19 de Junio

San Romualdo de Rávena

Bernardino Llorca
Mercabá, 19 junio 2024

         Fue el fundador de la Orden de los Camaldulenses, como reacción a la relajación en que se hallaba la vida monástica del s. X y a forma de introducir en Italia la eficaz reforma llevada a cabo en Centroeuropa por el Monasterio de Cluny. Eso sí, tendiendo más a una vida mixta, en que se uniera la más absoluta soledad y contemplación con la obediencia y vida comunitaria cenobítica.

         Nació el 950 en Rávena, en el seno de una noble familia (los Onesti, duques de Rávena) que le educó conforme a las máximas del mundo: vida libre y descuidada, nula lucha contra los placeres e implicación en las pasiones de la época.

         Sin embargo, y según parece, aun en este tiempo ya empezó a experimentar Romualdo sus primeras inquietudes, a las que seguían aspiraciones y propósitos de alta perfección. Así se refiere que, yendo cierto día de caza, y mientras perseguía una pieza, se paró en medio del bosque y exclamó: "Felices aquellos antiguos eremitas que elegían por morada lugares solitarios como éste. Con qué tranquilidad podían servir a Dios, apartados por completo del mundo".

         No obstante, fue un hecho trágico el que propició su abandono del mundo. Pues su padre (Sergio) le obligó a asistir a un duelo con un pariente, en calidad de testigo. Terminado el duelo (con la muerte del adversario), Romualdo sintió tal remordimiento por aquella muerte, y tal repugnancia por el mundo, que se retiró al benedictino Monasterio de Classe (cerca de Rávena), con el fin de hacer penitencia.

         En el Monasterio de Classe pasó 3 años dedicado a las mayores austeridades, hasta que finalmente decidió pedir su admisión definitiva. El abad se encontró con la total oposición del padre de Romualdo, mas por intercesión del arzobispo de Rávena (antiguo abad de Classe) le permitió al fin vestir el hábito benedictino, en aquel célebre monasterio.

         Pero entonces comenzó un nuevo género de dificultades. La vida de observancia y penitencia del nuevo monje constituía una tácita reprensión para muchos religiosos de aquel monasterio, más o menos relajados. Y se fue formando tal oposición contra Romualdo que, en inteligencia con el abad, se vio obligado a retirarse a un lugar solitario cerca de Venecia, donde se puso bajo la dirección de un tal Marino.

         El eremita Marino contribuyó eficazmente al adelantamiento de Romualdo en la perfección religiosa, con sus formas rudas y su austera ascética. Y tal fue el ascendiente de santidad que ambos llegaron a alcanzar, que el mismo dux de Venecia (San Pedro Orseolo) se sintió impulsado a abandonar el mundo y entregarse a la vida solitaria.

         Así pues, ambos eremitas, juntamente con Pedro Orseolo, se dirigieron a San Miguel de Cusan, donde se entregaron a las más rigurosa vida solitaria. E incluso el propio padre de Romualdo, movido por el ejemplo de su hijo, decidió retirarse al Monasterio de San Severo (cerca de Rávena), para expiar allí sus pecados hasta su muerte.

         Durante los 30 años siguientes, la vida de Romualdo constituye un verdadero prodigio de ascetismo cristiano. En el Monasterio de Cusan se puso bajo la dirección del abad Guerin, y obtuvo permiso para retirarse a un lugar solitario (próximo a la abadía) donde entregarse, durante 3 años, a las mayores austeridades. Ponía ante sus ojos la vida de los santos, y procuraba imitar los excesos de penitencia que ellos habían practicado, no comiendo más que el domingo (y aun entonces, una comida sumamente frugal).

         En medio de todo esto, fue acometido por el demonio con las más molestas tentaciones. Poníale ante los ojos los atractivos del mundo, al tiempo que le mostraba la inutilidad de los esfuerzos que hacía. Pero Romualdo se entregaba más de lleno a la oración, de donde sacaba la fuerza necesaria para mantenerse firme en la lucha. Según se refiere, el demonio llegó a maltratar cruelmente su cuerpo, con el objeto de apartarlo de aquella vida de austeridad. Más aún, excitaba en sus sueños imágenes feas y espantosas, tratando de amedrentarlo y persuadirlo.

         Pero Romualdo, fiel a la oración y puesta su confianza en Dios, salió victorioso de todas estas batallas. Hacia el 999 volvió de nuevo al Monasterio de Classe, y en una celda solitaria continuó la vida de penitencia y de retiro que había comenzado.

         Allí se renovaron los asaltos del enemigo, y las crónicas refieren que, habiéndolo el demonio flagelado cruelmente un día en el interior de su celda, Romualdo se dirigió al Señor con estas palabras: "Dulcísimo Jesús mío, ¿me habéis abandonado por completo en manos de mis enemigos?". Al oír el demonio el nombre de Jesús, huyó rápidamente, a lo que siguió una gran tranquilidad y dulzura del alma.

         Con todas estas dificultades, Romualdo fue purificando su alma y aquilatando su virtud, hasta disponerlo definitivamente a la fundación de la nueva Orden de los Camaldulenses. Pero veamos cómo.

         Viviendo él en su retiro, no lejos del Monasterio de Classe, un rico caballero le envió una limosna de 7 libras para que las distribuyera entre los monjes pobres. Así lo hizo él inmediatamente, repartiéndolo entre otros monasterios más pobres que el suyo, por lo cual los de su monasterio se enfurecieron contra él. Y como ya estaban resentidos por sus grandes austeridades, lo tomaron aparte y, tras azotarlo bárbaramente, le obligaron a retirarse.

         Precisamente entonces, se hallaba en Rávena el emperador Otón III de Alemania, siempre lleno de los más elevados ideales de reforma eclesiástica. E informado de lo ocurrido con Romualdo en el Monasterio de Classe, se personó en el monasterio e impuso a sus monjes que eligieran como abad a Romualdo. El mismo Otón III en persona fue entonces en busca del solitario Romualdo (que se había retirado a una cueva de la zona), y personalmente lo introdujo como abad y reformador en la célebre abadía.

         Durante 2 años se entregó Romualdo con toda su alma a la reforma del monasterio. Pero viendo que no lograba su intento, acudió al arzobispo de Rávena y en sus manos puso el báculo, renunciando a la dignidad de abad.

         Ése fue el momento preparado por la Providencia para Romualdo. Pues impulsado por sus ansias de vida contemplativa, y de la más absoluta soledad, pidió Romulado a Otón III de Alemania unos terrenos para la construcción de un monasterio, donde pudiera entregarse él, y cuantos quisiesen, a una vida mixta de contemplación, soledad y obediencia. El emperador le hizo construir uno en Isla de Perea, le pidió que lo dedicase a San Adalberto, y allí se retiró Romualdo con algunos caballeros del séquito de Otón III, que decidieron seguirle. Había nacido la Orden de los Camaldulenses.

         Poco después organizó otros centros de vida eremítica en Italia y en la Istria, y concibió el plan de construir uno en Val de Castro, consistente en un conjunto de celdas separadas, cuyos moradores debían llevar una vida de rigurosa soledad (entregados a la oración y penitencia, pero manteniendo la unión y vida de comunidad). Con esto debía realizarse su ideal de consagración a Dios.

         Poco después, y movido del ansia de derramar la sangre por Cristo (que siempre había sentido), obtuvo Romualdo del papa el permiso para predicar el evangelio en Hungría. Púsose en marcha, pero cuando estaba a punto de llegar a la meta de sus aspiraciones, se sintió atacado por una enfermedad, y comprendió que aquélla no era la voluntad de Dios, por lo que se volvió a Italia.

         Se entregó entonces con toda su alma a la realización definitiva de su ideal monástico. Afianzóse la fundación de Val de Castro, y continuó organizando otros centros semejantes. Llamado a Roma por el papa, dedicóse algún tiempo al apostolado y, con la santidad de su vida y sus ardientes exhortaciones, logró la conversión de muchos pecadores. Mas volviendo a su ideal monástico, fundó diversos centros en las proximidades de Roma, entre los que sobresale el de Sasso Ferrato, donde permaneció algún tiempo.

         Precisamente en este lugar quiso el Señor que resplandecieran de un modo especial sus virtudes. En efecto, un señor, a quien Romualdo había tratado de convertir de su desordenada vida de impureza, lanzó contra Romualdo la más inicua calumnia. Dios permitió que los obispos se dejaran convencer, y así impusieron al fundador una severa penitencia, prohibiéndole celebrar la santa misa.

         Romualdo sobrellevó aquella deshonra con el más absoluto silencio durante 6 meses. Pero, transcurrido este tiempo, Dios mismo le ordenó que no se sometiera por más tiempo a una sentencia abiertamente injusta, pronunciada contra él sin autoridad y sin ninguna sombra de verdad. La 1ª vez que celebró la santa misa, tras la prueba sufrida, quedó arrobado en éxtasis.

         Después de esto pasó 6 años en Monte Sitrio, donde había organizado un nuevo centro de vida ascética conforme a su ideal. Él mismo guardaba el más absoluto silencio, observando las más rigurosas austeridades y rehusando a sus sentidos todo lo que pudiera darles alguna satisfacción.

         El emperador Enrique I de Alemania, sucesor de Otón III, quiso visitar personalmente a Romualdo, de cuya santidad y austeridades estaba informado. El resultado de la entrevista fue entregarle el Monasterio de Monte Amiato (Toscana), para que introdujera en él algunos de sus discípulos. Así lo realizó Romualdo durante los años siguientes, al tiempo que empezó a hacer sus milagrosos, según las crónicas le atribuyen.

         Al fundar  el Monasterio de Campo Maldoli (ca. 1002), puso en práctica Romualdo el ideal de vida en celdas independientes, del más riguroso silencio y de gran austeridad de vida. Pero bajo la obediencia a su superior, vida común y con unas obligaciones impuestas por la Regla, a lo que se añadió el hábito blanco. Y este modelo de Campo Maldoli fue propagándose por los monasterios de Classe, Cusan, Isla Perea, Val de Castro, Sasso Ferrato, Monte Sitrio, Monte Amiato y, finalmente, en Camaldolo.

         El motivo de haber tomado la Orden por él fundada el nombre de Camaldulense fue, como se interpreta comúnmente en nuestros días, porque en Camaldolo se realizó plenamente el ideal de Romualdo. Por lo demás, es conocida la explicación que se ha dado tradicionalmente a esta denominación.

         Se supone que aquel monasterio se llamó Campo Maldolo por ser donativo de un caballero llamado Maldoli. Pero frente a esta explicación, se ha averiguado que la donación fue hecha por Teobaldo, obispo de Arezzo. En todo caso, consta que el nombre del monasterio fue Campo Maldolo (o Camaldolo).

         En todo caso, tal fue la obra de Romualdo, que consolidó en toda Italia este nuevo tipo de vida (mezcla de la vida anacorética y cenobítica) que más tarde copiarían los cartujos. Una vez establecidos y bien organizados sus monasterios, Romualdo volvió a su vida ambulante, visitando y afianzando los demás centros por él fundados.

         Finalmente, sintiendo Romulado que se aproximaba su fin, se retiró a Val de Castro, donde expiró el 7 febrero 1027, estando enteramente solo en su celda. Según se atestigua, 20 años antes había profetizado que moriría en este lugar, en esta fecha y en esta forma en que moría.

         La Orden de los Camaldulenses fue aprobada definitivamente por Alejandro II en 1072. Contaba entonces solamente 9 monasterios. Su 4º general, el beato Rodolfo, redactó en 1102 las Constituciones definitivas, en las que se mitigaba un poco el extremado rigor primitivo.

 Act: 19/06/24     @santoral mercabá        E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A