11 de Mayo

San Mayolo de Cluny

Consuelo Lozano
Mercabá, 11 mayo 2022

           Nació el 906 en Valenzola (Provenza), en el seno de una familia ilustre cuyo padre (Foquer) era el rico y poderoso señor de la zona. No obstante, sus padres murieron pronto, cuando Mayolo era aún muy joven, y al joven Mayolo le ronda por la cabeza abandonar sus muchas posesiones y retirarse a la soledad.

           Nada más tomar esta determinación, los sarracenos venidos de España hacen varias incursiones por la zona y obligan a Mayolo a refugiarse en Macon, bajo la protección del obispo Bernon (que se da cuenta de sus buenas disposiciones, y le ofrece la prebenda de un canonicato).

           Hace entonces sus estudios en la célebre Escuela Catedralicia de Lyon, de donde regresa para instruir en filosofía y teología al clero local de la Provenza, recibir el diaconado y ser nombrado arcediano (e.d, el 1º del orden de los diáconos). El ministerio del diaconado llevaba entonces consigo preparar la mesa a los pobres y repartirles las limosnas de la Iglesia. Y ese es el momento en que ve Mayolo colmados sus deseos: vender sus tierras y casas e ingresar todos sus beneficios en la santa limosna diocesana, a cargo del obispoo.

           Al quedar vacante la diócesis de Besanzon, a la muerte de Guifredo, proponen a Mayolo para sustituirle. Pero él se resiste y, temeroso de que se presenten otras ocasiones que no pueda declinar, se retira a la vida solitaria. Conoce entonces la Abadía de Cluny, recientemente fundada por Guillermo de Aquitania (ca. 910) bajo la advocación de San Pedro Apóstol y sometida a la autoridad del papa.

           Tras entablar conversación con su abad Aimardo (el 3º de la abadía), Mayolo entra contento a la estricta observancia de la Orden de San Benito de Arriano. Allí se queda al cargo de la biblioteca y es nombrado apocrisario, una especie de legado para resolver los asuntos exteriores, y todo lo referido a las relaciones con los nobles y príncipes.

           Al quedarse Aimardo imposibilitado para el gobierno abacial (por la ceguera), Mayolo es el elegido para sustituirle. Con el abad Mayolo es cuando la abadía llega al cenit de su rectitud, disciplina y espíritu de reforma, volviéndose hacia ella los ojos de los príncipes, emperadores y papas.

           La reforma propugnada por Mayolo en Cluny pasa a los monasterios de Alemania, a petición del emperador Otón I de Alemania y de la emperatriz Adelaida. Y las abadías de Marmontier, Turena, Auxerre, Moutier, Dijon y las Fosas (en las proximidades de París), empiezan a extender la reforma de Cluny por toda Francia. El mismo papa Benedicto VII encomienda al abad Mayolo la reforma del Monasterio de Lerins.

           Fue toda una labor apasionante y pletórica, la realizada por Mayolo en sólo 10 años. Una labor llevada a cabo mediante la penitencia y una piedad recia, que incluía el tierno amor a Santa María (como queda expresado en sus peregrinaciones a los santuarios de Valay y Loreto).

           No todos los trabajos fueron ad intra, propiciando la reforma de los buenos. Sino que también hubo escarceos apostólicos y proselitistas ante los infieles sarracenos, durante el tiempo en que éstos le tuvieron preso en Pont Ouvrier (y de quienes fue rescatado por una fuerte suma de dinero, que pudo reunirse entre los frailes y amigos de la nobleza).

           Cansado de tantos trabajos, y pensando que su misión estaba concluida, propone a sus hermanos de Cluny que se elija a su fiel discípulo Odilón para sucederle, y él renuncia a ser abad. Pero aunque se retira y es anciano ya (con 88 años), le queda todavía una última aventura reformadora, a petición del capeto Hugo I de Francia: la vieja Abadía San Dionisio de París. En el camino a París, muerte Mayolo el 11 mayo 994, uno de los hombres más eminentes del s. X, precursor del estallido de vitalidad de 50 años después.

           Su figura fue magnífica en la escena del s. X de hierro, en un mundo que estaba desolado. Además de extender la Orden de Cluny en influencia y prestigio (que será la reformadora del mundo cristiano), su obra se extiende a otros aspectos de la vida social: construye y restaura, favorece las letras e introduce las ideas cristianas en los gobiernos de Alemania, Francia e Italia, sin olvidar ver a un necesitado y no derramar lágrimas.

           La Abadía de Cluny, el mayor templo del mundo durante 500 años (hasta que fue construida la Basílica San Pedro de Roma), fue el único foco de auténtica religiosidad durante 50 años, y fue clave para que la Reforma Gregoriana se abriese camino, para que la espiritualidad y arte románico se extendiesen por toda Europa, y para que las cortes europeas y familias nobles no perdiesen el norte del cristianismo. Hasta que fue arrasada el 1790 por la Revolución Francesa, ignorante de lo que es el mundo de la cultura y civilización.