13 de Abril

San Hermenegildo de Toledo

Juan Rivera
Mercabá, 13 abril 2026

Semblanza

         El dominio visigodo en España vivió su época de máximo esplendor durante el reinado del arriano Leovigildo I de Toledo (568-586), en continua actividad bélica de conquista e implantador de una dura autoridad regia, con enérgicas medidas ante las amenazas suevas, francas y bizantinas. No faltaron tampoco rebeliones internas, castigadas con mano dura y en muchas ocasiones con crueldad.

         Leovigildo I había asociado al gobierno del reino a sus 2 hijos (Hermenegildo y Recaredo) para asegurar la monarquía en su propia familia (y evitar el principio germánico de la libre designación del monarca), y había contraído matrimonio con Godsuinta (viuda del rey Atanagildo).

         Una Godsuinta cuya hija mayor Gelesuinta (casada con el rey franco Luilperico I) había sido asesinada por orden de su esposo (en el mismo lecho conyugal, para tierna elegía del poeta Fortunato), y cuya hija menor Brunequilda había matrimoniado con el rey franco Sigiberto I (con unión fecunda y feliz). Pero el hecho de que un católico (como Luilperico I) hubiera dado muerte a su hija dejó en el alma de Godsuinta un poso total de amargura contra todo lo católico, que tendría muy pronto trascendentales y sangrientas consecuencias.

         El año 579 trajo jornadas jubilosas para el reino visigodo de España, con el enlace matrimonial del primogénito Hermenegildo con la princesa Ingunde (hermana de Childeberto II de Austrasia, e hija de Sigiberto I y Brunequilda), siendo ambos ahijado y nieta de la reina Godsuinta.

         Pero los cálculos halagüeños de Godsuinta resultaron fallidos, pues Ingunde (todavía adolescente) resultó ser católica, y ésta fue convirtiendo discretamente a su marido Hermenegildo (todavía jovencito) al catolicismo. Y eso, dentro de una corte absolutistamente arriana, resultó una bomba.

         La reina madre intentó disuadir a la parejita de príncipes del catolicismo, primero con ternezas de abuela y después con amenazas de reina violenta. La atmósfera palatina se tornaba cada día más tormentosa e irrespirable, sobre todo para Hermenegildo, ganado por el amor y las cualidades de su esposa.

         Para evitar escenas violentas, la pareja heredera decide salir de Toledo e instalar su residencia en Sevilla (zona franca entre bizantinos y visigodos), ejerciendo desde allí sus obligaciones. En Sevilla, el matrimonio vivió en paz, y la firmeza religiosa de Ingunde se fue imponiendo, hasta comprometer a su marido Hermenegildo en la defensa católica, frente a los plantes y persecución de su padre Leovigildo.

         Hermenegildo gobernaba la corona de Toledo en la Bética, con categoría de representante real y no como soberano independiente. Y sabía muy bien que cualquier desmembración del reino visigodo acabaría en un baño de sangre, por parte de su padre Leovigildo I.

         Un concilio de obispos arrianos, celebrado en Toledo, reconoció como válido el bautismo católico, exigiendo tan sólo una fórmula trinitaria (errónea) para seguir ejerciendo el arrianismo. Pues con esa medida, el concilio y el rey (y la reina Godsuinta) buscaban la detención de todo católico no pasado al arrianismo.

         En efecto, la persecución anti-católica fue copiosa en toda España, con destierros, expropiaciones, castigos corporales y encarcelamientos. Pero también puso de manifiesto el temple de algunos prelados (como Masona de Mérida, paladín de la resistencia católica, que prefirió dejar su sede al arriano Sunna antes que pasarse al arrianismo). Hubo intentos de asesinato para los prelados que se negaran a jurar el arrianismo enérgico, y detención y juicio si éstos lograban escapar de la muerte.

         Como se relata en el proceso del obispo Masona de Mérida, el monarca amenazó al obispo con el destierro,  y éste contestó con ironía:

—Me ofreces el destierro, pero ten sabido que no temo tus amenazas, ni me intimida el exilio. Y por ello te ruego que, si conoces algún lugar donde no esté Dios, me envíes allí desterrado.

—Imbécil, ¿en qué lugar no está Dios?, le increpó el rey.

         A lo que Masona contestó:

—Si sabes que Dios está en todas partes, ¿por qué me amenazas con el destierro? A cualquier sitio que me envíes sé que no me faltará la ayuda de Dios. Y esto lo tengo tan seguro que, cuanto más duramente tú me aflijas, tanto más me auxiliará su misericordia y me consolará su clemencia.

         Igual que en Mérida, fueron también desterrados los obispos Leandro de Sevilla, Fulgencio de Ecija, Frominio de Agde... San Isidoro de Sevilla resume la persecución diciéndonos que "Leovigildo, rebosando fanatismo arriano, persiguió a los católicos, desterrando obispos, adueñándose de los bienes eclesiásticos, aboliendo los derechos de la Iglesia". Y con ello consiguió que "muchos, atemorizados por los castigos, pasaran a la herejía, y apostataran atraídos por el dinero y los favores reales".

         Pero volvamos a Hermenegildo, instalado en Sevilla como gobernador de la Bética, rodeado de una corte adicta y en la mayor de la paz y felicidad doméstica, con una jovencita esposa (Ingunde) que profesaba libremente su catolicismo, y gozaba ya de las primicias maternales con el nacimiento de un hijo (futuro Atanagildo I de Toledo).

         Había coincidido la llegada de Hermenegildo a Sevilla con el pontificado de San Leandro (el gran padre del catolicismo español, y hermano mayor de los santos hermanos de Cartagena, San Fulgencio, Santa Florentina y San Isidoro), gran amigo de San Gregorio Magno y gran lumbrera de la Iglesia bizantina de España.

         Merced al trato de Hermenegildo con su obispo San Leandro, las consecuencias se podían fácilmente preveer: Hermenegildo abjura del arrianismo y pasa a formar parte de la grey católica, tomando en el bautismo católico el nombre de Juan.

         La guerra civil estaba servida. Pues los nativos hispano-romanos querían seguir siendo católicos, veían a los visigodos como dominadores ajenos, y Hermenegildo empezó a ser conocido y querido por ellos. Por su parte la corte de Toledo enfureció contra Hermenegildo, y Leovigildo (y Godsuinta) recrudeció la persecución anti-católica.

         La Bética entera se puso de parte de Hermenegildo, así como toda la resistencia católica (que se apiñó en torno suyo). Y las provincias limítrofes (la sueva Galicia, la bizantina Levante y la franca Pirineos) empezaron a medir la magnitud de los acontecimientos, para sacar de ellos el mejor partido.

         Hermenegildo no dudó en anteponer la defensa católica que la herencia al trono visigodo, haciéndoselo saber así a su padre Leovigildo. Y éste decide desheredarlo (construyendo Recópolis para su hijo Recaredo, para que todo el mundo se enterara de ello, y del nuevo heredero), así como ordenar su detención.

         Hermenegildo trató de reunir ejércitos de las cortes vecinas, a través de unas negociaciones ajetreadas (incluidas las de San Leandro en la lejana Bizancio, ante el emperador Mauricio). Pero sólo consiguió el apoyo de la Lusitania y algunas promesas de los francos y suevos (ya catolizados, por parte de San Martín de Braga). Con todo, se lanza adelante y autoproclama rey de la Bética (sobreviviendo todavía algunas monedas e inscripciones, que testimonian dicha proclamación), declarando así la guerra a su padre Leovigildo.

         Leovigildo I de Toledo aplasta la resistencia concentrada de Mérida y Cáceres, corta el paso a los suevos hacia Andalucía, frena en Toulouse el golpe franco sobre la Galia Narbonense (todavía bajo su dominio) y soborna bajo fuertes sumas al general bizantino (que desde Cartagena estaba dispuesto a ayudar a Hermenegildo, por orden del emperador bizantino Mauricio).

         Hermenegildo concentra entonces todas sus fuerzas en el Castillo de Osset, en las mismas puertas de Sevilla, tras poner a salvo a su joven esposa y recién nacido hijo. Hasta que el ejército visigodo destroza el castillo, y encarcela a Hermenegildo. Era el año 584.

         En la prisión (de Sevilla, y luego de Valencia y Tarragona) fue trabajado Hermenegildo para que abjurase del catolicismo y volviese a la religión arriana, pero la desgracia no aminoró la firmeza de su fe católica. Hasta que un obispo arriano se acerca para administrarle la comunión, éste se niega a ello, y es asesinado en el propio calabozo por el general Sisberto. Es el 585.

         El mérito de su sangre martirial tuvo en seguida un triunfo impensado. El año 586 fallece Leovigildo, y Recaredo I de Toledo accede al trono, haciendo volver a San Leandro a su sede de Sevilla y entablando con él las negociaciones de cara a la conversión, de toda la España visigoda, al catolicismo.

         El 8 mayo 589, y a la largo del Concilio III de Toledo, la corona y pueblo visigodo abjura solemnemente del arrianismo, y se abraza en pleno a la religión católica. Fue, sin duda, la fecha fundacional de la España católica, emotivamente glosada por San Leandro en su homilía de consagración, en aquella Basílica Santa María de Toledo (hoy catedral):

"Nuevos pueblos han nacido de repente para la Iglesia; los que antes nos atribulaban con su dureza ahora nos consuelan con su fe. Ocasión de nuestro gozo espiritual fue la calamidad pasada. Gemíamos cuando nos oprimían y afrentaban; pero aquellos gemidos lograron que los que antes eran peso para nuestros hombros se hayan trocado por su conversión en corona nuestra".

         Aquella conversión nacional fue el fruto inmediato de la sangre del príncipe Hermenegildo (asesinado en una lóbrega cárcel) y de los esfuerzos de la princesa Ingunde (fallecida en el norte de la Africa bizantina, cuando era conducida al destierro de Constantinopla). Unos 1.000 años después de tal acontecimiento, y a petición de Felipe II de España, Sixto V canonizaba solemnemente a San Hermenegildo, el 14 abril 1585.

 Act: 13/04/26     @santoral mercabá        E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A