11 de Agosto

Santa Clara de Asís

Juan Meseguer
Mercabá, 11 agosto 2026

Semblanza

         Nació en 1194 en Asís (Perugia), en el seno de una familia en que su padre (Favorino Scifi) era el conde de Sassorosso, su madre (Ortolana Fiumi) la señora de Sterpeto, y sus hermanas (Inés y Beatriz) las futuras Santa Inés de Asís y Santa Beatriz de Asís.

         Siendo todavía pequeña, conoció al joven compatriota Francisco de Asís (11 años mayor que ella), del que se hizo su amiga y con el que escuchó la voz de Dios, que la llamaba al amor y celo por las almas.

         Con intuición femenina, afinada por la gracia y la fragante inocencia de su alma, adivinó los quilates del espíritu de aquel joven soñador (Francisco), incomprendido y despreciado por sus paisanos al abandonar la gloria del mundo y haberse puesto a buscar nuevos derroteros para la gloria de Dios, con su ardoroso y generoso corazón. Y se puso bajo su dirección.

         Los coloquios con su maestro Francisco florecieron en una decisión que pasma por la firmeza con que se ejecutó. En efecto, renunciando Clara a los ventajosos partidos matrimoniales que le salían al paso, y al brillante porvenir que su posición mundana le brindaba, huyó de la casa paterna sin despedirse ni decir nada, la noche del Domingo de Ramos de 1211.

         Ante el altar de la Ermita de los Angeles, cuna de la Orden Franciscana, Clara ofrendó a Dios la belleza de sus 18 años, siendo consagrada por San Francisco y sus primeros compañeros. Se vistió de ruda túnica, abrazóse a la dama Pobreza y empezó a dedicarse a la penitencia y al sacrificio.

         Apercibidos los parientes de su fuga, salieron en su busca. Y descubierto su retiro, trataron de quebrantar su propósito por todos los medios, con muestras de cariño y la violencia más insolente. Viéndose en peligro, Clara se hincó de hinojos junto al altar de la ermita, se asió con una mano a la mesa sagrada, y con la otra mano se destocó la cabeza, rapándose su deslumbrante cabello y mostrándose calva a la llegada de su padre. Su decisión era irrevocable, sus familiares se vieron derrotados, y todos la dejaron en adelante en paz.

         Superada esta 1ª batalla, y para poder dedicarse a la contemplación de las cosas celestiales, se refugió ya para siempre Clara entre los muros de San Damián, "escondida con Cristo en Dios" (Col 3, 3) por espacio de 42 años. Nada más suave para ella, ni mayor honor para ella en adelante, que "ejercitarse con ahínco y toda perfección en la Regla que acababa de escribir San Francisco, y atraer a ella, en la medida de sus fuerzas, a todos los que pudiese".

         Se adivina fácilmente el empeño que puso Clara en el ejercicio de todas las virtudes, y en los progresos de la Regla franciscana. Tarea para la que muchas veces excedió Clara las fronteras de la licitud y la prudencia, en el seguimiento de su maestro y padre Francisco. El cual, persuadido de que para perseverar en el camino hacia Dios hacía falta una escalera, por la cual subir y moverse, puso a Clara al servicio de lo único necesario: la contemplación, como medio de santificar el mundo.

         Con psicología y elegancia muy femenina, ofreció Clara a Dios su alma, pero no con las vanidades y riquezas caducas, sino con las bellísimas flores de las virtudes, mirando siempre al mismo espejo que era Cristo Jesús (cuya imitación constituyó el nervio de toda su espiritualidad).

         En ese espejo se ejercitó Clara en la pobreza bienaventurada, en la santa humildad y en la caridad inefable, y en un sacrificio hasta el anonadamiento. La vida y pasión de Jesús pasó a ser el objeto preferido de su meditación, junto al Jesús eucarístico y al Jesús del pesebre. Y junto a Jesús, su bendita Madre, a la que profesó una devoción sin límites.

         No fueron las enseñanzas de Clara las que uno podría esperar de sus cartas y escritos. Sino que éstas fueron, por el contrario, una "afirmación tajante y absoluta de una realidad vivida con plenitud de convicción", según Casolini. La Leyenda de Clara de Asís, escrita por Tomás de Celano (biógrafo del padre y de la hija), así como su Proceso de Canonización (en que sus compañeras e hijas declararon lo que habían observado en ella), nos hablan sobre todo de un elemento repetitivo en Clara: sus penitencias increíbles:

"De su amor a Jesús, de su meditación de los dolores de Cristo, de su inalterable paciencia y alegría en medio de sus crónicas enfermedades y continuas mortificaciones, de su intenso amor a Jesús-Eucaristía, que a sus ruegos salvó de la profanación a las religiosas y a la ciudad del pillaje, de su corazón de madre y maestra; en fin, de las gracias extraordinarias con que Dios la regaló en el destierro".

         Es sorprendente cómo esta mujer llegó a despojarse totalmente de los asuntos mundanos, y a llenarse por completo de los más abundantes y copiosos dones de celestial sabiduría. Así, una multitud ansiosa empezó a acudir a escucharla y pedir sus consejos, destacando entre dicha plebe numerosos obispos, cardenales y algún que otro papa.

         El mismo San Francisco de Asís, en los casos más difíciles del gobierno de su Orden, quiso escuchar el parecer de Clara. Lo que de modo especial sucedió cuando, preocupado y dudoso, no sabía si dedicar a sus primeros compañeros tan sólo a la contemplación o también al apostolado.

         Estando así dotada Clara de tan grandes dones del cielo, no es de extrañar que fuese a ella al que San Francisco amara más que a las demás, y encontrara en ella un poderoso auxiliar para afirmar su Instituto Franciscano; confianza que los acontecimientos vinieron a confirmar felizmente más de una vez.

         Con acierto insuperable, pues, es normal que se llamara a Clara, en el Testamento de San Francisco, como la "plantita del bienaventurado Francisco". Y lo fue por haberla él transplantado del mundo al jardín del Esposo, por la entrañable amistad que los unió de por vida y por ser ella genuina heredera y copia fiel del espíritu del maestro. Conservaba muy vivo el recuerda del ejemplo del Pobrecillo de Cristo, y de sus palabras de que vivieran siempre en la santísima pobreza y no se apartaran de ella por consejo o enseñanza de nadie.

         Tan entrañablemente amó Clara la pobreza total y absoluta, en el seguimiento de Cristo pobre, que rechazó una y otra vez (con sumisión y reverencia, pero con viril energía) las posesiones que los papas le ofrecieron repetidamente, y las mitigaciones que en la práctica de esta virtud le proponían. Su tesón llegó a triunfar sobre los escrúpulos de la Curia de Roma, e hizo que el papa confirmara, 2 días antes de que Clara muriera, la Regla para su Orden Clarisa, en base a la altísima pobreza que ella había aprendido de su padre y amigo Francisco.

         El crecimiento de la Orden Clarisa fue fulminante. Primero fue su hermana pequeña Inés, cuya entrada en religión (a los pocos días de la huída de Clara del hogar paterno) provocó en la familia Scifi una fiera tempestad. Luego vino donde Clara una multitud de doncellas de la nobleza y del pueblo de Asís. Más adelante se unió su hermana mayor Beatriz, e incluso su propia madre cuando ésta enviudó. Todo ello en el Convento San Damián de Asís, bajo la obediencia y maternal dirección de Clara, que aceptó el cargo de abadesa obedeciendo el mandato de San Francisco.

         No fue el monasterio, como podría pensarse con mentalidad errada, sepulcro de juventudes tronchadas en flor, que trataran de ocultar tras los muros conventuales su blandenguería o cansancio de la vida. Sino que fue un activísimo taller perfeccionador de almas, que con la potencia irradiadora de su intensa vida espiritual reportó a la sociedad incalculables beneficios, aun materiales.

         Aquella entrañable hermandad sobrenatural en el amor y la pobreza, entre personas salidas de distintas capas sociales, destruyó con la fuerza arrolladora del ejemplo muchas impurezas de los prejuicios sociales, de los odios banderizos y de la idolatría al oro y la corrupción.

         Finalmente, la noche del 11 agosto 1253 falleció Clara en Asís, en su Convento de San Damián, a la edad de 59 años. Días antes había venido a asistirla en su enfermedad el papa Inocencio IV, con el cual se confesó y dialogó acerca de las indulgencias de Dios. Hasta que, transida por el dolor y sin comer desde hacía meses, vio en éxtasis una procesión de vírgenes vestidas de blanco y con coronas doradas en la cabeza, que ponían una de esas coronas en su cabecera. Fue el momento de volar a Dios, 42 años después desde que se hubiera escapado de su casa en su búsqueda.

         En Asís, todos sus paisanos quedaron conmovidos por los últimos instantes de su insigne compatriota, desde la honda la persuasión de que una santa había abandonado su destierro terrenal por su patria añorada. En su funeral, el propio Inocencio IV no quiso celebrar su misa de difuntos, sino el oficio de las santas vírgenes.

         Pronto brincó la fama de Clara y sus Damas Pobres las fronteras de la Umbría y de Italia, y empezaron a sembrar toda Europa a partir de 1253, en unos monasterios clarisos en que la juventud femenina empezó a repoblar provincias enteras, atraídas sus jóvenes por el ideal de pureza y pobreza surgido de Asís.

         La vida y obras de las clarisas, a ejemplo y por mandato de su santa fundadora, fueron como aguas vivas que regaron el campo de la Iglesia, y fluyeron en el decurso de 8 siglos en beneficio espiritual del pueblo de Dios (en el caso de España, con más de 200 monasterios, desde aquel 1º de 1228). Y aun hoy el mensaje de Clara de Asís no ha perdido su sugestiva atracción ni ha agotado su eficacia renovadora.

         Santa Clara fue canonizada el 15 agosto 1255 por su amigo y protector Alejandro IV, que en su bula de canonización hizo un bellísimo panegírico de la plantita del padre San Francisco:

"Fue alto candelabro de santidad, rutilante de luz esplendorosa ante el tabernáculo del Señor; a su ingente luz acudieron y acuden muchas vírgenes para encender sus lámparas. Ella cultivó la viña de la pobreza de la que se recogen abundantes y ricos frutos de salud. Ella fue la abanderada de los pobres, caudillo de los humildes, maestra de continencia y abadesa de penitentes".

 Act: 11/08/26     @santoral mercabá        E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A