Odisea en el Cine


Penélope, reina de Ítaca, emblema de saber esperar contra toda esperanza

Querétaro, 24 agosto 2026
Fernando de Haro, periodista de Observador

         La película Odisea de Christopher Nolan no ha dejado indiferente a nadie, y eso es ya una buena señal. Sobre todo, no ha dejado indiferentes a los espectadores, por su récord de taquilla. Definitivamente, el éxito de Nolan certifica que el poeta griego Homero, 2. 800 años después de escribir su Odisea, está más vivo que nunca.

         En los tiempos del streaming y de las pantallas pequeñas, muchos han buscado las pantallas grandes, a ser posible en IMAX. Y dicen haber vivido tres horas a las que no les sobra ni un minuto de largometraje, llenas de todo lo que tiene una gran historia. No han dejado de emocionarse, sufrir, gozar y pensar.

         En cuanto al personaje principal, Odiseo (o Ulises, según la traducción castellana del poema helénico), The Economist señala que se parece más un personaje del Occidente moderno que a uno de la antigua Grecia. Por su parte, The New Yorker denuncia que le falta la astucia, el ingenio y la seducción originales, y le sobra el sentido de culpa. Seguramente los críticos lleven razón, pero ¿quién ha dicho que ser moderno, o hacer una relectura de la Odisea, sea un pecado? En su momento también lo hicieron Dante o Tennyson, por citar solo dos ejemplos.

         Nadie critica, sin embargo, la Penélope que encarna magistralmente Anne Hathaway, y que es tan decisiva como Odiseo en la historia. Homérica o moderna, Penélope no es ya la mujer del rey de Ítaca que espera a su marido, sino que ella misma es la espera. Se trata de una espera irrenunciable, para la que dos décadas de ausencia no son una prueba irrefutable de la muerte de su marido.

         Se trata de una espera que se impone incluso al escepticismo generado por los viajeros, que hablan de un Odiseo vivo que nunca llega. Por eso todos nos reconocemos en Penélope, porque sabemos, aun sin llegar a formularlo, que la ausencia es una forma de presencia, y que la ausencia es ausencia de alguien. Sabemos, como le sucede a Penélope, que la grandeza de nuestra humanidad depende de la capacidad de hospedar esa espera de Odiseo, del que todo habla.

         Nolan crea una atmósfera muy sugerente para poner en contraste el abuso, la impaciencia y la violencia de los pretendientes, y la firmeza de Penélope. La reina de Ítaca no quiere conformarse con la nueva normalidad, ni escucha a los que le dicen que la isla necesita un nuevo rey.

         El trono no está vacío, sino que está lleno de espera, y no acepta a cualquiera sino sólo a Odiseo como rey. Veinte años son muchos años, y el tiempo teje un sudario en el telar de Penélope. Esa espera es capaz de destejarlo de noche, y Penélope recupera así, una madrugada tras otra, el presente.

         El Odiseo de Nolan, moderno sin duda, sabe decir yo frente al destino de los dioses y al peso de su culpa. El personaje de Homero no siente dolor por la destrucción de Troya, y el de Nolan sí, pero no por eso se detiene en su viaje de vuelta a casa.

         El canto de las sirenas que Odiseo quiere escuchar, atado al palo del mástil de su barco, dice lo siguiente: "Lo que más deseas es lo que menos puedes tener, y que lo que menos puedes tener es lo que ya tienes". Las sirenas de Nolan quieren atrapar a Odiseo, negándole la posibilidad de que su deseo se cumpla, reprochándole que ha perdido lo más querido y que su mal le condena al fracaso. Son las sirenas de siempre, con su endiablado canto que niega el deseo y el sentido de la espera. Son las sirenas del poder que te dictan lo que puedes y no puedes desear.

         Nolan sitúa en la isla de Trinacia un diálogo entre Atenea y Odiseo, basado en un reproche que Homero pone en boca de la diosa en otro lugar. Atenea, que tanto le ha ayudado en su viaje, le echa en cara que quiera enfrentarse a los dioses y al destino. Aquí es cuando Odiseo, mucho más que en sus astucias y en su capacidad de combate, muestra su altura como héroe. El héroe dice "yo soy libre y responsable" ante sus hombres, y asume la herida (que no está en Homero, pero sí en Nolan) por el mal causado.

         Acurrucado, con ropas de mendigo, ante una Penélope que ya le ha presentido más que reconocido, Odiseo abre su corazón en una confesión heroica. ¿Demasiado moderno? Tan moderno como una espera que no cesa en un mundo que se derrumba, tan moderno como un yo que con su deseo desafía la catástrofe y el destino impuesto por los dioses.

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 Act: 24/08/26         @noticias del mundo              E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A