Modos de Saber


El aprendizaje, con infinitas formas de aprender para todas las edades

Querétaro, 11 mayo 2026
Gabriel Zaid, periodista de Observador

         Al despertar, nadie sabe de inmediato dónde está, y si no lo hace en su lugar habitual tarda un poco en darse cuenta. La luz también es apercibida mucho después que ésta haya irradiado sobre nosotros. La simpatía o antipatía, el interés o el enojo, tampoco son captados desde la primera impresión, y eso que todos ellos no son irracionales sino cognitivos.

         En definitiva, el conocimiento práctico no deriva del teórico, sino que lo precede, y cuando se tiene experiencia de algo es cuando, por fin, puede ser conocido.

         A nivel corporal, el hombre primitivo fue capaz de hacer fuego, cocinar, sembrar, fabricar cerámica o levantar chozas. Más adelante, ese mismo hombre fue capaz de hacer la cama, vestirse o lavar platos. Hoy en día, cualquier persona es capaz de cambiar un foco, escribir un libro o pintar un móvil con todos sus componentes.

         En cuanto a habilidades administrativas, cualquiera de nosotros sabe hacer compra-ventas, buscar un trabajo, vender un piso o reconocer que otros saben y hacen mejor las cosas que nosotros, tras habernos formado un criterio sobre lo que es mejor.

         A nivel intelectual, cualquier persona es capaz de preguntar, enseñar, usar diccionarios o aprender idiomas, definiendo cada cosa por sus cualidades incluso invisibles (como la electricidad).

         Decía Euclides que "dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí". Decía Newton que "tanto el reposo como el movimiento continúan si no interviene una fuerza externa". Decía Sadi Carnot que "la energía se degrada de manera inexorable e irreversible". Decía Johannsen que "el gen es la unidad molecular de la herencia". Y así sucesivamente.

         Todas éstas son afirmaciones refutables, como también lo son el resto de afirmaciones del derecho, la biología, la astronomía o la dinámica de fluidos. Son refutables porque el hombre es capaz de seguir conociendo, de seguir contrastando y de seguir progresando.

         Lo más importante de todo, y la base de todo, es conocer. Es decir, alcanzar el conocimiento de las cosas.

         A este respecto, conviene recordar un par de cosas. En primer lugar, lo que ya decíamos al principio: que las fuentes del saber son antes experienciales que teóricas. En segundo lugar, que la transmisión de conocimientos también puede ser, y casi siempre suele ser, experiencial.

         Todo saber puede ser transmitido de forma oral (en familia, a través de canciones populares, en el teatro) escrita (en pinturas, libros o fórmulas matemáticas) y hasta digital (en la TV o experiencias inmersivas). Eso sí, habrá que saber captar, y desechar, todo saber engañoso (ilusiones ópticas, lugares no examinados) o conjeturas precipitadas, en base a lo que decíamos al principio: la experiencia acumulada, y la contrastación experiencial.

         Observar la espesura de un bosque, escuchar el romper de las olas, palpar a un niño que juega, oler las flores del jardín, degustar el maíz de Tehuacán, y hasta medir a palmos la puerta por la que entrará el sofá, todo eso son modos de saber.

         El habla se desarrolló milenios antes que la gramática. La agrimensura condujo a la geometría. La cronología no jerarquiza el saber. La astronomía es anterior, y no inferior a la geometría. El arte es anterior, no inferior a la ciencia experimental. Como dice un dicho castellano, "el saber no ocupa lugar".

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 Act: 11/05/26         @noticias del mundo              E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A