25 de Junio

San Próspero de Aquitania

Bernardino Llorca
Mercabá, 25 junio 2022

Nació el 390 en Limoges (Aquitania), debiendo recibir de muy niño una buena formación literaria y religiosa, según se desprende de sus posteriores y grandes controversias, en las que tomó parte activa.

Ya en su juventud frecuentó, según parece, el Monasterio San Víctor de Marsella, donde tanta fama gozaba su abad Juan Casiano. Y debió componer uno de los primeros escritos que llevan su nombre, el Poema de un Esposo a su Esposa, del que algunos han deducido que Próspero estaba ya casado.

En dicho poema ofrece Próspero una excelente meditación sobre las miserias de este mundo, los honores, las riquezas y todos los placeres terrenos, los cuales hay que desechar para poner la esperanza únicamente en Dios:

"¿Qué sufrimiento puedo yo rechazar, teniendo la esperanza de tantos bienes como la bondad de Dios me prepara? ¿Qué cosa me podrá separar de él? Si se me encierra en un oscuro calabozo y se me carga de cadenas, yo podré siempre, a pesar de todo, elevar mi espíritu a Dios. No puedo temer el destierro, pues el mundo entero es la morada de todos los hombres. Podrán someterme a sufrir hambre corporal. Pero yo me preocupo muy poco de ello. La palabra de Dios será mi alimento. Pero esta fuerza no me vendrá de mí mismo. Sois vos, oh Jesús, quien ponéis en mi boca estas palabras y me concederéis la gracia para cumplirlas. De mi mismo no puedo prometerme absolutamente nada. Toda mi esperanza está puesta en vos. Vos nos mandáis luchar y vos nos hacéis vencer".

Empapado, pues, en estos sentimientos e ideas ascéticas, se dirige Próspero a su esposa con estas humildes expresiones:

"Procurad reprimirme si el orgullo me levanta. Sed mi consuelo en medio de mis penalidades. Démonos mutuamente el ejemplo de una vida santa, verdaderamente cristiana. Cumplid conmigo los deberes que yo estoy obligado a cumplir con vos. Velad por quien está obligado a velar por vos. Levantadme si caigo. Esforzaos por levantaros cuando yo os advierto de una falta. No nos contentemos de formar los dos un solo cuerpo; seamos también una sola alma".

Pero lo que más caracteriza toda la obra y actividad de Próspero fueron las enconadas luchas que tuvo que mantener, a partir del 426, en defensa de la gracia y de la doctrina de San Agustín, contra los herejes semipelagianos.

En efecto, a principios del s. V se había presentado Pelagio con la halagadora doctrina de que el hombre, con sus propias fuerzas y sin necesidad de ningún auxilio sobrenatural, podía evitar todos los pecados y obrar el bien, realizando toda clase de obras sobrenaturales. Y frente a esta concepción se había levantado San Agustín, proponiendo con toda claridad la doctrina de la gracia interna sobrenatural, enteramente necesaria para toda obra buena.

Pero no todos se dieron por satisfechos con la doctrina de San Agustín, y muchos se levantaron en su contra. En particular, los monjes del Monasterio San Víctor de Marsella, a cuya cabeza se lanzó su abad Juan Casiano, afirmando que Dios "no ha podido dejar al hombre en la impotencia de querer y obrar el bien".

Sostenían los monjes marselleses, pues, que la 1ª elección dependía del hombre, así como el 1º impulso hacia el bien y el 1º acto bueno o sobrenatural (lo que ellos designaban como initium fidei). Sólo así, decían, se podía explicar la verdadera libertad humana (en la elección del bien o del mal) y la voluntad verdaderamente universal de Dios (de que se salven todos los hombres). Dios ofrece indistintamente a todos los hombres los auxilios necesarios y suficientes para salvarse, decían los monjes marselleses, pero el que unos se salven y otros no es algo que depende exclusivamente del hombre.

Con esa doctrina semipelagiana atrajeron los monjes marselleses a muchos incautos, incluido el propio Próspero. Pero el bueno de Próspero no se quedó tranquilo, y por eso decide escribir desde la Provenza (donde se encontraba viviendo) al doctor máximo San Agustín (ca. 428), para informarle detenidamente sobre aquella corriente espiritual (en el escrito que ha pasado a llamarse Doctrina de los Marselleses).

Rápidamente comprendió San Agustín el alcance de la ideología marsellesa, y su estrecho parentesco con la heerejía pelagiana. Y aunque estaba ya en edad avanzada, el 429 decide contestar a Próspero con 2 de sus obras básicas: Sobre la Perseverancia y Sobre la Predestinación. En ellas expone abiertamente Agustín la opinión católica, desacredita por completo la ideología marsellesa y condena todo pelagianismo o semipelagianismo.

Naturalmente, esto enfureció a los monjes de San Víctor de Marsella, y tanto Casiano como sus monjes se aferraron todavía más a sus opiniones. Nada más morir San Agustín (ca. 430) empezaron a propagar sus bufonadas, e incluso llegaron a poner a San Agustín como enemigo de la libertad humana. Como no paraban de repetir, el 1º paso hacia la salvación depende del hombre, y de su initium fidei.

En defensa de San Agustín saltó inmediatamente Próspero, a quien se unió de inmediato otro laico de la zona (llamado Hilario). Y ambos fueron directamente a Roma, para informar al papa Celestino I de todo lo que estaba sucediendo. Tal fue la ocasión de la 1ª intervención pontificia en las controversias de los monjes y obispos galos.

Pero como el papa no definía la cuestión, y sólo recomendaba el respeto a la autoridad de San Agustín, continuaron las discusiones durante los decenios siguientes, pues a la muerte de Casiano (ca. 435) tomaron el testigo semipelagiano Genadio de Marsella y Fausto de Riez.

Así las cosas, Próspero decidió empezar a escribir por su cuenta, yendo a la raíz de todo que era Juan Casiano, quien en sus Colaciones enseñaba abiertamente que Dios espera el 1º movimiento de la voluntad del hombre, para darle entonces la gracia sobrenatural (con la cual pudiera seguir realizando obras meritorias). Y a él le dedicó su maravilloso opúsculo, Contra el autor de las Colaciones.

En otros 3 opúsculos empezó a refutar Próspero las objeciones de los obispos galos, y a exponer los puntos fundamentales de la doctrina católica. Así como compuso su obra más genial, Sobre la Gracia y el libre Albedrío, basada en la doctrina de San Agustín y armonizando la gracia sobrenatural de Dios con la absoluta dependencia de Dios respecto del libre albedrío del hombre.

Así mismo compuso el poema Los Ingratos, compuesto de 2.000 hexámetros y en el que trata de probar que no hay cosa que denote mayor ingratitud en el hombre que el creer que, por sí mismo, posee (con su libre albedrío) lo que sólo le viene dado (por la misericordia y omnipotencia del Salvador). Y hacia el 450 publicó su Vocación de los Gentiles, defendiendo la sobrenaturalidad más absoluta de la gracia, así como la práctica de todas las virtudes cristianas, como mejor forma de vida interior.

Y eso colmó el vaso de la ortodoxia, pues el nuevo papa de Roma ( León I Magno) decidió llamarle a Roma y tomarle como secretario particular suyo. Así nos lo comunica expresamente el historiador Gennadio, nada simpatizante con sus ideas, y que viene a decir que Próspero de Aquitania se convirtió en el principal redactor de las cartas teológicas del papa, a forma de debida recompensa.

Como secretario particular de León I, Próspero colaboró (en cierta manera) en la redacción de la célebre Epístola Dogmática, dirigida por León I a la Iglesia de Oriente y en la que tan magistralmente se expone el misterio de la encarnación, contra Nestorio (aludiendo a la "unión personal en Cristo") y Eutiques (aludiendo a las "dos naturalezas en Cristo").

De esta forma desarrolló Próspero la última etapa de su vida, en compañía de León I Magno y componiendo una especie de Historia (designada como Crónica de San Próspero). Sobre la fecha de su muerte no tenemos noticia ninguna, sino que ocurrió el 455 en Roma, puesto que la Crónica llega hasta esta fecha. La fama de su virtud y de sus méritos, como gran defensor de la fe ortodoxa, fue constantemente en aumento tras su muerte.