La Iglesia ha de velar por la dignidad de los pobres

Los.Cayos,.7.febrero.2022
Arzob.
.Chibly.Langlois,.primado.de.Haití

          En este día en que conmemoramos a Nuestra Señora del Rosario, ponemos nuestros trabajos sinodales sobre la familia en las manos de la intercesión maternal, porque será a través de la oración como Dios mismo liberará a nuestras familias de la falta de amor que experimentan, así como la oración del Rosario obtuvo la victoria naval de Lepanto.

          La palabra de Dios de hoy, dirigida a nosotros por medio del profeta Jeremías, es una invitación a buscar lo que es correcto para nuestra compañía, a medida que tratamos de abordar los numerosos desafíos de la pastoral familiar en el contexto de la evangelización.

          El profeta Jeremías fue enviado por el Señor para recordar al rey, y a los hijos de Judá, que el futuro de Israel dependía de practicar la ley y la justicia. Una práctica que consistía en hacer justicia, sobre todo a los débiles y pobres de la sociedad (de la que eran explotados fácilmente) como el forastero, el huérfano y la viuda. Hoy día, también es importante recordar que esa justicia pasa por respetar la vida de los inocentes.

          La palabra de Dios de hoy, en boca de Jeremías, es un alegato en favor de la integración social, como un derecho de todos, y de forma especial de los más vulnerables. Y una exhortación a trabajar para construir un mundo más fraterno, donde reine la paz.

          Este mensaje profético, proclamado muchos siglos antes de Cristo, encuentra su resonancia en el mundo de hoy. Ciertamente, el mundo ha cambiado mucho en términos de tecnología, de medios de comunicación y de producción. Sin embargo, sigue estando marcado por todo tipo de injusticias, sufridas diariamente por muchas personas. Así, son innumerables las familias que sufren la pobreza, la explotación, la violencia y la guerra.

          Este sínodo sobre la familia, que reúne a los delegados de las diferentes naciones, es el lugar propicio donde tenemos que decir con una sola voz, en nombre de todas las familias de la tierra, en nombre de la familia humana, y en nombre de nuestra fe, que numerosas injusticias flagrantes y rampantes se están sucediendo dentro de muchas naciones (como Siria, Irak, África y otras partes del mundo como Haití), y no hacen justicia a la dignidad humana.

          Trabajemos en la fe y en el amor para hacer presente en el mundo el reino de Dios, y para conseguir un mundo digno de nuestra humanidad, a ser posible a imagen de Dios. Porque en la medida en que Dios logre reinar entre nosotros, la vida social será un ámbito de fraternidad, de justicia, de paz y de dignidad para todos. Esto es algo que debe hacerse en nombre de nuestra fe, y de la fe genuina a la que aludió el Santo Padre:

«Una auténtica fe siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo y de transmitir valores. La tierra es nuestra casa común, y todos somos hermanos. Y si bien el orden justo de la sociedad y del estado es una tarea principal de la política, la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Todos los cristianos, y también los pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor» (EG, 183).

          El testimonio evangélico de las familias es una ayuda activa de la fe, que trabaja a través del amor que Cristo puso en su Iglesia. Así, nuestros desafíos pastorales han de incluir a la familia, y desde ella empezar a luchar contra la falta de fe y de amor. Para ello habrá que preparar debidamente a la familia cristiana, para que sepa cómo darse en generosa donación, como algo proveniente de Dios.

          Confiamos nuestras oraciones a la santísima Virgen María, madre de la evangelización e invocada hoy bajo el título de Nuestra Señora del Rosario. A través de su intercesión, pidamos a Dios que continúe iluminándonos con su Espíritu Santo, a fin de saber cómo poner fin a las injusticias, a la violencia y a las guerras de todo tipo. Y que nos ayude a hacer que todos los hombres y mujeres de este mundo se conviertan en una gran familia, la que Cristo fundó y ofreció a Dios Padre.

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  Act: 07/02/22         @primados de la iglesia            E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A