Mujer Trabajadora


Embarazos y Maternidad, 85% de la discriminación laboral en Occidente

            Vivimos en una sociedad globalizada en que la productividad es lo único que cuenta, por lo que muchas veces la autoestima se baja a los suelos y emocionalmente nos percibimos como no valiosas. Si sólo trabajamos en casa, barrer, planchar, lavar, sacudir y cocinar se vuelven actividades que agotan el cuerpo  y nos llevan a la monotonía y al sinsentido. Creemos que sólo trabajando en algo que produce dinero seremos valiosas.

            Sin embargo, si además trabajamos fuera del hogar y sí ingresamos dinero, el agotamiento de la doble jornada (casa, empleo) nos obliga a un ritmo de vida en el que no tenemos tiempo para nosotras mismas, para descansar, para pensar...

            Si, para colmo, nos dejamos llevar por la publicidad, ya sea de televisión o revistas, nos percibimos como no valiosas al confrontarnos con el ideal de felicidad y belleza: cuerpos esculturales, juventud  radiante, autos, ropa, joyas.

            La depresión es el mal de nuestra época, y somos las mujeres las que más la padecemos, pero tenemos que buscar una salida.

            Así que, cuando el ánimo decae, cuando en ocasiones  pareciera desvanecerse el sentido de nuestra propia existencia, buscar la respuesta en el silencio de nuestro propio corazón es el mejor camino.

            En el recogimiento nos redescubrimos y, sobre todo, podemos encontrar a Dios, que con su profundo amor ilumina nuestras vidas y guía nuestros pasos, y con su mirada amorosa nos reconforta.

            Si aprendemos a mirar la vida con ojos de eternidad, si vamos tomando conciencia de que cada uno de nuestros actos en la vida tienen un propósito, seguramente recuperaremos el sentido, la brújula y el ánimo.

            Tomemos conciencia de que una sola sonrisa brindada a alguien triste y solitario, incluso a algún desconocido en la calle,  puede dejar una huella en su corazón. Una palabra de aliento, una caricia, un rato de escucha atenta, son capaces de cambiar el sentido de la vida de quienes nos rodean y, como por arte de magia, el nuestro.

            El mundo actual busca frenéticamente elaborar productos y más productos que son caducos, desechables, la mayoría de las veces inútiles y de los cuales al cabo de unos años no tendremos el menor recuerdo.

            En cambio, todos los “productos” humanos, todo lo que sale del corazón humano, todos aquellos que se elaboran con paciencia, amor, caridad, fe, ternura…, todos ellos tienen una permanencia eterna, jamás desaparecerán.

            En este mes de mayo, mes de la mamá y de la maestra, les propongo que reencontremos el sentido de nuestras vidas volviéndonos creadoras (co-creadoras) de una mejor forma de vida; que nos convirtamos en constructoras de la civilización del amor, dejando diariamente una huella, que se conservará por toda la eternidad.

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YUSI CERVANTES, Querétaro, México

 

            Es evidente el éxito que están alcanzado las mujeres en la vida profesional. Éste responde, sin duda, a una mejor preparación académica que les ha ido abriendo espacios de participación, aunque también es fruto de un cambio cultural con respecto al papel o rol que corresponde desempeñar a las mujeres y en donde urge encontrar soluciones equilibradas.

            Llegar a casarse y formar una familia sigue siendo el ideal mayoritario de las mujeres para satisfacer las exigencias más profundas de su espacio vital. En el Sydney Morning Herald del pasado 27 febrero, Bettina Arndt comentaba que «las mujeres que cambian el tener hijos por una carrera, pueden encontrarse al final con que han hecho un mal negocio».

            Esto no quita que en el horizonte de las aspiraciones de la mujer de hoy existe el deseo de terminar una carrera profesional y ejercerla para adquirir experiencia, aumentar el prestigio y ganar dinero, sea por gusto, por necesidad o por ambas cosas. Es un hecho el que cada día crece el número de mujeres profesionistas influyentes; sin embargo, un factor importante que limita el ascenso a puestos ejecutivos, en opinión de Ann-Kristin Achleitner, profesora de banca y finanzas en la European Business School, es que, para llegar a escalar puestos en las grandes compañías, se tiene que haber estado trabajando de 10 a 15 años, y hay pocas mujeres que realmente llegan a hacerlo, quizá debido al fuerte reclamo que ejercen entre ellas los compromisos familiares, especialmente durante los meses que corresponden a la maternidad.

            Esta situación no es exclusiva de algunos países que puedan considerarse conservadores. En Estados Unidos las mujeres también tienen dificultades para escalar los más altos puestos ejecutivos. El pasado 27 de noviembre, la revista Business Week observaba que aunque el 45% de los puestos directivos los ocupan mujeres, sólo dos de las 500 mayores empresas del país tienen jefes ejecutivos del sexo femenino: Carly Fiorina, en Hewlett Packard, y Andrea Jung de Avon Products.

            Existen varios estudios realizados a hombres, en los que se demuestra que es frecuente que el éxito en el trabajo no colme las expectativas de una vida de calidad, de la misma manera que investigaciones recientes muestran que las mujeres mayores que han sabido compaginar matrimonio, maternidad y trabajo profesional disfrutan del nivel de bienestar psicológico más elevado, significativamente superior al de las mujeres que ni se habían casado ni eran madres.

            Cada vez más mujeres se dan cuenta de que es necesario luchar no sólo por la equiparación en el puesto laboral, sino también por el reconocimiento del valor de la maternidad.

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PAZ FERNÁNDEZ, Querétaro, México

 

 Act: 01/08/19   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A