Títulos Falsos


Títulos y licencias, frente al espejo de quiénes las poseen o merecen

Querétaro, 3 agosto 2026
Gabriel Zaid, periodista de Observador

         En la Corte Suprema de México trabajaba un jurista que no había cubierto ni el 40% de los requisitos para obtener un título profesional. Por supuesto, dicho jurista no trabajaba en un puesto administrativo sino técnico, como secretario de estudio y cuenta de la Sala Segunda.

         Este escándalo, que destapó El Universal el 22 enero 2014, oculta una noticia más notable: que para saber no hacen falta los títulos profesionales. Por supuesto, vaya por delante que los hechos son reprobables, y merecedores de una condena.

         Respecto a que "el saber no ocupa lugar", abundan los ejemplos. Una señora inteligente, sin especial escolaridad, lleva el despacho de la notaría mejor que el propio notario. Daniel Cosío Villegas era licenciado en derecho, no en economía ni en relaciones internacionales. Sin embargo, promovió la creación de estas licenciaturas, y las primeras generaciones recibieron las clases, títulos y profesores que no tenían.

         Ortega y Gasset señala que el Imperio Británico fue administrado por graduados en letras clásicas. Todavía hoy, los mayores empresarios de México son filósofos (Lorenzo Servitje) o ingenieros (Carlos Slim). En esta perspectiva, es más que comprensible que el libro What they don’t Teach you at Harvard haya sido todo un bestseller.

         El Universal del 20-I-2014 exhibió la lista de falsificaciones titularias, y hasta encargó una propia para observarla. Décadas antes, El Sol de México, del 11-II-1977, informó que la Secretaría de Salubridad descubrió una banda de falsificadores, y estaba investigando 80.000 títulos falsos de médicos y enfermeras. Lo más notable de todo fue que los falsos médicos no saltaban a la vista. ¿Es que la gente no percibe la diferencia? Por lo visto, el fraude no es castigado. Y lo que es peor, no se nota.

         Los conocimientos avalados y certificados por expertos (los profesores) son elementales para ejercer una profesión. Por decirlo así, son indispensables para ser titular de esa profesión, o tener licencia para ejercerla. Los buenos reclutadores de personal lo saben, y de hecho exigen el título como algo de cajón. No obstante, a efectos de saber, dichas titulaciones y licencias no guardan relación directa con el saber general, o ejercer mejor una profesión. 

         Iván Illich propuso que exigir credenciales para un puesto laboral fuera ilegal, y por el lado opuesto existe quienes exigen un certificado hasta para ser barrendero. Lo ideal sería el equilibrio entre ambos, tratando de conseguir personas cualificadas (con titulación y licencia) y vocacionadas (con experiencia y dedicación).

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 Act: 03/08/26         @noticias del mundo              E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A