17 de Mayo

San Pascual Bailón

Juan Arratíbel
Mercabá, 17 mayo 2026

Semblanza

         Nació en 1540 en Torrehermosa (Zaragoza), en el seno de una familia campesina que le enseñó a amar la eucaristía y la vida sobria. Ya de niño, y siendo pastor, ya hacía sus mortificaciones, como la de andar descalzo por caminos llenos de piedras y espinas. Y cuando alguna de las ovejas se pasaba al potrero del vecino le pagaba al otro, con los escasos dineros que le pagaban de sueldo, el pasto que la oveja se había comido.

         Pero su más gran amor infantil fue la eucaristía. Decía el dueño de la finca (en la cual trabajaba Pascual como pastor), que "el mejor regalo que le podía ofrecer al niño (Pascual) era permitirle asistir algún día entre semana a la Misa". En efecto, desde los campos donde Pascual cuidaba las ovejas de su amo, alcanzaba a ver la torre del pueblo, y de vez en cuando se arrodillaba a adorar el Santísimo Sacramento, desde esas lejanías.

         En esos tiempos se acostumbraba que al elevar la Hostia el sacerdote en la Misa, se diera un toque de campanas. Cuando el pastorcito Pascual oía la campana, se arrodillaba allá en su campo, mirando hacia el templo y adoraba a Jesucristo presente en la Santa Hostia.

         A los 24 años pidió ser admitido como hermano religioso entre los franciscanos. Al principio le negaron la aceptación por su poca instrucción, pues apenas había aprendido a leer. Y el único libro que leía era el devocionario, el cual llevaba siempre mientras pastoreaba sus ovejas y en el cual leía siempre las oraciones a Jesús Sacramentado y a la Virgen.

         Como religioso franciscano sus oficios fueron siempre los más humildes: portero, cocinero, mandadero, barrendero. Pero su gran especialidad fue siempre un amor inmenso a Jesús en la Santa Hostia, en la eucaristía. Durante el día, cualquier rato que tuviera libre lo empleaba para estarse en la capilla, de rodillas con los brazos en cruz adorando a Jesús Sacramentado.

         Por las noches pasaba horas y horas ante el Santísimo Sacramento. Cuando los demás se iban a dormir, él se quedaba rezando ante el altar. Y por la madrugada, varias horas antes de que los demás religiosos llegaran a la capilla a orar, ya estaba allí el hermano Pascual adorando a nuestro Señor.

         Ayudaba cada día el mayor número de misas que le era posible y trataba de demostrar de cuantas maneras le fuera posible su gran amor a Jesús y a María.

         Un día un humilde religioso se asomó por la ventana y vio a Pascual danzando ante un cuadro de la Virgen y diciéndole: "Señora: no puedo ofrecerte grandes cualidades, porque no las tengo, pero te ofrezco mi danza campesina en tu honor". Pocos minutos después el religioso aquel se encontró con el santo y lo vio tan lleno de alegría en el rostro como nunca antes lo había visto así. Cuando los padres oyeron esto, unos se rieron, otros se pusieron muy serios, pero nadie comentó nada.

         Pascual compuso varias oraciones muy hermosas al Santísimo Sacramento y el sabio arzobispo San Luis de Rivera al leerlas exclamó admirado: "Estas almas sencillas sí que se ganan los mejores puestos en el cielo. Nuestras sabidurías humanas valen poco si se comparan con la sabiduría divina que Dios concede a los humildes".

         Sus superiores lo enviaron a Francia a llevar un mensaje. Tenía que atravesar caminos llenos de protestantes. Un día un hereje le preguntó: "¿Dónde está Dios?". Y él respondió: "Dios está en el cielo", y el otro se fue. Pero enseguida el santo fraile se puso a pensar: "¡Oh, me perdí la ocasión de haber muerto mártir por Nuestro Señor! Si le hubiera dicho que Dios está en la Santa Hostia en la eucaristía me habrían matado y sería mártir. Pero no fui digno de ese honor".

         Llegado a Francia, descalzo, con una túnica vieja y remendada, lo rodeó un grupo de protestantes y lo desafiaron a que les probara que Jesús sí está en la eucaristía. Y Pascual que no había hecho estudios y apenas si sabía leer y escribir, habló de tal manera bien de la presencia de Jesús en la eucaristía, que los demás no fueron capaces de contestarle. Lo único que hicieron fue apedrearlo. Y él sintió lo que dice la Biblia que sintieron los apóstoles cuando los golpearon por declararse amigos de Jesús: "Una gran alegría por tener el honor de sufrir por proclamarse fiel seguidor de Jesús".

         Lo 1º que hacía al llegar a algún pueblo era dirigirse al templo y allí se quedaba por un buen tiempo de rodillas adorando a Jesús Sacramentado. Hablaba poco, pero cuando se trataba de la eucaristía, entonces sí se sentía inspirado por el Espíritu Santo y hablaba muy hermosamente. Había recibido de Dios ese don especial: el de un inmenso amor por Jesús Sacramentado. Siempre estaba alegre, pero nunca se sentía tan contento como cuando ayudaba a Misa o cuando podía estarse un rato orando ante el sagrario.

         Pascual murió en la fiesta de Pentecostés de 1592, el 17 de mayo. Estando todavía moribundo, oyó una campana y preguntó:

—¿De qué se trata?

—Es que están en la elevación en la Santa Misa, le contestaron sus hermanos franciscanos.

—¡Ah que hermoso momento!, contestó Pascual, que al instante quedó muerto de forma plácida.

         Después durante su funeral, eran tantos lo querían ver al santo, que su cadáver lo tuvieron expuesto a la veneración del público, por 3 días seguidos. Ante la cantidad de milagros que se produjeron después de su muerte, el papa lo declaró santo en 1690, y lo declaró patrono de los Congresos Eucarísticos y de la Adoración Nocturna.

 Act: 17/05/26     @santoral mercabá        E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A