11 de Marzo

San Sofronio de Jerusalén

José Martínez
Mercabá, 11 marzo 2026

Semblanza

"Creo que el Verbo de Dios, el Hijo único del Padre, penetró en el seno pleno de esplendor de pureza virginal de María, la santa y radiante Virgen, rebosante de sabiduría divina y exenta de toda mancha del cuerpo, del alma y del espíritu. Se encarnó él, el incorpóreo, tomó nuestra forma aquel que por esencia divina estaba exento de forma en lo que se refiere al aspecto externo y a la apariencia. Quiso hacerse hombre para purificar al semejante con el semejante, para salvar al hermano por medio del hermano. Por eso eligió a una Virgen santa: fue santificada en su alma y en su cuerpo, y como fue pura, casta e inmaculada, llegó a ser la cooperadora de la encarnación del Verbo".

         Así escribía, en su carta dogmática sinodal, el patriarca Sofronio de Jerusalén al papa Honorio I, al patriarca Sergio de Constantinopla y a otros patriarcas orientales, el año 634. Aquel mismo año, los musulmanes Abu-Bekr y Ornar invadían Israel, por lo que el patriarca de Jerusalén no pudo celebrar aquella Navidad en Belén, caída ésta en poder del Islam (que amenazaba ya con invadir la ciudad de Jerusalén).

         Aquella carta dogmática de Sofronio tocaba los temas fundamentales de la encarnación del Verbo de Dios. Pero ¿quién era aquel Sofronio, que desde Jerusalén escribía a las máximas autoridades de la Iglesia?

         Había nacido el 550 en Damasco (Siria), asistiendo ya en su juventud a las clases de Retórica (de la que luego daría muestra en sus escritos) y había dedicado algunos años a la enseñanza. Hasta que decidió ir a Tierra Santa en peregrinación y, ante el ejemplo de los eremitas de San Teodosio en Isarel, decidió ingresar en aquella comunidad. Aquí debió conocer Sofronio a Juan Mosco, al que le unió una gran amistad y al que asoció de compañero a sus viajes y vivencias, incluido el viaje que ambos hicieron a Roma (el año 619).

         Sofronio y Juan permanecieron en Israel del 594 al 603, y de allí emprendieron un viaje por la costa sureste de Turquía, visitando ciudades tan significativas como Antioquía y Tarso. De aquí partieron hacia Egipto y visitaron el Sinaí, donde la herejía monofisita hacía estragos entre los cristianos. Duro fue el trabajo de los 2 amigos en su lucha contra esta herejía, y en su apostolado para la conversión de los herejes. Entre los años 614 y 619 los vemos en Roma, hasta que muere Juan y Sofronio regresa a su comunidad de San Teodosio.

         Tras varias misiones que desde San Teodosio emprendió Sofronio, para poner remedio a la división que causaba la herejía monofisita, el año 634 Sofronio fue nombrado patriarca de Jerusalén.

         Sólo estuvo en el cargo 4 años, y en ellos continuó con su labor a favor de la verdad católica de las 2 naturalezas (humana y divina) en la única persona divina de Jesucristo. Pues el cáncer de la herejía monofisita (de una única naturaleza en Cristo) corroía la unidad de la fe y de la Iglesia, y algunos obispos habían optado por una peligrosa 3ª vía, llamada monoenergismo (en Cristo sí había 2 naturalezas, pero una sola fuente de vida, o energía).

         En la carta que Sofronio dirigió al papa Honorio I y al patriarca Sergio de Constantinopla (defensor del monoenergismo), reafirmaba Sofronio la doctrina de las 2 naturalezas de Cristo, con sus 2 energías propias. Se postulaba así en la línea del Concilio de Efeso (ca. 431, que había proclamado la unidad de la persona de Jesucristo) y del Concilio de Calcedonia (ca. 451, que había definido la fe en "un solo Señor Cristo, Hijo unigénito, que debe ser reconocido en dos naturalezas, divina y humana").

         Otra fuente de problemas, ya al final de sus días, fue el duro asedio a que los árabes sometieron a la población de Jerusalén, con la consecuente Caída de Jerusalén ante los moros (ca. 638). Sofronio intervino a favor de los cristianos, y consiguió que trataran a éstos con menos dureza que a los rehenes y a la población en general.

         Fue el último servicio de este hombre de Iglesia, infatigable luchador a favor de la verdad católica, de la unidad de los discípulos de Cristo y de la paz. El 11 marzo 638, semanas después de la Caída de Jerusalén en manos de los mahometanos, Sofronio voló al cielo.

         De su producción literaria han quedado algunos himnos y cánticos, que hoy forman parte de la liturgia de las iglesias ortodoxas. También en la liturgia romana del Viernes Santo se canta, en la adoración de la cruz, el famoso Popule Meus, inspirado en los Tropos del Viernes Santo de Sofronio de Jerusalén:

"Pueblo mío, ¿qué te he hecho, en qué te he ofendido?
A cambio del maná, me has dado hiel,
a cambio del agua, me has dado vinagre,
a cambio de mi amor, me has clavado en la cruz".

         Las alabanzas de San Sofronio a María marcan el alto grado de admiración a la Madre de Dios, la Theotokos, a la que veneraba con el amor de un trovador y con la sencillez encantadora de un niño.

 Act: 11/03/26     @santoral mercabá        E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A