17 de Junio

Santa Teresa de Portugal

Damián Yáñez
Mercabá, 17 junio 2024

         Nació en 1175 en Coimbra (Portugal), hija de los reyes de Portugal (Sancho I de Portugal y Aldonza de Aragón) y dentro de un hogar con la más honda espiritualidad, en el que sus 3 azucenas (Teresa y sus hermanas menores Sancha y Mafalda) acabaron siendo religiosas de la más elevada virtud.

         Pasó sus primeros años bajo una institutriz que asimiló su corazón a todas las prácticas piadosas del momento, y le hizo crecer en deseos de consagrarse a Dios. Hasta que llegó el momento de buscar matrimonio, y sus padres decidieron solucionar por esa vía las diferencias que mantenían con el reino León, mediante el enlace matrimonial.

         En León reinaba Alfonso IX de León, joven de 19 años que andaba buscando compañera para compartir sus penas y alegrías. Hasta que sus consejeros le hablan de la princesa Teresa de Portugal, por entonces de 13 años y prima 2ª suya (pues ambos eran hijos de primos hermanos).

         Solventados los trámites de la Santa Sede (que para casos de parentesco debía emitir una dispensa especial), celebraron la boda en Guimaraes (15 febrero 1191) y se trasladaron luego a León (residencia habitual de la reina), tras una luna de miel que debió ser muy corta por exigencias de la política (ya que el rey debía solucionar los asuntos bélicos de Andalucía).

         El cometido de la reina se limitó a compartir con su marido las alegrías y penas, a mostrar la cara bonita del reino de León y a derrochar beneficios a cuantos acudían a ella. A los 5 años de matrimonio ya le habían nacido 3 vástagos (Sancha, Fernando y Dulce), todos ellos fallecidos sin descendencia (las 2 hembras por hacerse monjas del Císter y el heredero Fernando al morir en 1214 en un lance de este mundo).

         Pero Teresa, que en derredor suyo no hallaba más que agasajos y alabanzas, no era feliz. No sólo porque su marido estaba siempre inmerso en las luchas contra los moros de Andalucía, sino porque le remordía de continuo el haberse casado tan joven y con un primo suyo.

         Enviado su caso de conciencia a Roma, la Santa Sede declaró la anulación del matrimonio (ca. 1195), y Teresa se vio obligada a dejar León y regresar de nuevo a Portugal, con 20 años y con su hija Dulce en brazos. En León se quedaron sus otros 2 hijos (Sancha y Fernando) bajo la custodia del rey, que se encargaría de su educación y que se volvería a casar de nuevo (con su prima Berenguela, hija de Alfonso VIII de Castilla y madre de San Fernando III de España).

         Teresa quedaba completamente libre para optar a un nuevo matrimonio, pues tenía a su favor juventud y unas prendas personales inmejorables, adquiridas en aquellos años al frente del reino de León. Pero prefirió seguir sus impulsos de infancia, alejándose de este mundo y dedicándose por entero a Dios. Por supuesto, sin desligarse de sus deberes de madre, los cuales siguió cumpliendo con fidelidad (entre ellos el de su hijo Fernando, todavía vivo y llamado a heredar el reino de León), hasta tenerlos todos solucionados.

         En 1214 fue atravesada por una espada de dolor, cuando su hijo Fernando, a quien escribía con tanto esmero, moría prematuramente. Teresa no reclamó para sus hijas (Sancha y Dulce) la sucesión del trono leonés, y tampoco puso impedimento en que el heredero fuese el nuevo hijo de Alfonso IX de León (futuro rey San Fernando III de España), a cambio de una pensión anual para que ambas vivieran desahogadamente.

         Teresa facilitó el envío de Sancha y Dulce a Villabuena del Bierzo, al palacio que Alfonso IX de León les había facilitado para que pudieran vivir en él. Teresa iba y venía a Portugal, por no perderlas de vista, hasta que al fin éstas crecieron y optaron también por Cristo (rechazando el matrimonio y deseando vivir consagradas a Dios).

         Cuando esto sucedió, Teresa fundó en Villabuena un monasterio bajo la observancia del Císter, y allí integró a sus 2 hijas. Tras lo cual volvió para siempre a Portugal, se encerró definitivamente en el Monasterio de Lorvao (que ella había reformado, poniendo en él a las religiosas del Císter) y allí se hizo religiosa, sin ningún distintivo personal de lo que había sido.

         Como religiosa del Císter, en lo único en que sobresalió Teresa fue, según las crónicas del monasterio, en los ejemplos de humildad que dio a sus hermanas de fe, al "abrazar las ocupaciones más sencillas de la casa". Falleció el 17 junio 1250, recibiendo de España una eterna gratitud "por el amor e interés que tuvo a nuestro pueblo, por la prudencia con que intervino en los asuntos de nuestra historia, y por la santidad con que brilló".

         Sus restos mortales se conservan hoy en una preciosa urna de plata en la iglesia de su Monasterio de Lorvao, haciendo juego con los de su hermana Sancha (que reposan en otra urna idéntica al lado opuesto).

 Act: 17/06/24     @santoral mercabá        E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A