12 de Mayo

San Germán de Constantinopla

Augusto Segovia
Mercabá, 12 mayo 2022

Nació el 635 en Constantinopla, en el seno de una familia patricia senatorial cuyo padre (Justiniano) había sido asesinado por orden del envidioso emperador Constante II de Bizancio. De la vida y actividad de Germán (lit. Germano) apenas habla un Menologio y un Sinaxario bizantino, que nos ponderan su afición a las Escrituras y a la contemplación, la viveza de su ingenio y su experiencia de los negocios.

En todo caso, parece que durante mucho tiempo ejerció de obispo de Cízico (en el Helesponto), inmerso en sus luchas contra un monotelismo (herejía que defendía una sola voluntad en Cristo) que se resistía a aceptar las sentencias del Concilio III de Constantinopla (ca. 681) y que encontró en el emperador Filípico I de Bizancio un inesperado aliado, presionante sobre los obispos de tal modo que muchos tuvieron que ceder en el Sínodo de Constantinopla (ca. 712).

Al subir al trono el católico Anastasio II de Bizancio, mejora la situación, es depuesto el patriarca Juan VI de Constantinopla y Germano es nombrado su sustituto, el 715. Germán cuenta ya 80 años, pero mantendrá un espíritu ardiente que le hará saber resistir todos los embates de los adversarios.

Se suele colocar al comienzo de su patriarcado un Sínodo de Constantinopla (ca. 716) de 100 obispos, donde habrían sido anatematizados los autores del monotelismo y los últimos 3 patriarcas en la sede constantinopolitana (Sergio, Pirro y Pablo). El repudio a aquella herejía monotelistas fue manifestada por Germán en su Carta a los Armenios, de que hablaremos después. Aunque la gloria más excelsa de Germán fue su actitud indomable ante la herejía iconoclasta, destructoras de las imágenes de Cristo y de los santos.

En efecto, el furor de este movimiento iconoclasta, avivado por cierta tendencia oriental (idealista y antiplástica), empezó a coger fuerza bajo su pontificado.

Sea por influjo de la nueva mentalidad arabesca (para quienes el culto cristiano equivalía al culto idolátrico de los paganos), sea por motivos religiosos de reforma (ante algunos abusos de la época, en lo tocante a este culto), o tal vez por razones políticas de cesaropapismo (del nuevo emperador León III de Bizancio) en un ambiente de paulicianismo maniqueo... lo cierto es que se desencadenó una violenta lucha contra las imágenes el año 725, con la adhesión de numerosos obispos (sobre todo Constantino de Nicolia, en Frigia) que veían en el culto de los iconos un estorbo para la conversión de los infieles árabes.

Germán resiste desde el principio la embestida iconoclasta, sobre todo sabiendo que él mismo había coronado emperador a León III de Bizancio (ca. 717) y había dado fe de él ante el papa Gregorio II. Pero del 724 al 725 León III había cambiado por completo, e incluso había alentado la campaña iconoclasta.

Germán pone en guardia al papa, y le informa de su resistencia ante el emperador. En su respuesta, Gregorio II se admira de la actitud vigorosa del patriarca, y eso que éste contaba ya 90 años. Como bien le recordaba el papa, en su carta de respuesta: "Cada hora me acuerdo de tu entrega, y considero mi más sagrado deber el saludarte como a hermano mío y propugnador de la Iglesia".

Se conservan otras 3 cartas del patriarca Germano, referentes a esta misma controversia. Una al metropolitano Juan de Svnades (a propósito de Constantino de Nicolia, hostil al culto de las imágenes), otra a Constantino de Nicolia (recordándole que cesara en su actitud iconómaca) y otra a Tomás de Claudiópolis (demostrando que la honra tributada a las imágenes no es idolatría sino culto, "dirigido al prototipo a través de la representación sensible").

Más emotiva es su Admonición a León III del 17 enero 730, donde el prelado de 95 años se declara dispuesto a morir en defensa del culto de las imágenes: "Hermoso es dar la vida por el nombre de Cristo, impreso en su efigie externa". Tal grandeza de alma, junto con el apoyo que el papa y San Juan Damasceno prestaban al patriarca, contiene a León III Isáurico de tomar decisiones demasiado violentas, pero manifiesta su deseo imperial: que Germán señale un sucesor, para la sede constantinopolitana.

Tras lo cual, y en una reunión celebrada por el emperador, el noble anciano Germán, despojándose de su ropaje episcopal, concluye un largo discurso con estas palabras: "Si soy como Jonás, que se me arroje al mar. Pero haría falta un concilio ecuménico para que yo cambiara mis creencias". Tras lo cual se retira a su finca familiar de Platanion (cercana a la capital) y allí muere el 733.

Las epístolas dogmáticas de Germán fueron leídas y aprobadas con cálidos elogios en la 4ª sesión del Concilio II de Nicea (ca. 787). Su Carta a los Armenios defiende la doctrina calcedonense sobre las 2 naturalezas en Cristo (rechazando toda sospecha de nestorianismo) y explica en ella el dogma cristológico de las 2 operaciones y 2 voluntades en Cristo (repudiando abiertamente el monotelismo).

De Vitae Termino es el título latinizado de un escrito coloquial de Germán, en el que justifica el proceder de la divina Providencia al asignar a cada hombre diferente duración de vida, explicando que "la discrepancia no proviene de la ciega casualidad, sino que todo está previsto y decretado por Dios". Otro escrito histórico de Germán enumera las distintas herejías aparecidas a lo largo de los siglos, así como los sínodos celebrados para combatirlas.

Especial interés reviste el aspecto pastoral del patriarca. Los 9 sermones que llevan su nombre revelan un estilo cuidadoso y una retórica a tono, respecto al ampuloso ambiente literario de la época, e introducen el género dialogado en la homilética de una forma nueva, poética y afectiva.

Desde el punto de vista doctrinal, son importantes sus sermones mariológicos, sobre todo en lo tocante a la mediación universal de la Virgen. Dos de ellos, consagrados a la Dormición de Nuestra Señora, son buen testimonio de su creencia en la asunción corporal de María, así como en la realeza de la Madre de Dios:

"Los golpes de la corrupción no podían quebrar el vaso de la divinidad. Ni el cuerpo virginal, todo casto y santo, iba a resolverse en polvo, como el de la antigua Eva, madre del polvo. No así María. Porque ella es Madre de la Vida y de la Luz, y fue transportada al paraíso, llenándolo de su propia gloria. Fue el tránsito al descanso celeste y a las delicias de Dios".