25 de Febrero

San Valerio de Astorga

Arzob. de Madrid
Mercabá, 25 febrero 2021

           Nació el 630 en Astorga (León), en el seno de una familia astur que le había enseñado el cristianismo desde pequeño. De joven quiso entrar en el Monasterio de Compludo que había fundado San Fructuoso, pero por razones todavía hoy desconocidas no pudo entrar.

           Fallido el intento monacal, comienza el joven Valerio una vida de oración y penitencia, viviendo por los Montes de Valdueza al estilo de los antiguos eremitas. Poco después se instala en una ermita antigua de los alrededores de Astorga (junto al Castillo de Piedra), y su modo de vivir empieza a ser conocido entre los habitantes del lugar, que empiezan a visitarle para escuchar sus palabras y ser confortados en sus penas.

           El cuidador de la ermita siente también curiosidad por la situación de su inquilino, y empieza a pedir a Valerio que imponga donativos y ofrendas a sus visitantes, por lo que el santo se marcha de aquella comarca para no facilitar la codicia extrema, sin llevarse siquiera los libros que allí tenía para la lectura.

           La gente del lugar sugiere a Valerio un nuevo sitio para vivir, rezar y predicar, y en Ebronato le edifican un oratorio para que allí se instale y recomience su labor eremítica. Una vez instalado allí, la gente se arremolina en torno a él, por lo que el obispo de Astorga tiene que nombrar un clérigo (el sacerdote Justo) para que atienda la pequeña iglesia construida. Pero dicho sacerdote sólo hizo justicia a su nombre y poco más (llegando a emplear la violencia física contra el santo), por lo que Valerio decide irse de allí y pasar a vivir sin techo y reducido a la miseria.

           En el mismo Bierzo, y allí donde San Fructuoso había fundado el Monasterio de san Pedro, encuentra Valerio un lugar tranquilo, y allí puede reanudar una vez más su vida penitente y orante de eremita. El obispo de Astorga (Isidoro) le llama y pide su compañía para asistir al Concilio de Toledo, al que no llegan por la muerte del prelado.

           En cuanto a su pasión por los libros, escribió de su propia mano Valerio un libro sobre la situación de la época (Asturiensis Provintia Indigena), otro sobre la vida de San Fructuoso (Sancti Fructuosi), un abundante grupo de máximas y consejos a los religiosos del Bierzo (De Genere Monachorum), las revelaciones de los monjes Máximo y Bonelo y la historia del abad Donadeo, así como una autobiografía (Liber Prosopopeia Imbecillitatis Propiae, sobre su imbecilidad propia) que no ha sobrevivido. Dichos escritos (los supervivientes) se conservan hoy en el Monasterio de Carracedo, y durante años llegó a ser albergada por la Catedral de Oviedo.

           Terminó Valerio su vida el año 695, y sus reliquias se conservan hoy en el altar mayor del benedictino Monasterio San Pedro de los Montes, cerca de Ponferrada. Fue el eremita Valerio modelo de las heroicas virtudes, y de una invicta paciencia frente a la adversidad.