11 de Abril

San Estanislao de Cracovia

Mariano Waloreck
Mercabá, 11 abril 2021

Nació en Szczepanow (Cracovia) el 26 julio 1030, hijo único de unos padres (Wielislaw y Bogna, de noble alcurnia) que llevaban vida austera y piadosa, así como dados al ejercicio de las virtudes. En el hogar paterno recibió Estanislao una esmerada cultura, tanto moral como intelectual, aunque sus estudios superiores los realizó en Cracovia y París.

Fue ordenado sacerdote por el obispo de Cracovia (mons. Lamberto), siendo elegido su sucesor el día 2 febrero 1072. Gobernó valientemente la diócesis durante 8 años, al cabo de los cuales fue martirizado. El famoso historiador polaco Jan Diugosz confirma esta opinión diciendo:

"Estanislao era de carácter dulce y humilde, pacífico y púdico; era muy cuidadoso en reprimir sus propias, faltas antes de hacerlo con sus prójimos; era un alma que jamás mostró soberbia ni se dejó llevar por la ira, muy atento, de naturaleza afable y humano, de gran ingenio y sabiduría, y dispuesto siempre a ayudar a quien necesitaba ayuda alguna. Odiaba la adulación e hipocresía, mostrándose siempre sencillo y de corazón abierto".

Por otra parte, la grandeza de Estanislao consistió en saber vivir y realizar el ideal de la religión, tantas veces subrayado por San Pablo: christianus sum. Este ideal le hizo obispo de gran virtud, fundado en la confianza en Dios y guiado por la justicia, la libertad y la salvación de su pueblo, llegando a despreciar todas las penas y dificultades mediante el equilibrio de su espíritu, su fervorosa piedad y un alma inquebrantable. En 3 palabras, el obispo de Cracovia era un hombre serio, templado y auténtico.

Todo lo contrario que ocurría con Boleslao II de Polonia, gran guerrero y rey audaz, pero también figura de grandes vicios y débil voluntad, que le oscurecieron la inteligencia y le llevaron a la mayor catástrofe de su vida. Pues ante los éxitos políticos y militares, llegó el monarca a creer que a él le estaba permitido todo, dando paso a sinnúmero de crueldades y abusos que clamaron al pueblo.

Estanislao, viendo un mal tan grande y pecados tan notorios, no pudo quedarse tranquilo; callar en esta situación significaba lo mismo que aprobar la conducta del rey. Decidió entonces intervenir. Varios eran los motivos que tenía Estanislao para amonestar al soberano. En 1º lugar era el obispo de la capital de Polonia, vivía cerca de la corte del rey, era el obispo de la Iglesia de Cristo, que no podía quedarse mudo frente a un pecador público; era un cristiano que debía amonestar a un hermano suyo que estaba errando. Además, Estanislao era un alto dignatario de la corona y por esto quería demostrar su disconformidad con los tímidos cortesanos.

Sin embargo, la empresa no era fácil ni estuvo exenta de peligros, pues Gallus Anonimus, la auténtica historia polaca de aquella época, llama al rey Boleslao II "el Temerario". Se debía, por tanto, emplear la máxima prudencia.

Estanislao, en el cumplimiento de este deber suyo, se mostró a su debida altura. Amonestaba al rey pidiendo y rogándole que cambiase su postura, que frenase su inmoralidad, el terror y toda la ilegalidad. Actuaba paternal y pacíficamente, sin ira y sin faltar al respeto a un soberano.

Sin embargo, todos sus esfuerzos fueron vanos. Según Jan Diugosz, el efecto era contrario. El rey, en vez de prestar atención a los consejos de su obispo, se llenaba de furia y contestaba con amenazas, olvidándose de su propio honor. Boleslao II no quiso ver en la persona del obispo de Cracovia sino a un audaz enemigo que se atrevía a reprimir al rey. En consecuencia, la justa postura del obispo de Cracovia quedó juzgada falsamente y, herido el corazón del rey, decidió su muerte. Aprovechando la ocasión de que el obispo celebraba una misa en las afueras de la ciudad, en la Iglesia de Naskalce, invadió el templo con su cuadrilla y le mató personalmente durante la santa misa.

La leyenda que siempre acompaña a hechos tan extraordinarios dice que el rey se detuvo ante la puerta de la misma iglesia, mandando entrar a sus soldados y dar la muerte al santo obispo. Estos, intentando cumplir la orden, 3 veces llegaron hasta el altar y 3 veces, aterrorizados por el miedo, huyeron del templo. Fue entonces cuando el furibundo rey penetró y, yéndose hasta el altar, personalmente mató al ilustre prelado. Cometido el crimen, mandó sacar el cadáver fuera de la iglesia y machacarlo con las espadas.

Satisfecho de su éxito dejó los restos a la intemperie para que fueran pasto de las fieras. Sin embargo, era Dios mismo, prosigue la leyenda, quien se preocupó por estos santos restos mortales de un obispo mártir. En el lugar del sacrilegio aparecieron cuatro grandes águilas reales que volaron sobre estas reliquias durante el tiempo que tardó en integrarse el cuerpo de nuevo y hasta que llegaron los sacerdotes para recogerlo.

Los amigos del rey justificaban al soberano divulgando que el castigo era justo porque el obispo de Cracovia era un traidor. Hoy día esta canción la cantan también los enemigos de Polonia. Y surge la pregunta: ¿A quién debía obedecer el obispo de Cracovia? ¿A Dios o al rey? ¿Debía, acaso, traicionar su fe y a su Dios y servir a un rey que ha traicionado todo? El obispo Estanislao se mostró un obispo intrépido, un magno defensor de los derechos de Dios, de la moral y de la justicia. He aquí su gloria y su ejemplo para todos los cristianos.

Estanislao era uno de estos seres a quienes Dios, queriendo manifestar su omnipotencia, y para que sirvan de ejemplo a los demás hombres, les concede bienes sobrenaturales, con el fin de que, por ellos, la verdad de la fe y de la religión brille para la salvación y confortación de los creyentes.

El 17 septiembre 1253 fue canonizado en Asís por Inocencio IV, extendiendo Clemente VIII su culto para toda la Iglesia en 1605.

La muerte de San Estanislao, en el pensamiento polaco, significa lo mismo que la muerte de los valores con los cuales él vivía, por los que luchaba y por los que murió como mártir. Con la muerte de estos valores desaparecía también Polonia, así como "a través de ellos se reavivaban las almas de los polacos, y colmaban la nación de beneficios especiales".

Esta idea tan acertada (que es un lema de la existencia de Polonia) y de actualidad (siempre en la vida del pueblo polaco), fue subrayada por Pío XII en una carta dirigida al card. Wyszynski (primado de Polonia) el 16 julio 1953. No cabe duda. La figura de San Estanislao de Cracovia constituye para todo el pueblo polaco, en su marcha histórica (ideológica y natural), un magnífico ejemplar.