26 de Septiembre

San Cosme y San Damián

Casimiro Sánchez
Mercabá, 26 septiembre 2021

           Con los santos populares de los primeros siglos la leyenda ha hecho estragos, y de tal manera ha embrollado sus vidas, que ahora nos resulta poco menos que imposible desenmarañar la madeja. Y es que la devoción popular pedía detalles, anécdotas, referencias concretas, y si eran prodigiosas, mejor. Y nunca faltaban quienes se prestasen a saciar este ansia de noticias. No con mala intención, pero sí haciendo un flaco favor a su historicidad.

           Es lo que ocurrió con San Cosme y San Damián, cuya semblanza habrá que exponer desbrozando primero el terreno de lo incierto, para quedarnos con los hechos ciertos de su existencia. Lo que refieren las Gesta Cosmae et Damiani merece poco crédito, aunque sí que es más aceptable la tarea que llevó a cabo la Comisión de la Sagrada Congregación de Ritos, a la hora de elaborar su Breviario. Veamos lo que dice el Martirologio romano al respecto:

"En Egea, ciudad del Asia Menor, los dos santos hermanos Cosme y Damián fueron decapitados hacia el año 300, bajo la persecución de Diocleciano. Sufrieron los tormentos de las cadenas de la cárcel, fueron pasados por el agua y por el fuego, y acabaron crucificados y asaeteados".

           Las lecciones del Oficio nos dicen, además, que "eran médicos muy distinguidos", y que "ejercían su profesión médica sin perder sus virtudes cristianas, a la hora de ofrecer sus servicios". A este respecto, el de su profesión médica, ya escribió San Gregorio de Tours, en su De gloria Martyrium, que "los dos hermanos gemelos Cosme y Damián, médicos de profesión, después que se hicieron cristianos, asistieron a sus pacientes llenos de fe, orando por ellos y curando a muchos por su intercesión".

           Parece seguro que ambos hermanos fueron martirizados y están enterrados en Ciro, ciudad siria cercana a Alepo, pues Teodoreto de Ciro (obispo de dicha ciudad en el s. V) hace alusión a la suntuosa basílica que ambos hermanos poseían allí.

           Desde la 1ª mitad del s. V existían 2 iglesias en su honor en Constantinopla, habiéndoles sido dedicadas otras 2 en tiempos de Justiniano (s. VI) y otra más en Panfilia (s. VI). En Matalasca (Capadocia) transformó San Sabas (s. VI) su propia casa en Basílica de San Cosme y San Damián, y en Jerusalén y en Mesopotamia tuvieron igualmente templos.

           En Edesa (actual Sanliurfa, muy cerca de Alepo) eran ambos patronos de un hospital levantado el 457, y se decía que ambos estaban enterrados en esta ciudad. En Egipto, el calendario de Oxyrhyrico (ca. 535) anota que San Cosme poseía templo propio, y la devoción copta fue siempre ferviente hacia ambos hermanos. En la Iglesia San Jorge de Tesalónica aparecen en un mosaico del s. VI con el calificativo de mártires y médicos, y en Bizona (Escitia) se halla también una iglesia que levantó en su honor el diácono Estéfano. Pero el más célebre de sus centros de culto fue el Santuario de Egea (Cilicia), donde nació la Leyenda Árabe, y en ella se recoge la Passio de los hermanos sirios.

           En los ss. VI y VII penetraron también triunfalmente San Cosme y San Damián en Occidente. Tenemos testimonios de su culto en Cagliari (Cerdeña), promovido por San Fulgencio. En Rávena hay mosaicos suyos del siglo VI, y el Oracional Visigodo de Verona los incluye en el calendario de santos que festejaba la Iglesia de España. Mas donde más popularidad gozaron los mártires sirios fue en la propia Roma, donde llegaron a tener dedicadas más de 10 iglesias.

           El papa Símaco I les consagró un oratorio en el Esquilino (ca. 514), que posteriormente se convirtió en abadía. Félix IV transformó para uso eclesiástico los paganos Templo de Rómulo y Templum sacrum Urbis del Foro Romano (ca. 527), con el archivo civil a ellos anejo, y se los dedicó a los 2 médicos anargiros. Gregorio II les asignó una fiesta propia para cada 27 de septiembre, y Gelasio I les compuso un introito propio en su Sacramentario.

           En nuestros tiempos modernos, Urbano VIII llevó a cabo la restauración (un tanto bárbara) de la Iglesia San Cosme y San Damián del Foro (ca. 1631), y la dotó de título cardenalicio. Hoy en día, es de las más hermosas de Roma, con un antiguo mosaico absidal de fondo oscuro, sobre nubes rojas, que nos presenta a Cristo "con unos ojos grandes, que miran a todas, partes", como dice el epitafio de Abercio, llenando con su presencia toda la sala de la asamblea. A uno y otro lado están los 2 hermanos médicos, prontos a escuchar las súplicas de sus devotos.

           Con todo esto, uno podría preguntarse: ¿Y por qué estos 2 santos son tan gloriosos, pero no han obrado las maravillas que han hecho otros? Yo les contestaría tajantemente: ¿Y por qué no se encomienda nadie a ellos, con la misma fe con que se encomiendan a otros?

           Por supuesto, San Cosme y San Damián han obrado y siguen obrando favores a sus devotos, por lo menos a los que se encomiendan a ellos. Fue el caso del libanés Charbel Makhlouf, muerto en 1898 y en cuyo sepulcro parecen renovarse los prodigios que ya los médicos cristianos debieron hacer en vida.

           Pero lo que conviene es que no se apague la fe, y que si San Cosme y San Damián continúan siendo patronos de los médicos y farmacéuticos, bien podemos seguirles invocando con una oración como ésta, de la antigua liturgia hispana del s. VI:

"¡Oh Dios, nuestro médico y remediador eterno, que hiciste a Cosme y Damián inquebrantables en su fe, invencibles en su heroísmo, para llevar salud por sus heridas a las dolencias humanas haz que por ellos sea curada nuestra enfermedad, y que por ellos también la curación sea sin recaída".