25 de Septiembre

Santo Niño de la Guardia

Francisco Cantera
Mercabá, 25 septiembre 2021

           Uno de los problemas más enconados del s. XV español fue el suscitado por los conversos del judaísmo, pues las persecuciones y matanzas de 1391, así como las controversias religiosas y la misma coacción de leyes, habían llegado a constituir a los judíos en un auténtico peligro social.

           Fracasados los esfuerzos persuasorios a los judíos, los Reyes Católicos de España logran de Sixto IV la bula que establecía la Inquisición (ca. 1478), y en 1480 se nombran los primeros inquisidores, que en 1481 comienzan a actuar contra los falsos judíos conversos.

           La resistencia de los judíos al establecimiento de la Inquisición fue inmediata, y no sólo en forma diplomática y pacífica. Conocido es el complot que contra los primeros inquisidores suscitó el judío Diego Susán, junto a otros varios conversos de Sevilla.

           En Zaragoza logran asesinar los judíos, a media noche y en plena Seo, al inquisidor Pedro de Arbués (ca. 1485). En Teruel impiden durante casi 2 años la entrada de los inquisidores, y la misma violencia comprobamos en Valencia y Barcelona. Un ambiente de violencia en el que tuvo lugar también, desgraciadamente, el trágico episodio del Niño de la Guardia, en la provincia de Toledo.

           En efecto, la capital Toledo era desde hacía tiempo un sangriento campo de lucha contra los judíos conversos. Ya en 1449 había estallado el cruento motín promovido por el judío Diego Sarmiento y el bachiller Marquillos, y en julio y agosto de 1467 fueron repetidos los alborotos.

           En 1485 comienza a actuar la Inquisición toledana, y una relación coetánea nos cuenta que "pasados 15 días, los conversos que en esta çibdad vivían tenían ordenada una traiçión para el día del Corpus Christi, cuando la gente christiana fuese en procesión con el cuerpo de Ihesu Christo por las cuatro calles, consistente en matar a los inquisidores".

           Descubierta la trama, y ahorcados los más comprometidos, a partir de este momento los autos de fe menudearon en Toledo, especialmente desde febrero de 1486 a julio de 1488, años en que "varios cientos son penitenciados, y una docena son relajados (lit. muertos)".

           Impresionantes debieron ser aquellas procesiones de decenas de judíos reconciliados por las calles toledanas, desfilando descalzos, rapados de cabello y con candelas en las manos. Tras la cual, alzábase un notario llamando a cada uno por su nombre, y pregonando públicamente la manera en que había judaizado. Después, señalábanles su penitencia, y podían empezar a ser cristianos.

           Fácil es comprender que los judaizantes y judíos, presos del pánico, y ante la reiteración de espectáculos tan bochornosos, buscaran la forma de vengarse. Triste y bochornoso, pero es lo que había en aquella Toledo del s. XV.

           En este contexto, 5 judíos y 6 judaizantes tramaron la idea de vengarse de los inquisidores. Pero no a través de la violencia, sino de un extraño sortilegio (o conjuro) logrado a través de lo más preciado por los cristianos: el corazón de un niño bautizado, junto a una hostia consagrada.

           El crimen que iban a cometer, como señaló más tarde el sabio judío Loeb, "no era uno de tantos crímenes rituales más, que durante la Edad Media se cometían, sino que consistió en la macabra mezcla de los panes ácimos de la Pascua hebrea con los elementos más sagrados de la Pascua cristiana".

           Estamos en agosto de 1487, cuando el judaizante Alonso Franco (natural de la Guardia) es "traído a la vergüenza pública", y acaba siendo quemado en la hoguera del Horno de la Vega. Sus 3 hermanos (Pedro, Iohan y Lope) se ponen entonces en contacto con el médico de Tembleque (Yuçá Tazarte, judío y perito en sortilegios), y que éste (a instancias del también judío Mosé Franco) les aconseja que se hagan con un muchacho cristiano, si es que quieren llevar a cabo esa venganza maléfica, y le saquen el corazón.

           Pronto se decidieron los 3 hermanos de la Guardia a actuar. Juan raptó al niño en Toledo en la Puerta del Perdón de la Catedral de Toledo. Se trataba de un chiquillo de 4 años llamado Cristóbal, hijo de Alonso Martín y Juana la Guindera (a la cual hacen ciega algunos relatos), que fue engañado por Juan con una chuchería (un nuégado, o unos borceguillitos) y sustraído en una carreta por su colega Benito García (judío converso y cardador de oficio).

           Habiendo tenido escondido al pequeño Cristóbal en la Hoz de la Guardia (dehesa próxima a la ribera del Algodor), los confabulados idearon la diabólica traza de que, "pues se acercaba la semana en que los cristianos conmemoraban la crucifixión de Jesús, era buena ocasión para repetir en aquella indefensa criatura la pasión de Cristo".

           Trasladáronse los verdugos a una de las cuevas que se abren en el accidentado terreno del carrocaña (lit. carrera de Ocaña), y en la noche del Viernes Santo de 1489, a la luz de una candela y tapada la boca de la caverna con una manta, realizaron en el niño toda clase de perfidias.

           El judío Yucé Franco (zapatero de Tembleque) declaró en el Proceso Inquisitorial (ca. 1491) que "extendieron los brazos y piernas del niño en 2 palos puestos a manera de cruz, y allí le azotaron, escupieron, abofetearon y repelaron. También le pusieron una corona de hierbas espinosas en la cabeza, y le colocaron parte de éstas en las espaldas y plantas de los pies".

           En efecto, fue el zapatero judío Yucé la mano homicida que utilizaron los 3 hermanos de la Guardia en el asesinato de Cristóbal. Un Yucé que, tras ser capturado por la Inquisición, declaró que:

"Yo teníale de un brazo al niño desangrándose, dile repelones y bofetadas, y fue en abrirle el costado con un cuchillo y sacarle el corazón, como si tuviéramos presente a la persona de Jesucristo".

           Un Yucé que, al ser preguntado el por qué de aquel atroz crimen, declaró:

"Por ese engañador y traidor Jesús, que cuando predicaba, predicaba mentiras contra la ley de Dios y contra la ley de Moisén, y que con sus hechizos y embaucamientos vino a engañar y a tornar a los judíos cristianos".

           Y así, otras muchas oprobiosas palabras. Pero volvamos al niño Cristóbal, porque una vez muerto el atormentado y crucificado niño, y quien quitado de la cruz, aquella misma noche fue llevado a enterrar en lugar secreto "donde de él no se pudiese tener noticia", en una heredad próxima a Santa María de Pera.

           Cumplida la 1ª parte de su delito, los judaizantes y judíos implicados en el conjuro juntáronse de nuevo en la misma cueva de los sucesos, días más adelante, para practicar los conjuros y hechizos con el corazón infantil de Cristóbal y con una hostia consagrada, que había conseguido Benito García del sacristán de la Guardia (Juan Gómez), tras haberlo engañado y maniatado.

           El objeto del conjuro (o ritual satánico) era "lograr que los inquisidores y demás cristianos muriesen rabiando, pereciese la ley y la fe católica y los judíos se enseñoreasen y la ley mosaica fuera ensalzada". Mas, como vieran que el experimento no salía a medida de sus deseos, al cabo de un tiempo los confabulados reuniéronse de nuevo, y decidieron repetir el experimento, con el mencionado corazón y con otra hostia consagrada (que Benito trajo de las Mesuras, de donde era natural), así como la asistencia de unos judíos de Zamora (a quienes ellos tenían por sabios), para que verificasen el hechizo de forma eficaz.

           El emisario que los conjurados enviaron a Astorga para quedar con los judíos de Zamora fue descubierto en agosto de 1490, y éste sacó a la luz la trama y los nombres de los conjurados, una vez que declaró en la cárcel de la Inquisición (hoy en los sótanos del Archivo Arzobispal de Toledo), en la que pronto ingresaron los demás cómplices.

           Interesantes resultan las 68 piezas de los Autos del proceso seguido a Yucé Franco, uno de los que más paladinamente cantaba mientras amarraba al niño Cristóbal en la escalera del tormento.

           Los otros Autos del proceso fueron descubiertos por el archivero adjunto del Archivo Arzobispal de Toledo en 2017, y "están fechados en 1491, en latín y como copia del original enviado a Roma, sobre el gigante proceso (de 700 folios en pergamino) que el propio Torquemada presidió, y multitud de testigos testificaron".

           Así mismo, se conserva también una relación que en 1569 tres secretarios del Consejo de la Suprema Inquisición de Madrid sacaron de los archivos de la Inquisición de Valladolid, con desuno a la iglesia parroquial de la Guardia.

           De los 11 implicados en el crimen, 3 habían muerto ya cuando la Inquisición dictó su sentencia condenatoria el 16 de noviembre de 1491: Mosé Franco, David de Perejón y Yuçá Tazarte. El octogenario judío Ça Franco fue perdonado, y los otros 7 cómplices perecieron amarrados a sendos postes en el Brasero de la Dehesa (Avila), "ya atenazados y quemados vivos a fuego lento, ya estrangulados antes de abrasados por confesar arrepentidos su culpa".

           Más tarde se agregó a la lista de acusados el nombre de Fernando Rivera, tachado de haber ejercido el papel de Pilatos en el simulacro referido de pasión de Cristo.

           La repercusión popular que el crimen y el proceso aludidos tuvieron pronto en toda España fue inmensa. Sabemos que en Avila el escándalo del pueblo contra los judíos fue tal que los Reyes Católicos tuvieron que poner a éstos bajo su guarda (diciembre de 1491), y algunos piensan que el Decreto de Expulsión de los Judíos (ca. 1492) tuvo como causa última la desastrada muerte del Niño de la Guardia.

           En la Guardia, la conmoción fue amplísima e intensa, como lo prueba una carta de noviembre de 1491 en que un notario de Avila, dirigiéndose a autoridades y pueblo de la Guardia, refiérese a las chismerías que por la villa corrían y al mandato dado de que "se publicara la sentencia y la noticia de la ejecución de los reos, para que cada uno calle su boca, porque el asno está enalbardado" (con lo que se aludía al refrán "do vino el asno vendrá la albarda").

           El culto del Santo Niño de la Guardia culto comenzó muy temprano, pues ya en las visitas eclesiásticas a partir de 1501 hallamos referencias a los santuarios constituidos en los lugares donde el tierno niño padeció y murió. La Guardia le tomó pronto por patrón, celebrando fiesta solemne el 25 de marzo (en la semana de quasimodo), y desde 1580 el 25 de septiembre.

           También las autoridades religiosas dieron reiteradas pruebas de devoción hacia el mártir, como el card. Siliceo (que en 1547 alegaba en abono de su Estatuto de Limpieza la crucifixión de aquél), y el cabildo de la Catedral Primada de Toledo (que en 1613 pedía a la Congregación de Ritos licencia para rezar al inocente mártir en todo el arzobispado toledano).

           Al card. Fonseca se debe el encargo del antiguo retablo que se puso en la cueva de la crucifixión, así como a Lorenzana el haber mandado pintar (de la diestra mano de Bayéu) el martirio del niño en los claustros de la Catedral de Toledo. Consta también la admiración que le profesaron los monarcas españoles Fernando V, Carlos I y Felipe II. El papa Pío VII confirmó su culto en 1805.

           También la poesía cantó la pasión del infante toledano Cristóbal, a quien se refiere el popular romance: "Del Quintanar y Tembleque / se parten ocho judíos / con dañados corazones / en busca del santo niño".

           Y no es de extrañar que el propio Francisco de Quevedo propusiese a Felipe II de España al Niño de la Guardia como patrón de España, en el Memorial que escribió para el Patronato de Santiago:

"Esto no es un traslado de la pasión de Cristo a esta parte, sino que es un original espantoso, con exceso de azotes en falta de años. Este niño es, Señor, un gran abogado, que puede interceder a Dios como no puede otro alguno, por la pasión que Cristo pasó por él y por la pasión que él pasó por Cristo".