20 de Febrero
San Euquerio de Orleans
Consuelo
Lozano
Mercabá, 20 febrero 2026
Semblanza
Nació el 690 en Orleans, en el seno de una noble familia. Según la leyenda, su madre era piadosísima, y poco antes de tener al hijo (Euquerio) había tenido un sueño en que alguien le anunciaba que iba a ser madre de un futuro obispo de la Iglesia. No obstante, hay que poner en cuarentena dicha leyenda, por haber sido escrita en un tiempo en que las biografías de santos tenían poco gancho si no se presentaban bajo títulos de gran alcurnia, o abundancia de datos sobrenaturales.
Normalmente, las cosas de Dios suelen ser más simples y sencillas, y el santo se forja en el continuo esfuerzo por corresponder a la gracia de Dios, en medio de frecuentes altibajos ante los dones otorgados (algo sólo medible por el Espíritu Santo) y la respuesta del que los recibe (algo muy difícil de calibrar).
El caso es que Euquerio nació como el resto de niños de su época, y fue dotado de formación por parte de sus padres. De niño fue iniciado en el conocimiento de las letras, y de joven mostró gran entusiasmo por los conocimientos de las ciencias; le gusta la filosofía, y prefiere ante todo la teología. Y al calor de una devoción sincera hacia la Virgen, comienzan a señalarse rasgos de profundidad en su virtud.
Cuando Leodoberdo es obispo de Orleans, abraza Euquerio el estado clerical. Y poco después se hace monje en el Monasterio de Jumieges (a orillas del Sena, cerca de Ruan), uno de los lugares de más estricta observancia. A la oración y a la penitencia propia del monasterio se añade a sí mismo Euquerio una nueva obligación: el estudio de los sagrados cánones, y de los santos padres. Recibe el orden sacerdotal y se adentra diariamente en el misterio de la celebración eucarística, al parecer con frecuentes lágrimas en los ojos.
Muerto Severo (obispo de Orleans), es propuesto el monje Euquerio para ocupar la sede vacante. Y tiene que ser el propio rey merovingio (Carlos Martel, I de Francia) quien le obligue a aceptar, doblando su resistencia personal a abandonar el silencio del claustro, y la compañía de sus hermanos monjes (así como el "ocupar dignidades", que para Euquerio podrían ser causa de condenación).
Parece que a Euquerio le va bien el oficio de obispo, un tanto extraño para un monje. Desempeña su ministerio con un celo poco usual, entra de lleno en cuidar la disciplina eclesiástica, y está convencido de que el ejemplo es la 1ª predicación al pueblo. Y así sucedió. El obispo Euquerio insistió en la formación del clero, reformó a través de él las costumbres del pueblo, e involucró a todos en la piedad sincera. Incluso traspasa los límites de su diócesis de Orleans, y el conocimiento de sus reformas empiezan a ser alabadas hasta en los lugares más insospechados.
No estuvo su vida, sin embargo, exenta de cruces y sufrimientos, en forma de envidias y rivalidades. Pues sus enemigos soliviantaron los ánimos de Carlos I de Francia contra su obispo protector, y éste (Euquerio) le tiene que plantar cara y decir que los bienes de la Iglesia no pueden ser utilizados como fondos para sus campañas guerreras.
Los envidiosos supieron aprovechar bien ese momento, y echaron leña al fuego hasta levantar una hoguera de tamaño natural. El resultado fue el destierro del obispo Euquerio, que se ve obligado a dejar Orleans y emigrar a la Abadía de Tron, donde pasará en humilde y escondida santidad sus últimos 6 años de vida, hasta su muerte del 20 febrero 743.
Act:
20/02/26
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