19 de Agosto

San Juan Eudes

Andrés Mañaricua
Mercabá, 19 agosto 2026

Semblanza

         Nació en 1601 en Ri de Sez (Normandía), pocos años después de que la peste hubiese asolado la zona, y de que su padre (Isaac) hubiese renunciado a la carrera eclesiástica por contraer matrimonio y salvar así a la familia Eudes (de la que sólo había sobrevivido él). Casado con Marta Corbin (mujer de virtudes y carácter enérgico), tuvo la renacida familia Eudes 7 hijos, rezándose en su seno a diario el rosario y el Oficio divino.

         Próximo a cumplir 14 años, fue encomendado Juan a los padres jesuitas de Caen, que regentaban el Colegio Real del Monte. Allí cursó los estudios de humanidades y filosofía. Muchos años después, en su libro Corazón Admirable, Eudes recordará con agradecimiento a su antiguo colegio y su congregación mariana. En septiembre de 1620 recibió la tonsura, y en los años sucesivos las órdenes menores.

         Dos años después, cuando ya adelantaba en sus estudios de teología, se creó en Caen una casa del Oratorio, instituto recientemente fundado por el padre Bertille. Conoció Eudes a los oratorianos, e inmediatamente simpatizó con ellos. Como él mismo dejó anotado en su Memorial: "Fui recibido y entré en la Congregación del Oratorio el 25 marzo 1623, en la Casa Saint Honoré de París, por su fundador el reverendo padre Berulle".

         De entre los que debieran ser sus amigos, como servidores del mismo Dios, y de entre los separados por el hondo foso de las diferencias ideológicas. En su propia casa le acecharía la traición. En aquella cruz constante, cruz dura y dolorosa, Eudes veía el sello del beneplácito divino que, contra el parecer de los hombres, refrendaba su apostolado y sus obras. Fiel a la voluntad del Señor, su siervo caminaría hasta el fin.

         En 1625 fue ordenado sacerdote, y el 24 diciembre 1625 decía su 1ª misa en la capilla del Oratorio de París, emitiendo en ella el voto de perpetua servidumbre a Jesús y María. Juan Eudes no viviría para sí, sino para Jesús y María. Y necesitaría todo su tesón normando para no cejar en aquella batalla continua y dura, que cubriría toda su vida sacerdotal. Habría de luchar y sufrir por la salvación de sus hermanos y la gloria de Jesús y María, lo único que a él le interesaba.

         Quiso la Providencia que viviera Eudes en los días de mayor esplendor de la historia de Francia. No le faltaron contactos con los principales personajes y actores de él. Pero a Eudes nada le interesaban los triunfos temporales y descansaba en la abundante cosecha de sinsabores y amarguras que siempre le acompañó. Por doquiera le surgieron enemigos enconados.

         El card. Berulle fue una de las grandes glorias religiosas de la Francia del siglo de oro. Enamorado de su sacerdocio, añoraba los días antiguos en que el clero "no respiraba más que cosas santas, dejando las profanas a los profanos, y llevaba profundamente grabado en sí mismo la autoridad de Dios, la santidad de Dios y la luz de Dios". Pero, ¡qué distinto espectáculo presentaba el clero de sus días! Se ha podido escribir que "el nombre de sacerdote había llegado a ser sinónimo de ignorante y libertino". Berulle quiso rehabilitarlo. El Oratorio tendrá como misión santificar al clero secular.

         En 1627 volvió a su tierra, cuando nuevamente se ensañaba en ella la peste. Adscrito a la casa de Caen, el padre Eudes atiende a los apestados, se dedica al estudio y a la oración e inicia la predicación de misiones populares, apostolado que constituirá una de las grandes tareas de su vida. Cruzó en todas direcciones su provincia natal de Normandía. Las poblaciones de gran parte de Bretaña, Picardía, Ile de France, Perche, Brie y Borgoña se apiñaron cabe su púlpito. Ciudades populosas como Caen, Rouen, Autun, Beaune, Versalles y París escucharon su predicación.

         Toda la vida del padre Eudes había de ser un martirio continuado, por lo que no podemos olvidar el voto que hiciera al Señor en 1637:

"Me ofrezco y me entrego, me dedico y consagro a vos, oh Jesús mi Señor, como hostia y víctima para sufrir en mi cuerpo y en mi alma, según vuestro agrado y mediante vuestra santa gracia, toda clase de penas y tormentos, incluso el derramamiento de mi sangre y sacrificio de mi vida con cualquier género de muerte. Y esto, sólo para vuestra gloria y por vuestro puro amor".

         En 1640 fue nombrado superior del Oratorio de Caen. Poco tiempo lo sería. El padre Eudes había comprobado el bien inmenso que las misiones realizaban en la población; mas una preocupación le inquietaba: ¿Era posible que el fruto perdurase sin un clero que acogiera y alimentara los buenos propósitos?

         Al padre Eudes le preocupaba el clero. "¿Qué se puede esperar de estos pobres hombres con disposiciones excelentes (decía refiriéndose a los seglares) si están bajo la dirección de tales pastores como por doquier vemos?. ¿No es lógico que, olvidando pronto las grandes verdades que les impresionaron durante la misión, caigan en sus anteriores desórdenes?".

         Pensando en ello había dedicado en algunas misiones conferencias especiales a los eclesiásticos. No bastaba. Eudes comienza a pensar en una congregación que tuviera por primera finalidad el crear y regir seminarios para la formación y santificación del clero. Su pertenencia al Oratorio es un obstáculo para sus proyectos.

         En 1642 es llamado a París por el card. Richelieu, y cambia impresiones con él sobre sus planes. El cardenal le comprende perfectamente; él también sueña con la erección de seminarios y le promete su apoyo. El cardenal muere a fines del mismo año, pero la autorización real para la fundación de la nueva congregación es firmada en el mes de diciembre.

         Eudes está resuelto a abandonar el Oratorio. Ningún obstáculo canónico existe, pues en el Oratorio no hay votos religiosos que vinculen a sus miembros con el Instituto. Entre tanto, para evitar posibles complicaciones, las letras reales se expiden a nombre de mons. Angenes (obispo de Bayeux), amigo y protector del Santo.

         A principios de 1643 Eudes vuelve a Caen. Todo está decidido. Abandona el Oratorio y el 25 de marzo nace la Congregación de los Seminarios de Jesús y María. La congregación nació en la fiesta de la Anunciación, porque pretendía "continuar el trabajo y las funciones del Verbo encarnado y debía estar consagrada por entero a Jesús y María". Sus finalidades, tal como se concretan en las letras de Luis XIII, son:

"Trabajar con el ejemplo y la instrucción por establecer la piedad y santidad entre los sacerdotes y aquellos que aspiran al sacerdocio, enseñándoles a llevar una vida conforme a la dignidad y santidad de su condición, y desempeñar convenientemente todas las funciones sacerdotales, como también emplearse en la enseñanza de la doctrina cristiana por medio de misiones, predicaciones, exhortaciones, conferencias y otros ejercicios".

         Seis años hacía que Eudes había firmado con su sangre el voto martirial; ahora, separándose del Oratorio, desencadenaba el inacabable séquito de dolores, persecuciones y calumnias que no le abandonaría jamás.

         En todas sus negociaciones, tanto ante las autoridades regionales como en París, tanto ante los obispos como en las congregaciones romanas, el padre Eudes tropezará con una enemiga tenaz y poderosa, abierta unas veces, solapada otras, que no reparará en dificultades ni en la licitud de los medios y tratará de hacerle fracasar y con frecuencia lo conseguirá. Si en 1648 logró en Roma la aprobación del seminario de Caen, en noviembre de 1650 el obispo de la misma ciudad (mons. Malé, sucesor de mons. Arigenes) llegará a clausurarle la capilla.

         Eudes no desiste. En 1652 ultima las constituciones de su congregación. En 1653, muerto mons. Malé, la autoridad diocesana permite la apertura de la capilla del Seminario de Caen. Tendrá que luchar para aclarar malentendidos y refutar calumnias. El sigue adelante. Tras del Seminario de Caen vendrán los de Coutances (ca. 1650), Lisieux (ca. 1653), Evreux (ca. 1667) y Rennes (ca. 1670).

         Su apostolado entre los sacerdotes se intensifica. A ellos dedica retiros especiales en sus misiones; para ellos escribe diversos libros que los ayuden en su vida espiritual o pastoral. Y su enamoramiento del sacerdocio halla expresión magnífica y bella en su oficio del sacerdocio de Cristo y de los santos sacerdotes, que le fue aprobado por la autoridad eclesiástica en 1652.

         La Congregación de Jesús y María había de dedicar una atención primordial a la fundación de seminarios y a la formación del clero. Por tal motivo, Eudes había abandonado el Oratorio. Ella nació en el laborar misional del Santo, al contacto con las necesidades espirituales de los pueblos misionados. San Juan había nacido misionero y jamás dejaría de serlo; la congregación que él fundara sería también misionera.

         Recorriendo el Memorial que Eudes dejó sobre los principales recuerdos de su vida hallamos mencionadas unas ciento 10 misiones predicadas desde 1632 hasta 1676, y no puede olvidarse que la duración mínima ordinaria de una misión era de 6 semanas y algunas, como la de Rennes (ca. 1667), se prolongó durante 5 meses.

         Su predicación era ardorosa y vibrante. Dotado de un temperamento ardiente y apasionado, sus palabras brotaban directamente del corazón. Le llamaron "león en el púlpito y cordero en el confesionario". Tronaba sin compasión contra los vicios y con espíritu de caridad hacia los pobres pecadores, cuya suerte le acongojaba. Su palabra se alzaba enérgica y libre, con la santa libertad de los apóstoles. Buen ejemplo de ello dio en la misión de Saint Germain des Prés (ca. 1660), en presencia de la reina de Francia y de la corte.

         Poco antes el fuego había destruido el Palacio del Louvre, y de ello tomó pie Eudes para recordar a sus oyentes que, si a los príncipes les está permitido edificar Louvre, Dios les manda aliviar a sus súbditos desgraciados; que no pueden pasar los días y los años en diversiones, pues no es ése el camino del cielo; que si el fuego temporal no había respetado la mansión real, tampoco el fuego eterno respetaría a los reyes y príncipes que no vivieran como cristianos; y que causaba gran pena ver a los grandes de la tierra asediados por una multitud de aduladores, sin casi nunca les decían la verdad.

         De las misiones nació la Congregación de la Caridad, dedicada a la rehabilitación de las desgraciadas víctimas del vicio, en medio de las mayores dificultades exteriores (a las que aquí se sumaron las más penosas interiores).

         En la consolidación de esta nueva congregación tuvieron gran parte las religiosas de la Orden de la Visitación, que, a petición del fundador, se encargaron de la formación de las primeras postulantes. La 1ª toma de hábito fue la de la señorita Taillefer, en la Orden sor María de la Asunción. El obispo Malé de Bayeux aprobó la fundación en 1651, y el papa Alejandro VII dio la bula de erección de la nueva Orden el 2 enero 1666.

         Aún nacientes sus 2 congregaciones, el padre Eudes las consagró, en 1643, a los Sagrados Corazones de Jesús y María. Esta devoción llena su vida y su apostolado. Ella aparece pujante en todas sus manifestaciones: misiones, cartas, libros... Desde 1643 o, a más tardar, 1644, la Congregación de Jesús y de María celebraba ya la fiesta del Sagrado Corazón de María. Entre 1668 y 1670 Eudes compuso su Oficio del Sagrado Corazón de Jesús, que inmediatamente fue aprobado por varios obispos.

         Desde 1672 celebró su instituto la fiesta del Corazón de Jesús cada 20 de octubre (día en que aún la celebran por concesión de la Santa Sede) en atención a los méritos de su fundador, a quien Pío X no dudó en calificar (en el decreto de beatificación) de "padre, doctor y apóstol del culto litúrgico de los Sagrados Corazones". Al año siguiente de disponer Eudes la celebración de la fiesta, se manifestó por 1ª vez el Sagrado Corazón a Santa Margarita María de Alacoque.

         El último decenio de la vida de Eudes, como toda su vida, fue abundante en tribulaciones y persecuciones. Su Memorial repite año tras año: "En 1670 quiso el Señor favorecerme con diferentes cruces, por lo que sea eternamente bendecido. En 1671 me acompañaron las cruces por todas partes. Eternas gracias sean dadas al amabilísimo Crucificado. En 1672 estuve rodeado de cruces casi sin, interrupción". Y así continúa.

         Sus enemigos tradicionales, oratorianos y jansenistas, a los que ahora se sumarán los lazaristas, no cejaron en su empeño de sembrarle de dificultades todos los caminos. En Roma impidieron que llegara a buen término la aprobación canónica de la Congregación de Jesús y de María; en París le hicieron caer en desgracia de Luis XIV de Francia, que le desterró de la corte.

         Por su parte, los jansenistas atacaban su ortodoxia. "Me cargan con 13 herejías (escribía Eudes), y el motivo de toda su cólera está en que me opuse en todas partes a sus novedades, que sostengo en alto la fe en la Iglesia y la autoridad del papa y que he quemado un libro detestable compuesto contra la devoción a la Santísima Virgen". Llegaron a sobornar a su secretario para que le traicionase. En numerosas cartas expresa el padre Eudes la compasión que siente hacia sus calumniadores y el perdón que rebosa de su corazón. Pero no podía menos de defenderse.

         El rey encargó del asunto a la asamblea episcopal de la región, reunida en Meulan a fines de 1674; ella le declaró inocente de cuantas acusaciones se acumulaban contra su persona y su doctrina. A mediados de 1679 Luis XIV de Francia volvió a acoger en su gracia a Eudes, le recibió en audiencia, alabó sus afanes apostólicos y le prometió su apoyo.

         Ya la vida del infatigable misionero tocaba a su fin. Consciente él más que nadie de la precariedad de su salud, convocó en junio de 1680 la 1ª asamblea de su Instituto, y en ella presentó la dimisión de su cargo de superior general. Dos meses no habían transcurrido cuando la enfermedad le rindió en el lecho. A sus hijos, que ansiosos le rodeaban, les habló de las alegrías del paraíso y de la eternidad, y de su gran indignidad. Les exhortó a la paz, les consoló de su muerte, les recomendó a Dios y les puso en manos de la Santísima Virgen.

         El 19 agosto 1680 entregó Eudes su alma a Dios. Eran las 15.00 h, y se consumaba el sacrificio de un hombre cuya vida entera fue un ascender a la cumbre del Calvario.

 Act: 19/08/26     @santoral mercabá        E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A