19 de Julio

San Arsenio el Grande

Consuelo Lozano
Mercabá, 19 julio 2021

           Nació el 354 en Roma, en el seno de una familia senatorial cristiana y romana. Desde niño fue dado por sus padres al cuidado del propio Dámaso I, que a su vez decide consagrarlo diácono (ca. 372) y enviarlo a Constantinopla, con la tarea de cuidar a los 2 hijos del emperador Teodosio (ambos futuros emperadores).

           En efecto, sus cualidades de senador y diácono le dieron a Arsenio la oportunidad de trabajar en el palacio imperial de Teodosio, a lo largo de 11 años. Y allí educó a sus 2 hijos Arcadio y Honorio, hasta que escuchó una voz que le decía: "Arsenio, huye de la compañía de los hombres y serás salvo".

           Marchó entonces a Alejandría, y el 398 se puso bajo la disciplina monástica de San Juan Kolobos, monje del desierto de Escete. Los monjes de aquel cenobio pusieron a prueba el alma del noble joven novicio, a base de humillación y mortificación.

           El propio abad Kolobos no dejaba sentar a Arsenio a la mesa, sino que lo dejaba comiendo de pie a la puerta del comedor, tirándole los trozos de pan al suelo y diciéndole: "Si vuestra excelencia quiere comer algo, recoja eso". Arsenio se inclinó humildemente, recogió la tajada de pan y se sentó en el suelo a comer. Y el abad, al observar aquel comportamiento, no dudó en recibido como monje y decir de él a los demás: "Arsenio será uno de los grandes monjes".

           Arsenio había pasado toda su juventud en el alto gobierno de Roma, entre lujosos palacios imperiales y tratando con gente de mundo. Y todavía conservaba algunas de esas costumbres mundanas, que los otros monjes no hallaban como corregírselas, porque le tenían mucho respeto. Entonces dispusieron ir corrigiéndole lentamente, a través de pequeños gestos cotidianos.

           Una de esas costumbres que Arsenio tenía era cruzar las piernas mientras rezaba. Y los demás monjes, para quitarle la costumbre, le dijeron a otro de los monjes que también cruzara las piernas, para darle luego una severa amonestación. Arsenio entendió muy bien la lección y se corrigió.

           Arsenio se hizo famoso por sus penitencias extraordinarias. Un día llegó un alto empleado imperial para entregarle un documento oficial, por el que se le comunicaba una riquísima herencia, y se le precisaba que volviera a Roma para recibirla. A lo que Arsenio exclamó: "Antes de que mi padre muriera en su cuerpo, yo morí en mis ambiciones. No quiero riquezas mundanas que me impidan adquirir las riquezas del cielo". Y firmó que todo eso fuese destinado en favor de los pobres.

           Casi siempre pedía consejos espirituales a monjes que eran muchísimo más ignorantes que él. Un día uno de ellos (San Bishoi) le preguntó por qué lo hacía, y él respondió: "Yo sé idiomas, literatura, filosofía y política. Pero en lo espiritual soy un analfabeto".

           Con frecuencia pasaba Arsenio toda la noche en oración. Los sábados al anochecer empezaba a rezar de rodillas con los brazos en cruz, y permanecía así hasta que caía por el suelo desmayado. Y así se pasó el resto de su vida, orando, ayunando y haciendo penitencias en el desierto, por la conversión de los pecadores y la extensión de la religión.

           Como había sido hombre de mundo y la política, sentía Arsenio una gran inclinación a tratar con la gente. Y por eso trató de corregirse no hablando con nadie, para no dar rienda suelta a su inclinación. Cuando un día el superior le llamó la atención sobre ello, porque no se prestaba a charlar con las personas que acudían al monasterio, Arsenio le respondió:

"Dios sabe que los quiero con toda mi alma, y que gozo inmensamente charlando con ellos. Pero como penitencia tengo que abstenerme lo más posible de las charlatanerías. Creo que el Señor quiere que me santifique apartándome del trato con la gente".

           Por obediencia, empezó a atender Arsenio a los peregrinos egipcios que llegaban de la ciudad, cada vez en mayor número al recibir muy contentos los consejos y enseñanzas que les daba el monje romano. Como escribió más tarde el propio Arsenio:

"Muchas veces he tenido que arrepentirme de haber hablado. Pero nunca me he arrepentido de haber guardado silencio. Siempre he sentido temor a presentarme al juicio de Dios, porque soy un pecador".

"El religioso debe preguntarse frecuentemente: ¿Para qué abandoné el mundo y me hice religioso? Y responderse: Me hice religioso porque quiero santificarme y salvar mi alma. Si esto no lo consigo, he perdido totalmente mi tiempo".

           Un religioso (San Pambo) le preguntó por qué los sabios del mundo conocen tantas ciencias, mientras que es la gente ignorante la que progresa en lo espiritual. A lo que Arsenio le respondió: "Porque la ciencia infla y llena de orgullo, y en un corazón orgulloso Dios no puede hacer obras de arte. En cambio los humildes conocen su insuficiencia y ponen toda su confianza en Dios, y Dios puede obrar en ellos los prodigios de su santidad".

           Cumplidos los 40 años, Arsenio volvió a oír la voz del cielo, que le decía: "Huye de los hombres". Y por eso decidió ocultarse todavía más lejos. Le invitaron a la corte los mismos emperadores (sus ex-pupilos), pero él huyó más adentro al desierto. 

           Durante sus últimos 50 años, Arsenio vivió en la más absoluta soledad del Monte Colzim del Desierto de Nitria (cerca de Suez). Era alto, flaco, bien parecido, con una larga barba blanca. Y su hermosa figura siguió descollando entre aquellas cuevas durante 50 años más. Hasta que el año 445, a los 90 años, Dios decidió llevárselo a su seno.