10 de Abril

Mártires colombianos de San Juan

Consuelo Lozano
Mercabá, 10 abril 2021

           Desde 1934 estalló en España una horrorosa persecución contra los católicos, por parte de los comunistas y masones de la izquierda española. Una coalición que, por medio del fraude y toda clase de trampas, fue despojando a los católicos todos los puestos públicos, y que en las elecciones generales (en que el católico Partido CEDA obtuvo 500.000 votos más que toda la izquierda junta) contabilizaron tramposamente los votos, concediendo 152 ediles más a los izquierdistas que a los católicos. La persecución anticatólica se fue volviendo cada vez más feroz y terrorífica, y en pocos meses de 1936 fueron destruidos en España más de 1.000 templos católicos, y gravemente averiados más de 2.000.

           De 1936 a 1939, los comunistas españoles asesinaron a 4.100 sacerdotes seculares, 2.300 sacerdotes religiosos, 283 religiosas y miles de laicos, por la simple razón de pertenecer a la Iglesia Católica. Los muertos se fueron acumulando en la orden claretiana (270), franciscana (226), marista (176), pía (165), salesiana (100), hospitalaria de San Juan de Dios (98)...

           En 1936 el general republicano Franco dijo "basta ya", y tras 3 años de Guerra Civil logró echar del gobierno a los comunistas y anarquistas (los cuales, ya rendidos pero antes de abandonar las armas, volvieron a cometer otro auténtico genocidio de católicos, asesinando a más de 5.000 en Paracuellos, aparte de otra serie de asesinatos y crueldades por toda España).

           Unas de esas víctimas fueron los 7 jóvenes colombianos, hermanos de la Comunidad de San Juan de Dios, que estaban estudiando y trabajando en España. Provenían del mundo campesino y piadoso de Colombia, y eran muchachos que se habían propuesto desgastar su vida en favor de los que padecían enfermedades mentales, en la comunidad que San Juan de Dios fundó para atender a los enfermos más abandonados. La Orden los había enviado a España a perfeccionarse en el arte de la enfermería, y ellos deseaban emplear el resto de su vida en ayudar a que los enfermos recobraran su salud mental.

           Sus nombres eran Juan Bautista Velázquez, de Jardín (Antioquía) y 27 años; Esteban Maya, de Pácora (Caldas) y 29 años; Melquiades Ramírez, de Sonsón (Antioquía) y 27 años; Eugenio Ramírez, de La Ceja (Antioquía) y 23 años; Rubén de Jesús López, de Concepción (Antioquía) y 28 años; Arturo Ayala, de Paipa (Boyacá) y 27 años; Gaspar Páez Perdomo, de Tello (Huila) y 23 años.

           Hacía pocos años que habían entrado en la Orden de San Juan de Dios, y en España sólo llevaban 2 años de permanencia, en el hospital para enfermos mentales de Ciempozuelos (Madrid). Hombres totalmente pacíficos, que no buscaban sino hacer el bien a los más necesitados. Y por esa razón los maltrataron y mataron.

           Todo comenzó cuando al hospital que atendían llegaron unos enviados del gobierno comunista español, que les ordenaban abandonar el hospital (que era de la Orden de San Juan de Dios) para quedárselo ellos (ellos que no sabían nada de medicina ni de dirección de hospitales, pero que militaban las filas comunistas).

           A los 7 religiosos se los llevaron prisioneros a Madrid. Cuando el embajador colombiano en Madrid se enteró de la noticia, pidió al gobierno español que dejara en paz a sus conciudadanos, y a éstos les hizo llegar unos pasaportes y brazaletes tricolores, para salir del país. El capellán de las Clarisas de Madrid les consiguió dinero para que pagaran el viaje a Colombia, y los envió en un tren a Barcelona, donde el cónsul colombiano de Barcelona los esperaba. Pero al verlos subir al tren, vestidos de frailes, los guardias (comunistas) marcaron una señal en su ticket, para que los apresaran a su llegada a Barcelona.

           El dr. Ignacio Ortiz Lozano, cónsul colombiano en Barcelona, describió en 1937 al periódico El Pueblo de San Sebastián cómo fueron aquellas jornadas trágicas. Impresionante:

"Este horrible suceso es el recuerdo más doloroso de mi vida. Aquellos 7 religiosos no se dedicaban sino al servicio de caridad con los más necesitados. Estaban a 30 km de Madrid, en Ciempozuelos, cuidando locos. El 7 agosto 1936 me llamó el embajador en Madrid (Dr. Uribe Echeverry) para contarme que viajaban con un pasaporte suyo en un tren, para rogarme que fuera a la estación de Barcelona a recibirlos, y para que los tratara de forma exquisita. Yo tenía ya hasta 60 refugiados católicos en mi consulado, pero estaba resuelto a ayudarles todo lo mejor que fuera posible. Fui varias veces a la estación de tren, pero nadie me daba razón de su llegada. Al fin un hombre me dijo: ¿Es usted el cónsul de Colombia? Pues en la cárcel hay 7 paisanos suyos.

Me dirigí a la cárcel, pero me dijeron que no podía verlos si no llevaba una recomendación de la FAI (Federación Anarquista Española). Tras conseguirla, en la cárcel me dijeron que no los podían soltar porque llevaban pasaportes falsos. Yo les dije que el embajador colombiano, en persona, les había dado esos pasaportes. Añadieron que no podían ponerlos en libertad porque la cédula de alguno de ellos estaba muy borrosa. Y me dijeron: "Venga mañana". Tras dos días que fui a visitarlos (sin poderlos ver), al fin me dijeron: "Han sido llevados al Hospital Clínico". Comprendí entonces que los habían asesinado. Era el 9 agosto 1936.

Aterrado, lleno de cólera y dolor, exigí entonces que me llevaran al depósito de cadáveres, para identificar a mis compatriotas sacrificados. En el sótano encontré más de 120 cadáveres, amontonados uno sobre otro en el estado más impresionante que se puede imaginar. Rostros trágicos, manos crispadas, vestidos deshechos... Era la macabra cosecha que los comunistas habían recogido ese día. Me acerqué y, con la ayuda de un empleado, fui buscando a mis 7 paisanos, entre aquel montón de cadáveres.

Son inimaginables los horribles que allí contemplé. Pero con paciencia fui buscando papeles y documentos, hasta que logré identificar cada uno de los 7 muertos. No puedo decir la impresión de pavor que experimenté, en presencia de este espectáculo. Sus ojos los tenían arrancados, sus caras estaban llenas de sangre, y sus cuerpos estaban mutilados y totalmente desfigurados. Algo satánico. Por un rato los contemplé en silencio, y me puso a pensar hasta qué clase de horror y crueldad es capaz de llegar todo el que ha perdido la fe".

           El gobierno de Colombia protestó oficialmente ante el gobierno de España, y denunció ante la ONU el genocidio comunista español a 7 compatriotas colombianos, por el simple hecho de ser personas religiosas.

           En cada uno de ellos cumplió Jesús, y seguirá cumpliendo, aquella promesa tan famosa: "Si alguno se declara a mi favor ante la gente de esta tierra, yo me declararé a su favor ante los ángeles del cielo". Ellos son los primeros 7 beatos de Colombia. Fueron beatificados por Juan Pablo II en 1992, y ojalá que sean ellos los primeros de una larguísima e interminable serie de amigos de Cristo que en Colombia lo aclamen con su vida, sus palabras y sus buenas obras, en su corazón y en este mundo.