El servicio está en el centro del liderazgo y la educación

Sidney,.27.junio.2022
Arzob.
.Anthony.Fisher,.primado.de.Australia

          Los seres humanos están fascinados por la grandeza, y los reality de TV están repletos de master chefs, supervivientes y competidores similares. Nuestro universo ficticio recompensa la pereza y el glamour con el éxito, e incluso nos incita a perder el sueño con la esperanza de presenciar una alfombra roja de Hollywood.

          Pero la tradición cristiana no es así, sino que nos recuerda que no hay que ser perezosos y sí "trabajar duro y servir con entusiasmo, para merecer vuestro sustento". Son palabras de San Pablo, que continúa diciendo: "Pelea la buena batalla, y corre la carrera hasta el final" (2Tim 4,7-8; Fil 3,13-14). O como dice San Juan: "Gana elogios por tu arduo trabajo y perseverancia" (Ap 2, 2-3). O como ya dijo el propio Jesucristo: "Aspirad a ser perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5,48; 19,21). O como diría yo: "¡O lo más parecido posible!".

          Así, pues, estamos llamados a ambicionar las cosas más altas, y a buscar la santidad por encima de la popularidad, anteponiendo los intereses de los demás a los nuestros. Eso sí, con mucha humildad, pues "¿de qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su alma?" (Lc 9, 25). La verdadera grandeza, por tanto, estriba en el sacrificio personal, y en ayudar a los demás. Jesús fue muy directo: "Si quieres ser grande, sirve como el que más".

          El servicio está en el centro del liderazgo y de la educación, y la enseñanza de la Iglesia es profundamente comunitaria. Por eso San Pablo habla de enseñanzas que van transmitiéndose a los demás (1Cor 15, 3-4), y de corredores que en una carrera de relevos van pasando el testigo a otra nueva generación.

          Este proyecto de Jesús y de Pablo continúa hasta el día de hoy, y vosotros, queridos maestros y estudiantes, habéis sido elegidos para ello, para ser los lavapiés de hoy día. Si este os parece un plan fracasado, sabed que la Iglesia lleva ya 2.000 años de experiencia docente, y la experiencia ¡funciona!

          Jesús fue también un maestro consumado, que enseñaba en ciudades y en campos abiertos, en la mesa o allí donde se reuniera la gente. Incluso tenía 12 estudiantes que lo seguían, y a los que les fue enseñando para que ellos también pudieran un día enseñar lo que él les enseñó. No era éste un plan de estudios muy detallado, pues entonces ¡no había facebook! Pero el Maestro sí dijo que debían compartir las buenas noticias que él les había enseñado (Mt 28, 19), y que el Espíritu Santo los guiaría hasta la verdad.

          Los estudiantes de Cristo podrían ser egoístas y tercos, pero se relacionaban entre ellos, y a través de las sencillas enseñanzas de Jesús equilibraron sus críticas y empezaron a hacerse elogios entre sí. Ésa fue la táctica de Jesús: la de enseñar ideas y metas difíciles a través de simples cuentos, que todo el mundo pudiese conocer y cuyo aprendizaje tocara el corazón. "Ama a los demás", les decía Jesús, incluso a los que son más difíciles.

          Cuando Jesús regresó a su ciudad natal, y comenzó a enseñar en la escuela sinagogal, la gente se asombró y dijo: "¿De dónde sacó esta sabiduría y estas obras?" (Mt 13, 54). Puede que tú mismo te sorprendas algún día, profesor y alumno, de que la sabiduría brote de tus labios bajo la influencia del Espíritu. Los buenos maestros saben que la enseñanza no consiste sólo en palabras o ideas transmitidas, sino en ejemplos vivos a los que seguir. El entusiasmo es contagioso, y hace más efectiva la transmisión.

          Cuando los inspectores vinieron a revisar las enseñanzas de Jesús, dijeron: "Maestro, sabemos que enseñas recta y íntegramente, que eres justo y no haces acepción de personas, y que verdaderamente enseñas el camino de Dios" (Mt 22, 16). Querido profesor y principiante, ¿quieres tú también ser así? Porque la Iglesia ve grandezas en ti, y quiere metas grandes para ti. Así que entregaos libre y completamente al servicio del conocimiento, y sobre todo al conocimiento de Dios.

          La gracia de Dios se derramará abundantemente sobre vosotros cuando más la necesitéis, y multiplicará vuestros esfuerzos si os ponéis en manos de Dios. Los planes de estudios, las pedagogías, las estrategias, las tecnologías... todo eso importa. Pero lo que más importa es que conozcas tu vocación, y hagas del amor servicial de Dios tu propio proyecto de vida. ¡Bienvenidos a las Escuelas Católicas de Sydney!

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  Act: 27/06/22         @primados de la iglesia            E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A