodhan: "Búscame un hombre santo. Recorre toda la Tierra y sus continentes. Busca en rincones y cuevas, si es necesario. Tómate todo el tiempo que necesites, pero al final trae un verdadero santo a mi presencia". Duryodhan parte, busca y tarda en volver.

         Cuando regresa a su señor, el heredero al trono le transmite: "Señor, no lo encontré. Vi grandes ascetas, pero parecían cerrados en sí mismos. Observé a quienes servían heroicamente al prójimo, pero percibí en sus acciones una sombra de vanidad. Admiré a mucha gente que rezaba oraciones encendidas, pero noté que el fervor no duraba en su firmeza. Ninguno me satisfizo del todo".

         Krishna, entonces, cambió su mandato, y le dijo: "Búscame un pecador y tráelo a mi presencia". Duryodhan parte, y también tarda en volver.

         Cuando regresa a su señor, el heredero a Hastinapura le transmite: "No encontré un verdadero pecador. Unos hacían el mal, pero por debilidad y no por malicia. Otros no sabían lo que hacían, y otros practicaban el mal creyendo que hacían el bien". Finalmente, Krishna concluye: "Y tú ¿qué eres, bueno o malo?".

         Hoy en día, buenos son los familiares y amigos, los que piensan y vibran como yo, los que me aprecian y elogian, los miembros de mi partido político o de mi equipo de fútbol. En definitiva, es bueno mi mundillo cerrado, que no hace sino ostentar este anuncio en gas neón de colores: "Nosotros somos los buenos, en exclusiva y garantizados".

         Desde esta óptica, malos son todos los demás. Es decir, el que no comparte mis ideas, el que me causa agravios, el compañero gruñón, el gobernante tirano y una larga lista de malos y malditos que deberían estar enjaulados en un zoológico por no compartir mis credenciales.

         Con semejante reduccionismo mental, queda claro que nuestra clasificación entre buenos y malos, además de infantil y risible, es rotundamente inexacta. ¿Fulanito bueno, y para tanto? ¿Fulanita mala, y a tiempo completo? Además, cada persona, por muy cercana que me esté, siempre será para mí un desconocido.

         Para no seguir jugando tontamente al bueno y al malo, es preciso evitar las etiquetas y suavizar los extremos. Es necesario saber convivir con esa mezcla de trigo y cizaña que llevamos dentro, y aprender de aquel certero anuncio que vi a la entrada de una parroquia: "No eres tan malo que no puedas entrar, ni tan bueno como para que te quedes fuera".

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 Act: 20/04/26         @noticias del mundo              E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A