26 de Junio

San José María Escrivá

Consuelo Lozano
Mercabá, 26 junio 2022

           Nació en 1902 en Barbastro (Huesca), en el seno de un hogar creyente (de 6 hermanos) en el que ya con 2 años mostró una grave enfermedad. Llevado por sus padres (José y Dolores) a la Ermita de Torreciudad, y ofrecido allí a la Virgen, Josemaría obtuvo una pronta recuperación, y empezó a desarrollar la principal de sus cualidades: su espíritu de servicio a los demás.

           Con 12 años comienza sus estudios de bachillerato en Logroño (donde se había trasladado la familia, siguiendo el negocio del tejido del padre), y con 16 decide hacerse sacerdote (al ver a un carmelita andando descalzo por la nieve), ingresando en el Seminario Menor de Logroño.

           Con 18 años ingresa en el Seminario Mayor de Zaragoza (donde se había trasladado la familia, por obligaciones laborales del padre), y tras acabar sus estudios no decide ordenarse sacerdote, sino matricularse en Derecho por la Universidad de Zaragoza, siguiendo los consejos del padre (que había fallecido siendo él seminarista).

           En 1925 fue ordenado de sacerdote, y enviado por su obispo a la Universidad Central de Madrid, para obtener allí el doctorado en Derecho Civil. Nada más terminado, funda en 1928 el Opus Dei, bajo idea de llevar gente a Dios por medio del camino del trabajo. Y empieza a dedicarse al apostolado con todas las fuerzas de su alma, tendiendo como lema aquella frase de la Biblia: "El sacerdote está constituido a favor de los hombres" (Hb 5, 1).

           Su madre le seguía insistiendo en aquella frase que ya le había repetido mucho desde niño: "Para lo único que hay que tener vergüenza es para pecar". Así que aquel joven sacerdote no tuvo jamás vergüenza de hablar de Cristo en todas partes y ante toda clase de personas. Y eso mismo enseñó con la palabra y ejemplo a sus millares de discípulos de todo el mundo, a través de la Obra que había empezado a fundar.

           Cuando Dios encamina a una persona hacia una gran obra le concede todas las cualidades necesarias para desempeñar bien el oficio que le ha encomendado. Y a Escrivá le concedió un espíritu sumamente alegre y jovial, que le ganaba la simpatía a todos los ambientes. Una alegría que se contagiaba a los que lo escuchaban.

           Dotó también la Providencia a José María de un corazón sumamente generoso para amar a todos. Uno de sus socios, que lo acompañó por muchos años, declaró: "Me consta que jamás Escrivá se sintió enemigo de nadie". Quiso bien a todos y los seguía queriendo aún después de que lo trataran mal. Su única moneda de cambio con quienes se dedicaban a atacarlo, era rezar por ellos.

           José María fue un instrumento en las manos de Dios, por medio del cual la Iglesia Católica logró conseguir líderes apostólicos en todos los continentes y empezó nuevas obras de apostolado en muchas naciones. Pero él siempre se consideraba un simple instrumento en manos de Dios. Ninguno de sus triunfos apostólicos lo atribuía a sus cualidades o a sus esfuerzos personales, sino todo solamente a la bendición de Dios. Recordaba la famosa frase del libro de los proverbios: "Lo que nos produce éxitos es la bendición de Dios. Nuestros afanes no le añaden nada".

           Y sabía que cuanto mejor preparado está el instrumento (por ejemplo el pincel, con el cual le agradaba mucho compararse) mejor saldrá la obra del artista. Por eso trataba de prepararse lo mejor posible siempre, pero también estaba convencido de que sin la acción del artista, (que siempre en el apostolado es Dios) el instrumento nada logra conseguir por sí mismo.

           Pero la humildad de Escrivá no era un apocamiento, un creerse sin valor o un inútil y sin cualidades (porque eso sería mentira. Y la humildad es la verdad). Su humildad no era un no atreverse a proponer nuevas iniciativas o dejar de exigir derechos que son deberes. Era un estar convencido de que se es incapaz de realizar nada valioso sin la bendición de Dios, pero a la vez una convicción de que entre más preparado y calificado esté el apóstol, mayores éxitos podrá obtener si confía plenamente en la ayuda divina.

           En cuanto a su obra del Opus Dei, ya desde el 2 octubre 1928 (en plenos ejercicios espirituales) sintió Escrivá que Dios le pedía fundar una asociación en la cual cada persona, siguiendo sus labores ordinarias en el mundo (cada cual en su profesión y oficio), se dedicara a conseguir la santidad y a propagar el reino de Cristo. Su lema era la frase de San Pablo: "Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación" (1Tes 4, 3). O como el propio Escrivá decía:

"El creyente, ya sea barrendero o gerente, ya sea pobre o rico, sabio o ignorante, conseguirá su santificación y un gran puesto en el cielo si todo lo que tiene que hacer lo hace por amor de Dios y con todo el esmero que le sea posible. En el servicio de Dios no hay oficios de poca categoría. Todos son de gran categoría si se hacen por amor a nuestro Señor".

           Desde ese día hasta su muerte, Escrivá dedicó todas sus energías a forjar esa maravillosa Obra que Dios le había encomendado: El Opus Dei, una asociación para llevar hacia la santidad a las personas, pero permaneciendo cada cual en su propia profesión y oficio.

           Escribió para ello Escrivá un librito pequeño llamado Camino, con 1.000 pensamientos sobre los temas más importantes para conseguir la santidad, de forma simpática, impactante, incisiva y agradable: Y como antes de escribir rezó mucho por lo que iba a redactar, las frases del libro "Camino" llegan hasta el corazón de sus lectores y lo conmueven profundamente.

"Acostúmbrate a decir no a lo que es malo. ¿Qué no puedes hacer más? ¿No será que no puedes hacer menos? ¿Virtud sin orden? ¿Y a eso llamas virtud? ¡Qué hermoso desgastar la vida por Dios y por los demás! Tu mayor enemigo es tu egoísmo, y si no te dominas a ti mismo, serás poca cosa. Al que puede ser sabio no se le perdona que no lo sea, ¿y tú?".

           Efectivamente, Dios le concedió la gracia de ser muy simpático a los universitarios y a los profesionales. Y él empleó este don para ganarse amigos en muchos países y conseguir que muchísimos líderes aprovecharan sus influencias en los demás para llevarles los mensajes de la Iglesia Católica, y extender así el cristianismo. Hasta que murió en Roma el 26 junio 1975.

           Fue beatificado por Juan Pablo II el 17 mayo 1992, y canonizado el 6 octubre 2002 ante más de 400.000 personas. En la homilía, Juan Pablo II señaló que el padre Escrivá "comprendió que la misión de los bautizados consiste en elevar a Cristo toda la realidad humana, desde la urgencia interior a la apasionante tarea de evangelizar todos los ambientes". Y animó a los asistentes a seguir sus huellas:

"Difundid en la sociedad la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad. Esforzaos por ser vosotros mismos santos, cultivando el estilo evangélico de la humildad y el servicio, del abandono en la Providencia y de la escucha constante de la voz del Espíritu".