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Muros de Separación
Querétaro,
15 diciembre 2025 El pensador polaco Kapuscinski tiene dos virtudes: la claridad de lo que dice y la brillantez de lo que no dice. Supone que su lector es inteligente, que entiende con pocas palabras y alguna imagen, y por eso se dirige a él con diafanidad e imaginación, provocando su entendimiento. Tras lograr sobrevivir y escapar al régimen comunista, el políglota polaco llegó a Roma y se topó con un mundo lleno de luz y sonido, de anuncios y letreros comerciales, y se descubrió "deslumbrado por la luz de Occidente". Muchos lo tacharon de ingenuo, pero él supo unir a su entusiasmo y optimismo una analogía cargada de crítica e ironía, que en adelante marcó su vida y su estilo. Con alegría casi infantil, Kapuscinski creyó que la caída del oscurantismo comunista era un trayecto imparable de la humanidad hacia la luz, la apertura y la libertad. En su intento por glosar a Herodoto, respecto que "la historia es el despliegue de los individuos que aman la libertad, en contra de las dictaduras", el ensayista polaco publicó años después (en 1997) un conmovedor ensayo en New Perspectives Quarterly, y en él dijo que:
La profecía de Kapuscinski va camino de cumplir 30 años ya, y de momento sólo ha podido cosechar la reacción contraria, con un pulular de nacionalismos idiotas y un nuevo terror hacia la libertad del otro, el desconocido o el vecino, tanto en su propia Polonia como en toda Europa y casi todo Occidente. Quienes levantan muros creen que la barbarie proviene del otro lado, y que con ello salvaguardan su propia libertad interior. Pero esto no es así, pues como bien analizó Kapuscinski "levantar muros es propio de tener miedo y acobardarse", y "libre es aquel que no se deja encerrar". Una vez más, Kapuscinski volverá a tener razón. .
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