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Madero Ensangrentado
Córdoba,
30 marzo 2026 Entramos ya en la Semana Santa, en la que conmemoramos la pasión de nuestro Señor Jesucristo. Entramos en la semana más importante para los católicos y para el resto de la humanidad, pues por 1ª vez un hombre logró vencer a la muerte y resucitar de los muertos, y esta victoria es la gran esperanza de vida de la humanidad. Como todo hombre normal, Jesús estaba atemorizado por lo que se le venía encima, y era plenamente consciente de todo por lo que había de pasar. Su sacrificio de entrega y generosidad fue para con todos nosotros increíble, y aún todavía más la forma con la que lo afrontó: por amor. Por parte de las autoridades, Jesucristo fue detenido como un vulgar delincuente, fue juzgado como un criminal, fue calumniado y ridiculizado, fue torturado de forma brutal y fue condenado a la más deshonrosa de las muertes. Y por parte del pueblo (al que tanto quería, y por el que había hecho cosas tan buenas), Jesucristo fue insultado y mofado, sobre todo cuando las autoridades dieron orden de crucificarlo. Pero en ningún momento se negó Jesucristo a pasar por ese calvario, y lo afrontó todo de una forma tan increíble que sólo existe una palabra para poder describirlo: amor. Todo lo hizo por amor a los hombres, siendo éste el pago de los hombres a su inmenso amor. A lo largo de la historia, algunos hemos sacado nuestras propias enseñanzas de todo aquello, y eso nos ha servido para encauzar nuestra vida hacia ese camino que él nos marcó. Pero la inmensa mayoría de personas apenas lo recuerda o se acerca de pasada, mostrando con ello una actitud imbécil cuando escuchan los pasajes de sus latigazos (que deberían desgarrarles a ellos también la piel), de sus clavos (que deberían llegarles a fuego a sus mentes). Así es como está el mundo, lleno de imbéciles con letras gigantes, que se ríen del camino que Cristo nos marcó, y que incluso se atreven a juzgar sus enseñanzas. Esas son las personas de hoy día, que llevan sus hijos a bautizar, comulgar y confirmar, y que luego se pasan la Semana Santa en la playa y de fiesta en fiesta, en comilonas, juergas y otras estúpidas actividades. Y eso que Cristo está muriendo por ellos. .
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