20 de Junio

Santa Florentina de Cartagena

Antonio Gómez
Mercabá, 20 junio 2022

           Escasas son las fuentes históricas que hallamos sobre Florentina. Las que tenemos corresponden a lo que su hermano San Leandro afirma en el cap. 31 de su Instrucción de Vírgenes, y a una breve alusión de San Isidoro cuando afirma que ha escrito su obra Contra Iudaeos a petición de su hermana (lo cual indicaría que Florentina era una persona cultural y cristianamente bien formada).

           Nació el 540 en Cartagena (Murcia), hija de un padre (Severiano) que "se vio obligado a salir de su tierra por motivos comerciales", y de una madre que debió fallecer pronto (posiblemente ya en Sevilla) según lo escrito por Leandro a su propia hermana:

"Queridísima hermana, te ruego que no te olvides de nuestro hermano menor Isidoro, que nos fue encomendado por nuestros padres a los tres hermanos restantes, cuando gozosos y libres de toda preocupación por su niñez, pasaron a la compañía del Señor".

           Una madre de la que Leandro prosigue refiriendo palabras y recuerdos:

"Con frecuencia, hablando con nuestra madre, al desear saber yo si le gustaría regresar a la patria, ella, que comprendía que había salido de allí por voluntad divina, solía responderme que no quería ver su tierra y que jamás la volvería a ver. Y bañada en lágrimas, añadía: el destierro me hizo conocer a Dios; desterrada moriré, aunque me gustaría recibir sepultura allí donde adquirí el conocimiento de Dios".

           En cuanto a sus hermanos, fue Florentina la 3ª y única hermana del cuarteto celestial de hermanos conformado por San Leandro (quien para ella escribió una Regla, o Tratado de las Vírgenes), San Fulgencio (obispo desde muy joven) y San Isidoro (del que ella fue maestra, ya que era mayor que él). Al igual que sus hermanos, Florentina era de inteligencia despierta, y fue instruida desde pequeña por Leandro (el mayor) en los estudios clásicos y sagrados. Y también como ellos decidió entregar su vida a Dios.

           Según Leandro, la familia salió de Cartagena hacia Sevilla el 554, cuando Florentina tenía 14 años y a causa de una especie de destierro. Ignoramos si el destierro fue debido a asuntos personales (comerciales) del padre, o si fue un destierro comunitario (político) de la bizantina Cartagena (capital de la Spania bizantina) a la visigoda Sevilla (subcapital de la España visigoda). Pero el hecho es que salieron en estampida, pues unos meses después (recién fallecidos los padres) Leandro envió a Fulgencio a Cartagena, para ocuparse de los bienes familiares.

           Una vez que sus padres (y hermanos) se trasladan de Cartagena a Sevilla, decide Florentina retirarse al benedictino Monasterio Santa María del Valle de Ecija, donde su hermano Fulgencio fue nombrado obispo. Pronto fue elegida superiora, destacando por su espíritu de penitencia y por su constante atención a las jóvenes (que, en gran número, se añadían a las monjas del convento). Pero vayamos por partes.

           A la muerte de sus padres en Sevilla, se hizo cargo de la familia Leandro, y éste empezó a velar por la formación cultural y religiosa de sus hermanos. Según se deduce del libro que Florentina pidió a su hermano Isidoro (sobre las pruebas de la fe cristiana en el AT), parece que Leandro puso gran empeño en la formación religiosa y profana de su hermana, aprovechándose ésta de sus enseñanzas y mostrando una especial predilección por la Sagrada Escritura.

           Una vez que se decidió por la vida monástica (al igual que había hecho Leandro, antes de ser obispo de Sevilla), e ingresó en el Monasterio de Ecija, Florentina empezó a desconectar del mundo, y de todos los dolores sufridos en su patria, destierro, desaparición de los padres y crianza de Isidoro (pues Fulgencio había volado ya también del nido familiar, como obispo de Ecija). Y empezó a profundizar su vocación espiritual.

           Al poco tiempo de vivir con las benedictinas de Ecija, Florentina fue elegida superiora del monasterio, y en poco tiempo logró reclutar a casi 1.000 jóvenes de la zona, dispuestas a seguir la regla monacal. Como llegó a decir de ella el mismo San Braulio de Zaragoza, fue Florentina una auténtica praeposita virginum (lit. prepósita de vírgenes).

           Posiblemente le había quedado a Florentina algún cargo de conciencia sobre el abandono que había hecho del pequeño Isidoro, o incluso alguna añoranza sobre su patria Cartagena, pues el propio Leandro tuvo que volver a escribirle para decirle, con todo tipo de psicología enfática y afectiva:

"Te ruego encarecidamente, carísima hermana, que te guardes de lo que tanto temor infundía a tu madre. No obstante, estaré suficientemente protegido si tú, que te hallas más segura por estar de allí ausente, ruegas al Señor por él. No alces el vuelo del nido".

           Según Vives, Florentina murió en el 633 (ya muy anciana) y fue sepultada al lado de la tumba de Leandro (que había fallecido el 601). Y entre ellos 2 se enterró, el 636, a su hermano Isidoro (según lo atestigua la inscripción). Su culto aparece ya marcado en el calendario franco-hispánico del s. XII, aunque eso no quiere decir que ya existiera desde mucho antes..

           En su Crónica de la Provincia de Cartagena, el padre Ortega refiere que, en el año 1593, Diego de Arce fue nombrado comisario por Sancho Davila para que "traxesse a Murcia las reliquias de los dos santos hermanos cartaginenfes, San Fulgencio y Santa Florentina, que por intecefsion de Felipe Segundo se pudieron confeguir, para esta dicha ciudad y su Santa Iglesia".

           En efecto, parece ser que Felipe II de España logró reunir en el Monasterio del Escorial las reliquias de 2 de los Santos de Cartagena (Fulgencio y Florentina), procedentes de la villa de Bercozana (Plasencia, donde estuvieron depositadas durante siglos), con la intención de trasladarlas al benedictino Monasterio de la Fuensanta de Murcia.