Luka Brajnovic


Catedrático Brajnovic, junto a su hija Olga en la universidad de Navarra

Querétaro, 8 julio 2024
Guadalupe Chávez, periodista de Observatorio

          La enfermedad bien llevada no hace sino resaltar las grandes pasiones de la vida. En el caso del doctor Brajnovic, "aumentó el amor a Dios y a su esposa, como el de dos recien enamorados". Son palabras de Olga Brajnovic, hija del catedrático cuando él todavía vivía.

          Pero vayamos un poco más atrás, porque nos sigue diciendo la propia Olga que "el infarto cerebral le sobrevino en casa, y cuando llegamos a la clínica él se encontraba totalmente desorientado. Llamamos al sacerdote para que le impartiera la absolución, porque la situación era crítica. Aunque quería confesarse, no pudo hacerlo, porque no comprendía las preguntas del sacerdote. Cuando éste empezó a recitar las oraciones de la absolución, mi padre dejó de moverse, lanzó una sonrisa y empezó a contestar perfectamente a cada pregunta con devoción".

          Cuando el sacerdote terminó, los médicos intentaron averiguar hasta qué punto estaba dañado el cerebro del doctor Brajnovic, y le empezaron a hacer preguntas. Pero "mi padre volvió otra vez a no conocer a nadie, ni a saber dónde estaba", apunta su hija. En un momento dado, el médico señaló a su esposa y le preguntó:

—¿Conoce a esta señora?

          De nuevo se calmó, sonrió y asintió.

—¿Quién es?, insistió el médico.

—La mejor mujer del mundo, respondió al instante Luka.

          Aunque no podía recordar su nombre, sabía quién era ella: el amor de su vida, o según sus propias palabras "la mejor mujer del mundo". Es lo que nos cuenta su propia hija, sobre los momentos dramáticos de uno de los mejores profesores de la Universidad de Navarra.

          Don Luka, como todos sus alumnos le conocíamos (a mí me dio la materia de deontología periodística), es recordado por un folleto que la universidad imprimió y envió a todos los alumnos y ex-alumnos, para recordar a nuestro querido y añorado maestro.

          Había nacido en Cracovia en los tiempos de la guerra. Su hija Elij dice que "padeció el exilio y la persecución, presenció la miseria de los suyos, tuvo que cambiar de profesión y vida varias veces, sufrió la separación de sus seres queridos y vio desgarrarse su patria". De hecho, a ella, a su hija mayor, la conoció después de años de separación. 

          El doctor Brajnovic fue exiliado, y Elij y su esposa se quedaron en Cracovia bajo trabajos forzados. Una vez acabada la guerra, nos cuenta Elij, "conocí a mi padre el 27 octubre 1956 en un andén de la estación de tren de Munich, cuando yo tenía ya 12 años. Fue el mayor deseo de mi vida, el de ver y tocar a mi padre. Yo le di la mano y él me abrazó. Recuerdo el olor a su abrigo y el amor de su mirada, que reconocí al instante porque siempre había estado ahí. Fue un flechazo con el que me robó el corazón".

          Pero no sólo le robó el corazón a sus hijas, sino que nos los robó a todos sus alumnos de todo el mundo, por el testimonio humano y cristiano de vida que nos dejó. Algunas de sus frases preferidas eran "siempre con la verdad por delante", "si uno se equivoca que rectifique y ya está", "no disfracéis la mentira bajo aspecto de verdad", "no queráis quedar bien ante nadie, sino sólo ante Dios" y "hay que cumplir los compromisos adquiridos".

          Él perdonó y rezaba todos los días por aquellos que le hicieron daño, y se alegraba cuando descubría que algunos habían retomado el camino correcto, como leemos en sus memorias. Y eso que fueron muchos los que le persiguieron, encarcelaron y condenaron a muerte.

          Una vez le preguntaron en clase:

—¿No siente odio contra quienes le hicieron sufrir de esa forma?

—No, fue la respuesta.

—¿Y cómo es posible?

—Porque no hay otra manera de vencer al odio, más que con el amor.

          Don Luka sólo trasmitía paz del cielo, y una tranquilidad que escondía bajo su mirada. Era también muy alegre, y se tomaba en serio a todos sus alumnos. Vale la pena conocer la vida de don Luka Brajnovic a través de sus memorias, y descubrir en ellas a la madre que le enseñó a rezar, y a esa esposa Ana que siempre junto a él, a pesar de los años de exilio y hasta la vejez.

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 Act: 08/07/24         @noticias del mundo              E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A